Con gol de Campaz, el canalla venció a Inter de Porto Alegre, lo que le da cierta tranquilidad de cara al choque de vuelta en Brasil. Lo necesitaba Central.
Martes 16 de Julio de 2024
Frente a una serie de ida y vuelta, de corte eliminatorio, hay un paso ineludible: ganar. Y Central lo hizo. Con un fútbol que apareció de a ratos y no tuvo demasiado brillo, pero con una contracción al trabajo y un convencimiento que hicieron que el 1-0 sobre Internacional fuera totalmente justificado. Porque habrá algo de aire para la revancha en Porto Alegre, pero sobre todo una levantada desde lo anímico para un equipo que había arrancado el semestre a contramano. Una guapeada de Campaz le alcanzó al canalla para hacerse fuerte en el Gigante, quedarse con el primer chico y viajar a Brasil con una carta bajo la manga, que no amerita relajación, pero que colabora.
Las ganas y el ímpetu del inicio fueron efímeros en ese intento de Central de hacerse dueño del partido, porque sin haber inquietado, Inter se le apropió del balón e hizo que fuera el canalla el que corriera detrás del mismo. Encima, cuando la recuperaba no se le hacía fácil desequilibrar. Campaz amagaba pero se diluía y Lovera mantuvo una lucha constante con la pelota, en la que siempre perdió. Por eso, Ruben y Copetti estuvieron aislados. Hasta ahí, sólo el sacrificio de Ibarra y algo de Martínez, pero no mucho más.
En esa mejor performance de Inter fue Mercado quien avisó con un remate (muy desviado) desde afuera después de un par de despejes fallidos. La respuesta estuvo en los pies de Campaz, con ese tiro directo al arco que dio en la cara externa de la red. Pero el fútbol no fluía en Central y el hincha comenzó a impacientarse, sobre todo después de ese remate llovido de Bruno Henrique que dio en el travesaño, en la culminación de un toqueteo en el borde del área que nadie del local pudo impedir.
Ahí Central pareció acomodarse un poco mejor, al menos con algo más de solidez, pero siempre con poco peso por la falta de gestación.
La única que tuvo (muy clara) fue el desborde de Coronel, el pase a Lovera, el remate defectuoso y el intento de Caramelo Martínez, contra el palo izquierdo, bien abortado por Rochet. Pero fin de las acciones en un primer tiempo en el que el chileno Garay debió expulsar a Wesley (planchazo contra Ibarra), pero ni él ni el VAR entendieron que era para roja.
Russo intentó corregir con el ingreso de Jonathan Gómez por Lovera, pero lo mejor que le pasó al canalla es que salió con el acelerador pisado. Porque al minuto Mallo lo tuvo de cabeza y a los 3’, tras un despeje largo de Ibarra, llegó esa guapeada de Campaz, contra Rómulo, la corrida mano a mano con Rochet y la definición de zurda. Letal. Era el quiebre a favor que necesitaba el canalla, pero que lo obligaba a empezar a jugar más con la cabeza que con otra cosa. Y en cierta forma lo hizo, más allá de un par de sofocones que sufrió después de dos largos parates que le sacaron ritmo al partido. En el primero Coronel metió un cierre increíble y en el segundo Broun le cerró todos los caminos a Bruno Henrique.
Pero la historia ya se estaba escribiendo con otra tinta, la de la entrega (Copetti y Ruben fueron dos claros ejemplos), de la concentración, la inteligencia e incluso la picardía. Y en ese andar dentro de todo calmo lo que también logró Central fue demostrar que este Inter allá puede ser otra cosa, pero que no es ningún cuco. Igual, lo que retumbó en Arroyito fue el triunfo de un equipo que necesitaba levantarse, pero también ir a Brasil habiendo hecho su parte.