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Central ganó 2 a 0, quedó segundo y se ilusiona tras la derrota de Boca

Los canallas volvieron a demostrar que están en un gran momento y triunfaron con goles de Ruben y Larrondo. Ahora esperan que los xeneizes tropiecen para luchar por el título.

Viernes 16 de Octubre de 2015

Si algo no merecía Central era quedarse sin la posibilidad de seguir soñando con el título. No había derecho a que el equipo de Coudet sólo se conformara con protagonizar una campaña a ritmo de campeón sin luchar hasta la última fecha para consagrarse campeón. Es tan elogiable lo del conjunto canalla, que depender de sí mismo para clasificar a la Copa Libertadores de 2016 aparece como algo que, tarde o temprano, iba a caer por decantación.
Por suerte para Central, la mano para intentar la heroica no vino sólo por los goles de Ruben y Larrondo contra Argentinos Juniors en el Gigante. Llegó gracias al triunfo 3 a 1 de Racing ante Boca por la noche. Esa derrota xeneize fue la auténtica señal que necesitaba Central para creer que todavía no está muerto quien pelea. Que aún no está dicha la última palabra en el torneo. Ahora la diferencia se redujo a cinco puntos sobre seis en juego. En el medio también se abrió una hendija, muy chiquita por cierto, para que San Lorenzo no apure el adiós. Aunque la caída de ayer en Bahía fue como haber firmado la rendición ya que está a seis unidades cuando restan dos partidos.
Así contada la historia, poniendo la lupa en la frialdad de los números, parece un imposible para los tres, menos para Boca. Pero todo se instala en la vereda de las probabilidades porque Central recibe justamente al conjunto de Arruabarrena en la última fecha en el Gigante.
Claro que para que estas líneas tengan la rotundidad de una certeza, Central necesita que la fecha 28 sea una copia fiel de la jornada que terminó anoche. O, en el peor de los casos, que Boca empate contra Tigre y obviamente se descuenta una victoria canalla en la visita al Sur frente a Banfield. Nada que no pueda ocurrir porque Central encara el sprint final hecho una tromba para arrasar con el torneo y la Copa Argentina. Aunque esto último sea otro cantar. Lo cierto es que de los tres implicados, no hay dudas de que es el que mejor sustento colectivo tiene. Mientras zamarrea a sus rivales turno y convive con la presión con la naturalidad con la que respira, a Boca se le empezó a llenar el horizonte de preguntas. El sistema nervioso xeneize luce alterado. Anoche no sólo perdió la chance de consagrarse campeón en el Cilindro de Avellaneda, sino que también se le cayeron varios soldados para afrontar lo que viene con las expulsaciones del Cata Díaz y Erbes. A eso debe sumársele que al equipo se le vio una evidente merma de rendimiento. La parálisis quedó evidenciada en el clásico amistoso que perdió ante River en Córdoba, más allá de que lo afrontó con mayoría suplentes porque sus mejores intérpretes estaban en las selecciones sudamericanas.
Central está en el lugar donde siempre quiso estar y donde era impensado que podía llegar luego del empate contra San Lorenzo. Pero, a esta altura, navegar en las aguas de los reproches no sólo es inconducente, sino que no retrata en absoluto el estado de ilusión que hoy vive todo Central.
Si a Coudet, los jugadores y el hincha les ponían un papel delante de sus narices que iban a llegar a cinco puntos de Boca a dos fechas del final, lo firmaban con los ojos cerrados. Es que desde hace tiempo que en Central sueñan con esa final ante Boca de la última fecha.

Hizo del partido un trámite

Lo que debía ser una prueba de carácter (una más en lo que va del torneo) terminó en un verdadero monólogo por parte de Central. Que tuvo su premio, claro. Porque los tres puntos de ayer reforzaron su condición de protagonista y, lo más importante, superó la línea de San Lorenzo, por lo que la clasificación a la Copa Libertadores otra vez pasó a depender de sí mismo (ver página 2). Fue un trámite demasiado sencillo por parte de Central, con un Giovani Lo Celso como bandera en medio de esa pausa, sapiencia e inteligencia para marcar la diferencia.
  No estaría mal decir que resultó un partido aburrido (se exime, por supuesto, la adrenalina que genera una victoria). Es que no hubo resistencia por parte de Argentinos Juniors y sí un acabado accionar por el lado del Canalla en cuanto a pelota y geografía. Un combo gratificante para uno. Mortificante para otro.
  Para aclarar lo de tinte aburrido del partido se puede mencionar a los últimos minutos, en los que Central movía a pelota de un lado a otro (generalmente sin buscar profundidad), con Torrén levantando por el aire a Cervi luego de que el hábil volante dejara desairado con un quiebre de cintura a dos de sus compañeros.
  ¿Antes de eso qué? Un Central que buscó de principio a fin en el primer tiempo, sin dejar que el Bicho tuviera chance de sacar al menos un golpe. De la mano de Nery Domínguez y, sobre todo, de Lo Celso el Canalla hizo y deshizo a su gusto. Por eso la tuvo Larrondo en la medialuna primero, Ferrari y Ruben dentro del área un par de minutos después y otra vez el mendocino tras un centro de Montoya por derecha. Y en ese ir e ir sin cesar, aunque con más pausa que la habitual, llegó el pase magistral de Lo Celso, el choque de Pinola (alcanzó a tocarla por arriba) con el arquero Gabbarini y el cabezazo goleador de Ruben, que siempre está.
  Fue algo así como el principio del fin. Parecía raro que Argentinos pudiera inventar algo en el entretiempo para romper con las coordenadas del juego, aunque algo de eso pasó. Tal vez por propia iniciativa del Bicho, pero básicamente por un desacople canalla. Así Lenis, que se fue a jugar sobre el Loncho Ferrari, metió un par de corajeadas que bien pudieron terminar en algún dolor de cabeza. La más clara fue un cabezazo de Rinaldi.
  Pero todo volvió a la normalidad rápidamente. Central volvió a hacerse de la pelota. La volvió a manejar Lo Celso, mientras Nery volvía a distribuir con el criterio de siempre. Encima sobre los 12’ del complemento llegó la expulsión de Basualdo (no pareció ni siquiera falta). Más calma aún. Ni hablar cuando Lo Celso dibujó otra fantasía, otra vez picándola, en este caso para Larrondo, quien encaró mano a mano contra Giovini y definió con autoridad.
  Otro largo rato de control, la expulsión de Torrén y no más que eso. El trayecto final del camino no tenía obstáculos. Y el carácter anodino del juego siguió hasta el final. Con la salvedad de que el triunfo estaba a resguardo, habiendo hecho de los 90 minutos un mero trámite.

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