Ovación

Central logró el premio a la eficacia ante Talleres

Fue a partir de un planteo disciplinado y a la contundencia de Zampedri para torcer la historia.

Lunes 20 de Noviembre de 2017

Un cúmulo de emociones se apoderó de la noche cordobesa. Cuando parecía que los fantasmas volvían a posicionarse sobre el cielo auriazul, el equipo mostró carácter. Apeló a sus atributos y clavó un triunfazo en rodeo ajeno. Lo hizo en una jornada marcada por los cambios. Todo bajo el signo de Leo Fernández. Central hizo todo simple con el diario del lunes. De yapa, no sólo cortó una extensa sequía de 13 presentaciones sin alegrías, sino que además se sacó la mufa y plantó por primera vez la bandera de la victoria en lo que va de la Superliga. Esta vez fue tan preciso como eficaz.

   Central plantó un equipo osado. De estirpe ofensiva, aunque también austero para correr y meter. Con un planteo inicial ambicioso desde lo táctico. Sobre todo desde el medio hacia adelante. Es cierto que lució algo descompensado cuando no tenía la pelota. Porque apeló a un solo intérprete para la recuperación: Maxi González. Y, por momentos, se lo vio sobrepasado en sus funciones. En realidad quemaba energía sin mucho sentido porque no podía contener a sus rivales, que arrancaron con movilidad.

   La línea de fondo se movió siempre en la misma sintonía. Daba la sensación de que estaba bien aceitada. Al menos cuando hacían los movimientos en serie. Pero también se veía algo vulnerable. Esencialmente cuando la apretaban los delanteros de Talleres, que parecían estar muy enchufados. Y en medio del dominio albiazul llegó el primer momento emotivo del partido. Ledesma respondió bien cuando el local lo probó de verdad mediante un punzante Jonathan Menéndez (18 minutos). Pero la respuesta canalla llegó al instante. Zampedri casi le hace saltar la térmica al público local. Por muy poquito y de cabeza Central no se puso en ventaja.

   Sin embargo, Ledesma logró desactivar luego un potente misil antes de la media hora lanzado por Rojas. El rebote fue desperdiciado luego por Godoy. El área auriazul temblaba un poco cuando el local apretaba el acelerador. Lentamente los canallas cedían ante la arremetida del dueño de casa. Con las buenas intenciones no bastaba para lograr el equilibrio justo. Menos frente a un entonado y muy motivado representativo cordobés. A los 38' llegó un real flash de lucidez por parte de Central. Pachi Carrizo se activó y sacó de la galera un centro envenenado al área. Y el juvenil debutante de titular Agustín Coscia casi terminó haciendo bingo ante la pasividad del arquero Guido Herrera y compañía. Y antes de ir al descanso, otra vez Ledesma fue el salvador canalla. El juvenil arquero que desbancó al Ruso Rodríguez con la asunción de Leo Fernández evitó con el pie izquierdo el grito sagrado de Menéndez. La casa seguía en orden para los de Arroyito, que mostraban coherencia cuando tocaban e intentaban ir al frente, pero dejaban algunas dudas cuando la pelota la tenía su rival.

   En el amanecer del epílogo, Jeremías Ledesma volvió a decir presente al rechazar con los puños un bombazo del lateral Lucas Olaza. El arquero ya era lo mejor de Central por escándalo. Claro que cuando el arquero es figura es porque además algo no anda tan bien en materia de ataque.

   El ingreso del Colo Gil por Camacho mostró además variantes posicionales en el medio. Carrizo se volcó a la izquierda y el juvenil debutante de titular Diego Becker pasó a la derecha. Fue así que Leo Fernández trató de darle otra importa al equipo. Apostó por un doble cinco para ver si podía tapar las grietas. Y, por momentos, la fórmula del ex entrenador de Coronel Aguirre dio buenos resultados.

   Y en medio de la nada llegó el sublime instante de felicidad bien auriazul. A los 17 minutos llegó el gol. Carrizo mandó un centro cruzado y Fernando Zampedri le sacó jugo a esa acción. Guste o no, la ventaja estaba bien porque el canalla mostró actitud y logró hacer lo que Talleres buscaba pero no podía.

   De yapa, a los 22' casi llega el segundo. La fórmula fue simple. Centro de Gil y cabezazo de un atento Zampedri. La pelota terminó pegando en la zona baja del palo derecho de Herrera, que estaba teniendo una noche muy oscura.

   Por más que a los 35' el palo salvó a Central (remate de Olaza), la realidad es que el triunfo no corría peligro. No porque el canalla era una tromba. Sino porque el local era un mar de imprecisiones. Se mutilaba solito la esperanza. Cuando encaraba ya no tenía ni peso. Estaba a merced de la voluntad de Central.

   Un Central que arrancó ambicioso, luego tambaleó, terminó sufriendo, pero dejó el Kempes con el pecho inflado y cortando la sequía de más de una docena de presentaciones sin triunfos. En medio de un nuevo ciclo. Demás está decir que se volvió al pago mirando lo que vendrá, que es Boca, con el ánimo por las nubes.

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