Central falló en el salto de calidad que se debía
Central no pudo hacer pesar el envión que traía y sólo le alcanzó para la igualdad ante Platense en busca de la zona de copas

Martes 19 de Octubre de 2021

A Central le va quedando cada vez menos tiempo en esto de cumplir con el objetivo propuesto y cada chance que desperdicie será un paso hacia atrás. Lo que le ocurrió en cancha de Platense no debe ser tomado como un franco retroceso, pero sí como un partido en el que al equipo le costó dar ese salto de calidad que sabe que necesita. Por eso la bronca de muchos de los protagonistas, que entendieron que el partido daba para sumar de a tres, pero no por la forma en la que se dieron los 90 minutos, sino que esa sensación de “es ahora o nunca” fue la que vivieron en la previa. Después, claro, con el rival que sea el partido puede disparar para cualquier lado, pero lo cierto es que en el momento en el que el canalla buscó ese brinco no lo pudo dar. Claramente es parte de este presente de un equipo que convive con sus altibajos, sus ambivalencias y sus virtudes y defectos.

Después de lo que había sido la victoria agónica contra Patronato, el envión anímico era el mejor aliado para hacer que aquellos tres puntos encontraran correlato en Vicente López, pero ocurrió algo que no estaba en los planes.

El aprovechamiento de esa estela triunfal que traía el equipo ameritaba otra cosa, al menos en el arranque, que fue, casualmente, lo peor del equipo, cuando más sufrió. Entonces, el fastidio del cuerpo técnico que alguien dejó traslucir después del partido suena entendible. Ellos, más que nadie, consideraban que esta era la chance para mantener la escalada.

Esa forma de encarar el partido que tuvo el equipo fue lo que hizo claro y notorio el malestar del Kily González, que no se cansaba de mirar hacia atrás y gesticular en el ida y vuelta discursivo con Ricky De Alberto (uno de sus ayudantes de campo), cuando veía que la pelota estaba más en los pies de Broun, Almada y Avila que del resto, especialmente los que juegan del medio hacia adelante.

El hecho de que Central corra la carrera desde atrás hace que las obligaciones se potencien. Porque este equipo no está para especular y ver qué pasa, sino en medio de la necesidad de darle alcance a los que están un par de escalones por encima. Y siempre hablando de ese objetivo de mínima que se llama Copa Sudamericana 2022, nada de ínfulas de protagonismo. Para eso la carrera le quedó demasiado a trasmano.

Después de lo que fue aquella racha de buenos resultados posclásico (triunfo ante Arsenal y Central Córdoba de Santiago del Estero), Central ya no pudo desembarazarse de esa ciclotimia que lo llevó a esto, a seguir peleando, pero con la necesidad de remar de manera constante. Y está claro que de esta forma lo que no se modificará es que esa remada sea contra la corriente.

Depende pura y exclusivamente de Central determinar en qué momento la marea le permitirá avanzar de manera más sostenida y sin tantos vaivenes, pero siempre estará obligado a lo mismo, a permitirse el salto de calidad que todavía no encuentra.

Hay una mitad del vaso lleno que tiene al equipo repuesto de aquellas dos derrotas consecutivas (Talleres y Argentinos Juniors) y ya con tres sin perder (Estudiantes, Patronato y Platense), pero esos números, que pueden ser indicadores de algo, todavía no le hacen ninguna venia ni le permiten ningún tipo de relajación.

Es más, hasta hace algunos partidos había atenuantes (hasta pudieron tomarse como excusa) que tenían que ver con la ausencia de varios jugadores habitualmente titulares, pero ahora la cosa cambió. Es que todos esos futbolistas están en cancha (algunos desde el inicio y otros en el banco por decisión exclusiva del Kily González) y las armas ya son otras. Por ahí no necesarias como para hacer de Central un equipo con un enorme potencial, pero sí para sentir que es lo mejor que tiene para ir a la pelea.

“Es ahora o nunca”, decían o pensaban todos, pero no fue. Y ese salto de calidad que fue a buscar a Vicente López quedó en un mero amague.