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Central ganó con autoridad y buen juego en Mendoza y sigue en la pelea por el torneo

Fue tanta la diferencia entre uno y otro que el 3 a 1 final parece escaso. Es que la tabla de equivalencias se rompió desde el inicio, pero no por los goles, sino por la disposición táctica. 

Domingo 20 de Septiembre de 2015

En la tierra del pan y del buen vino, Central le aportó fútbol. Y el del bueno. Ese que le permitió simplificar en trámite a un partido. El mismo que lo mantiene en la mesa de los aspirantes al título. Ese que lo convirtió en protagonista desde el principio del torneo. Y todo indica que hasta el final también. Fue tanta la diferencia entre uno y otro que el 3 a 1 final parece escaso. Es que la tabla de equivalencias se rompió desde el inicio, pero no por los goles, sino por la disposición táctica. Un equipo consolidado, con un norte claro y una organización sistemática. Enfrente once jugadores sin terminar de entender qué es lo que se pretende de ellos. Entonces el desenlace sólo era cuestión de tiempo. Poco tiempo. Apenas un puñado de minutos. Que se pudo contar con las manos. Diez. Sí. Desde los diez hasta los 20 fue el temblor que colapsó a Godoy Cruz. Tan simple como previsible.

No hacía falta ser un erudito de este deporte para visualizar que la distancia entre los contendientes era abismal. Y por eso la resignación de los hinchas locales llegó con el primer gol canalla. Razón por la cual todo lo demás fue un suplicio para los tombinos. Y un deleite para los centralistas que lo seguían desde Rosario.

Una combinación de Lo Celso, Larrondo y Ruben se configuró como el Triángulo de las Bermudas, el que hizo desaparecer a los defensores de Godoy Cruz. Pase registrado del pibe, el mendocino que la baja de cabeza para que el goleador canalla con una pirueta conquiste el primero.

Listo. Maduraba el nocaut. Que llegó a los 19’ con una arremetida del lungo Larrondo. El segundo y, si se lo proponía, el resultado podría haber sido histórico, porque la línea de tres que paró Heinze, flexible en cuatro y hasta en cinco hombres, era una invitación a la debacle total.

La defensa local era una invitación de la casa al gol. Desacoples permanentes, pérdidas de balones en lugares riesgosos y un mediocampo difuso mostraban que Godoy Cruz estaba condicionado por un planteo que el equipo no siente ni entiende. Y ante este contexto, Central transitó por el estadio mendocino sin réplicas ni temblores. Al contrario. Lo hizo con solidez y marcada cuota de optimismo.

Fue más sencillo de lo que imaginaron. Aunque el Chacho Coudet nunca está tranquilo. Al extremo que en un momento fue reprendido por el árbitro Andrés Merlos por sus reiterados reclamos.

Si el partido había terminado en los primeros cuarenta y cinco minutos, el complemento sirvió para que el resultado llegue a su fin sin discusiones. Al ratito nomás apareció otra asociación en el juego ofensivo auriazul entre el juvenil chaqueño Walter Montoya y el pibe Giovani Lo Celso para que la pelota derivara en José Luis Fernández. Y así el ex Tomba tuvo su bautismo en el gol haciendo el tercero, justo ante un rival que aún lo recuerda con mucho afecto y por eso optó por no celebrarlo porque así se lo dictó su corazón.

Tal vez la necesidad de dosificar las energías generó que el equipo auriazul se replegara un poco y fue allí donde pasó los pocos sofocones que el conjunto mendocino generó por intermedio de su hombre gol: Leandro Fernández. El delantero que logró el descuento a poco del final.

Los cambios del Chacho Coudet trataron de oxigenar, pero el final ya estaba a la vuelta de la esquina.

Y allí Rosario Central se llevó una victoria cómoda. Simple. Pero muy importante. Tanto como la campaña que está realizando.

 

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