Jorge Almirón ponderó a los suyos y atribuyó a que simplemente no marcaron para explicar el empate. Pero debe ir más allá porque Central necesitará más
06:10 hs - Sábado 11 de Abril de 2026
La última imagen siempre es la que queda. Es así en el fútbol y en cualquier orden de la vida. Por eso, el jueves por la noche la sensación fue que Central debió ganar el partido debut en la Copa Libertadores ante Independiente del Valle. Eso quedó flotando, eso remarcó por sobre todas las cosas el técnico Jorge Almirón, aunque sería necio e imprudente para el futuro canalla en este sueño continental quedarse solo en esa arista.
Porque vale decir que esa conclusión está un tanto adulterada si se considera que Central creó sus muchas ocasiones de gol cuando el rival empezó a jugar con uno menos. Que fue desde los 13 minutos del complemento. Y se obvia aquí, por estar en ese momento fuera de contexto, la situación que tuvo el ingresado Juan Ángulo en la última acción del partido que casi le hace llevarse todo a los ecuatorianos.
Para empezar, hay algunas cosas que ya deben tomarse como alertas y que no se circunscriben a este inicio de Copa. Es más, este Central internacional es el mismo del Apertura, con sus virtudes y defectos.
Por eso no es extraño que vuelva a ser sacado de eje en un inicio de partido o de etapa. Yendo un poco hacia atrás, le pasó ante Gimnasia en La Plata, Newell’s también lo hizo padecer un poco, Banfield le sacó diferencia en el primer tiempo, Independiente Rivadavia se lo hizo pagar caro, los tucumanos de Atlético le movieron el piso y también e Independiente del Valle lo vapuleó en ese comienzo.
Central no entró pisando fuerte
Central no parece entrar últimamente a pisar fuerte, algo de lo que quizás tomó nota el rival para hacerle presión alta, asumir la iniciativa y ponerlo en aprietos en 20/25’ iniciales en los que no pudo hacer la diferencia.
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Un rival que, sin menospreciarlo ni mucho menos, tiene a su 9 titular que no continuó en un Newell’s que peleó el descenso porque no hacía goles. De hecho, Cocoliso González se perdió uno increíble al final de la primera etapa cuando ya Central había empezado a mostrar los argumentos de un equipo importante de mitad de cancha para adelante, con su as de espada en plenitud, Ángel Di María, aunque que no pesara tanto porque el rival le dedicó marca.
Central sigue mostrando muy buenas cartas ofensivas, como un Jaminton Campaz revitalizado (y motivado porque se juega sus chances de ir al Mundial), también con Alejo Veliz que viene de romper la sequía y ni hablar de Di María (al que habrá que medir qué partidos juega, guste o no). En cambio, no termina de brindar las seguridades defensivas que la Libertadores exige.
El aplauso a Quintana, un símbolo
Fue todo un símbolo el aplauso cerrado cuando ingresó Carlos Quintana. Un reconocimiento a lo que dio el jugador en la historia reciente, pero también la muestra de que aquella dupla con Facundo Mallo no volvió a reeditarse en la seguridad que transmitía. Aundispone de muchos zagueros centrales, por lesiones importantes e imprevistos (Juan Giménez, Juan Cruz Komar y los mismos Mallo y Quintana) no termina de conformar una dupla sólida.
Ignacio Ovando, que no deja de ser un pibe, y Gastón Avila, juegan mucho con la pelota, van bien hacia adelante. Pero el primer ítem de defender con asidua solidez no es una materia aprobada. La consecuencia es que a Central le están llegando más de lo conveniente. Quedó claro en el debut copero.
La sensación que dejaron Universidad Central de Venezuela y Libertad de Paraguay en su debut es de que no serían rivales de cuidado para Central, que el jueves enfrentó al mejor del grupo. Pero la Libertadores, como los Mundiales, no permiten errores, relajamientos ni mucho menos conformismos.
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Un resultado que no fue bueno
El resultado no fue bueno para Central, porque dejó dos puntos en casa y en situación de haber jugado mucho tiempo con un hombre de más. En la Copa 2024, ni ganar el primer partido en el Gigante (1-0 a Peñarol, gol de Quintana) le alcanzó para llegar a octavos.
Aquella vez le jugó muy en contra el comportamiento de un grupo minoritario de hinchas que se involucraron en incidentes ante el mismo Peñarol, lo que obligó a jugar el trascendental choque ante Atlético Mineiro sin público. Sí, el mismo Mineiro que se amedrentó en la Copa Conmebol de 1995, jugó ese día como en un entrenamiento y le ganó.
Se insiste. Los errores, las desatenciones, los detalles, los defectos si no son vistos, en la Libertadores se pagan caro. Central no ganó en el debut en casa porque la pelota “no quiso entrar”, pero no fue para nada la única razón. Ahí debería estar puesto el ojo.