En un partido caliente, el Canalla lo arrancó perdiendo a los 5 minutos, pero lo dio vuelta ante Sarmiento de Junín con dos goles del Gato Ávila. Espera por otros resultados
Viernes 30 de Octubre de 2026
Central debía ganar y lo hizo. Todo lo demás no cuenta, aunque haya mucho por decir. La última fecha lo encontrará peleando por el bicampeonato de Liga, lo que es muchísimo en Arroyito. Otro triunfo enorme de este Canalla que se empecinó en no bajarse del ring y que no se cansa de tirar piñas. La lucha lo tiene abrazado y Central se deja abrazar por ese título que lo tienta. Un 2-1 sufrido, trabajado, caliente y de dientes apretados ante Sarmiento. A esperar por los otros resultados, pero sabiendo que la chance del título está ahí.
El peso de esta victoria es por el resultado en sí mismo, pero sobre todo porque debió remar en dulce de leche después de ir perdiéndolo a los 5 minutos. Lo hizo como pudo, con las armas que tenía y sin demasiada lucidez. Tuvo el beneficio de dos expulsiones del rival (la primera inobjetable, la segunda dudosa vía VAR), aunque ya antes de esa segunda había hecho los méritos como para no tener que esperar por ese grito agónico del Gato Ávila, autor también del primero.
El arranque de Central fue con insinuaciones, pero que no pasaron de eso, con apenas un par de maniobras de Campaz por izquierda. Pero cuando el partido aún no se había armado, un mazazo para el Canalla. Mavilla apareció con demasiada libertad por derecha y García lo mismo por el centro, para empujarla al gol. A remarla de entrada. Un partido a contramano.
El golpe Central lo sintió. Le costó mucho entrelazar juego. Cervi no entraba en sintonía y Alan Rodríguez pse perdió por la derecha. Di María, lejos del arco rival y con una intrascendencia llamativa. El único que parecía que podía hacer algo distinto era Campaz. De un centro suyo llegó el despeje que dio en el palo. De un remate suyo (después de trasladar más de 40 metros) apareció ese remate que tapó Ayala. La supremacía empezaba a aparecer, pero el real peligro no. En el medio, un remate de García de frente al arco que se fue cerca.
Hacía falta algo, por mínimo que fuera. Lo dejó en claro esa acción en la que Copetti se desmarcó y mandó un centro para la entrada franca de Alan Rodríguez. La más clara para el Canalla, pero tapó Ayala. Y el remate de Coronel en la cara externa de la red fue el prólogo de algo importante que iba a venir, con ese centro de Sández, el pivoteo de Copetti y la aparición por sorpresa del Gato Ávila. Un empate que sonaba a justicia. Era el momento para que Central pisara el acelerador. De hecho lo intentó, pero sólo le dio para un par de minutos, hasta que Sarmiento empezó a robarle el protagonismo.
El desequilibrio pudo llegar en esa jugada en la que Ovando no pudo definir casi debajo del arco, pero fue lo único que pudo hacer Central antes de ese primer tiempo en el que imaginaba otra cosa, pero que cerró de manera aceptable por cómo se le había presentado el partido.
Era poquito lo que mostraba Central tras el reinicio. Era muchas ganas, pero escaso fútbol. Hasta la guapeada de Copetti que terminó con la roja a Orihuela. Ahí el partido ya fue otro. En ese tiro libre Ayala se la tapó a Ávila y Central se transformó en el amo y señor del juego. Mientras, los hinchas de Sarmiento nunca dejaron de protestar todos y cada uno de los fallos (muchos de ellos sin saber qué estaban pidiendo) de un Merlos que comenzó a coquetear con el protagonismo.
Lo cierto es que Central lo tuvo en los pies de Julián Fernández primero y de Copetti después. Igual, la decisión de Almirón con los cambios tras a expulsión no quedaron del todo claros. De todas formas Central hacía todo en el partido, lo bueno y lo malo.
Antes del final llegó la falta de Salle sobre Ávila, la amarilla, el llamado del VAR y el cambio por roja. El Eva Perón ya era un hervidero. Y ni hablar cuando el Gato metió ese zurdazo implacable, goleador, que le significó a Central seguir en la pelea grande, con la ilusión allá por las nubes y a la espera de lo que ocurra entre domingo y lunes en otras canchas. Central lo hizo de nuevo y el sueño no se lo quita nadie.
