Central

Central en la Superliga tiene una deuda aún sin pagar

Arremetió en el final y hasta pudo dar vuelta el resultado, pero solamente le alcanzó para empatar 1 a 1 con Tigre y sumar otro partido sin victoria.

Martes 31 de Octubre de 2017

Las lecturas que puedan hacerse del empate de Central son tan complejas como el presente mismo del equipo. Algunas aristas del análisis pueden ponderar la reacción y la capacidad para sobreponerse a un flojísimo primer tiempo. Otras, anclarse precisamente en esa raquítica producción de los primeros 45 minutos y a partir de la cual entender que el fútbol no es un juego para realizar beneficencias. Si en lugar de Tigre hubiese habido otro equipo, un poco más serio, claro, otra pudo haber sido la historia, pero este equipo de Montero parece sentirse cómodo tirando y tirando de la cuerda, mirando hasta dónde puede hacerlo. Por supuesto que ha sabido estar peor y que el partido de anoche se ubica muy por arriba de las paupérrimas actuaciones de Banfield, San Martín de San Juan y Argentinos Juniors, pero la herida sigue abierta y la deuda, pendiente. Quizá la mejor noticia de ayer haya sido la vuelta al gol de Marco Ruben.

La visita a Tigre no permitía segundas lecturas. Porque el objetivo estaba claramente expuesto. En ese sentido Central volvió a fallar. Claro que en la puja analítica se puede meter la arremetida, pero sin dudas con eso no alcanza. Aferrarse a eso significaría abrazar una postura conformista que podría ser pan para hoy y hambre para mañana.

Central no goza de un buen presente futbolístico y eso se nota. Los números son demasiado elocuentes. Justamente son esos números los que pusieron al compromiso de anoche en Victoria ante la urgencia de un triunfo, algo que no sucedió. Porque hay quienes podrían hablar hoy de que los pasos que se están intentando dar son hacia adelante y el verdadero y gran objetivo está en la Copa Argentina. Esto último sin dudas es así, pero con ese criterio los partidos de la Superliga pasarían por completo a un segundo plano. Está mal si se pensara de esa manera.

Lo que Central tiene que buscar en esos dos terrenos en los que explora a menudo y que encuentra resultados dispares es otro tipo de conjunciones, algo que le permita lograr una retroalimentación. Es decir que los buenos resultados produzcan otros buenos resultados. Pero hoy la cosa no funciona de esa forma.

Porque, se insiste, es loable la reacción lograda ante un rival endeble como Tigre (es uno de los pocos equipos que aún no ganó en el torneo), pero qué lejos volvió a quedar el canalla de ese enorme envión que fue la patriada del pasado lunes en Alta Córdoba. Otra vez, como contra San Martín de San Juan después de Boca, el empellón de aquel resultadazo (por la forma en la que se dio) pasó prácticamente inadvertido.

Si Montero logró ver cosas positivas en otros partidos en los que lo del equipo fue decididamente malo, anoche debe haberse ido de Victoria con la clara sensación de que se trató de un paso adelante. De ser así, valdrá si es producto de un convencimiento genuino, lo que no modificará ni por asomo la cruda realidad ni la vergüenza que le genera la tabla de posiciones que todavía tiene al equipo deambulando en los últimos puestos.

Central pudo ganarlo. También perderlo. Y en otra ruleta rusa le alcanzó para pegar el salto de calidad en un terreno que también lo obliga. En la Superliga la deuda sigue pendiente.

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