Martes 05 de Abril de 2022
Con el resultado puesto es imposible no caer en el deber de analizar lo que fue la puesta en escena del Central de Leandro Somoza en relación a lo que era el proceso del Kily González. Lejos se está de entrar en la comparación por el simple hecho de cotejar un proceso con otro, sino que el ejercicio obedece pura y exclusivamente en mostrar las cosas que el equipo de Somoza pudo haber mostrado una cara distinta y no logró. Fueron todos elementos negativos, que expusieron una continuidad de aquellos males que terminaron con el ciclo del Kily y que Somoza, al menos en esta primera presentación, no pudo enterrar. Seguramente con más tiempo de trabajo comience a arreglar los serios desbarajustes que tiene hoy el equipo canalla, pero en el relevado de este primer partido, todas las fotos salieron borrosas. Aquí los cinco puntos en los que se evidenció la ausencia del golpe de efecto.
La apuesta táctica
Ni bien asumió como director técnico de Central, Leandro Somoza habló de “calmar la ansiedad” y posiblemente ello haya tenido que ver con que lo importante en lo inmediato era formatear un equipo que mostrara en la cancha una mayor cautela, que no vaya para adelante como loco y que pisara el acelerador en los momentos apropiados. El dispositivo táctico utilizado tuvo que ver con eso, sólo que el plan ideado en la previa se topó con la realidad del partido propiamente dicho. Central no sólo no fue para adelante enceguecido, sino que le costó horrores progresar en el campo con la pelota al pie. Porque Emiliano Vecchio y Gino Infantino fueron fácilmente absorbidos por la marca del rival, sin capacidad de desequilibrio, lo que hizo que las ideas brillaran por su ausencia. No pareció casual que en ese 4-3-2-1, con Vecchio recostado del centro hacia la izquierda, Blondel (la figura del partido) tuviera tanta libertad en sus desplazamientos. En el final, en el intento de modificar las cosas, llegaron demasiados cambios que lo que único que hicieron fue entregar mayor confusión.
La liviandad en el juego
La falta de creación que Central mostró en el primer tiempo ya resultó llamativa, pero fue más evidente lo del complemento. Porque inmediatamente después del gol de Magnín, de penal, Tigre se replegó y le regaló espacio y pelota a Central, pero ni siquiera eso le sirvió para mostrar alguna idea acabada de cómo jugar. Fue cuando más en evidencia quedó el equipo, moviendo el balón de un lado a otro, pero sin libreto. Fue tan evidente que lo que pareció el mejor momento del equipo canalla en el partido resultó un tiro por la culata. Ahí es donde encuadraría la mala performance desde lo físico, donde la incapacidad conceptual del juego no pudo ser maquillada por algún cambio de ritmo que le permitiera imponer condiciones. El fútbol argentino no permite hoy la liviandad y Central fue, de principio a fin, un luchador peso pluma.
El desorden defensivo
Si Somoza pensó que la táctica ideada en la previa le iba a servir para que el equipo ganara en solidez defensiva, se equivocó de cabo a rabo. Es cierto, en el primer tiempo casi no le generaron situaciones, pero cuando el partido entró en zona de turbulencias, el único que tembló fue Central. Además del gol del penal y del tremendo zapatazo de Blondel, Tigre le entró al canalla cuantas veces se lo propuso, por derecha, por izquierda y hasta por el centro. ¿Quién fue el mejor jugador del canalla en Victoria? El arquero Gaspar Servio. Entonces, como suele decirse, “no más preguntas señor juez”. Es que de no haber sido por un par de intervenciones certeras del uno, Central se venía con una derrota más abultada. Ya con Ojeda en cancha el equipo estaba sufriendo y ni qué hablar cuando Somoza sacó al correntino y puso en ese lugar a Benítez. Una decisión que sonó rara y que intentó ser resuelta por el DT con el ingreso de Yacob, ya cuando el resultado era irremontable. Un dato más: la salida de Almada no fue la solución a los problemas en el fondo, como muchos pensaron.
Falta de identidad
Parece antipático y hasta injusto caerle a Somoza por el rendimiento de su equipo por lo dicho anteriormente, que cuenta sólo con poquitos días de trabajo y apenas un partido sobre el lomo, pero en esta primera presentación Central fue un equipo al que le fue imposible sacarle la ficha sobre qué fue lo que intentó hacer. Porque si la premisa fue mantener el orden y después ver cómo se las podía ingeniar para lastimar, falló. Y si la idea era presionar, manejar las riendas del partido y amigarse con el protagonismo, ahí también flaqueó. No debe haber peor cosa para un equipo que no logre demostrar qué es lo que pretende hacer dentro de la cancha y a Central le pasó eso en su visita a Tigre. Para el orden defensivo le faltó solidez y concentración, y para el protagonismo le faltó inteligencia y atrevimiento. El no haber logrado ni una cosa ni la otra fue lo que lo tildó de un equipo sin identidad futbolística.
Nulo peso en ofensiva
Central no pateó al arco en la cancha de Tigre. Es duro el dato, pero lo más cruel es que es real. Hubo un intento de Infantino al minuto de juego (lo cerraron justo y la pelota se fue al córner) y un disparo de Ruben en el complemento que dio en la cara externa de la red. O sea, ni un tiro al arco, entre los tres palos. Para un equipo que pretendía mostrar reacción en el peor momento del torneo, el rojo fue enorme. En el Central que “se venía viendo”, Lautaro Blanco era de los futbolistas más punzantes, con mayor capacidad de desequilibrio por la banda, pero esta vez fue todo lo contrario. En el primer tiempo jamás pasó al ataque (quizá nunca se sepa si fue porque el juego no se lo permitió o porque había una orden precisa de parte de Somoza). Es simplemente un ejemplo (en el complemento lo hizo sólo un par de veces), que sirve para explicar por qué un equipo que vivía de las trepadas del lateral se haya privado de esa arma. A Ruben se le hizo imposible hacerse espacios luchando en soledad y ni siquiera con tres tanques en cancha (Ruben, Dupuy y Caraglio), Central pudo ponerlos en situación de gol. No sólo no atacó a lo loco, sino que no atacó.