Lunes 22 de Agosto de 2022
Al Central de los vaivenes permanentes que lo ponen en situación de angustia y que de a ratos le brindan alguna que otra alegría, nada mejor que encontrar la regularidad que lo haga transitar sobre un camino sin tantos obstáculos. Por allí andará el desafío cuando esta tarde reciba en el Gigante de Arroyito a este Banfield que decididamente anda de capa caída, intentando sacarle provecho al crecimiento que evidenció en los últimos partidos. El sostén de la victoria ante Barracas Central y el empate en cancha de Boca es lo que el canalla debe hacer pesar para dar un pasito más hacia la consolidación.
Son tan pequeños los objetivos de Central a esta altura que la sensación es que parece conformarse con poco. Y hoy eso poco es tratar de hallar un mínimo de regularidad. Es cierto, todavía falta mucho y hasta podría permitirse el sueño de alcanzar un lugar en la Copa Sudamericana, algo que por estos días está más cerca de una quimera que de una posibilidad cierta.
El tema es que no hay forma de que este Central pueda plantearse algo serio a largo plazo, sino que lo suyo pasa por vivir el día a día, el partido a partido.
De semblante Central llega en buena forma, habiendo vivido una jornada particular con ese entrenamiento (en la ciudad deportiva de Granadero Baigorria) frente a la atenta mirada de medio millar de socios después de lo que fue el empate sin goles frente a Boca. Un día especial, con buenas vibras, pocas horas después de algo también importante que pasó en el club pese a que no tenga implicancia directa en lo futbolístico como lo fue la oficialización de la salida de la institución del Mono Gordillo.
Justamente ese partido es uno de los principales argumentos a partir de los cuales el canalla puede apoyarse para lograr un mayor impulso. Porque frente a las dudas sobre cómo podía responder el equipo ante un rival con nombres de mucha jerarquía y en una cancha siempre compleja la respuesta fue convincente, desde el temperamento, pero fundamentalmente desde lo futbolístico. Ahora, con la localía como aliada y ante un rival de mucho menor fuste la obligación será otra.
Un poquito más atrás en el tiempo figura ese buen triunfo contra Barracas, ponderado porque jugó más de la mitad del partido con uno menos, que fue el partido con el que en Central empezaron a tapar las angustias que le había generado la eliminación de Copa Argentina a manos de Quilmes.
Pero ese momento, que causó dolor e hizo mella, ya pasó y en Central trataron de hacer borrón y cuenta nueva, de mirar el futuro con un poquito más de optimismo. Y Tevez pareció encontrar respuestas más o menos rápido, no sin antes sufrir un nuevo cachetazo como lo fue en cancha de Tigre.
Todo eso, lo malo y también lo bueno, fue con una alteración pronunciada en las decisiones de Tevez en esto de mostrar una apuesta mayor sobre algunos juveniles de las divisiones inferiores. Igual, ya en el último partido algo de eso cambió, por lo que fueron el ingreso de Ignacio Malcorra o la vuelta de Alejo Veliz (también juvenil con algo más de recorrido que Fabricio Oviedo y el Chipi Frías).
Central ya dio sobradas muestras de que no puede sentirse superior a ningún equipo, pero bien podría aprovecharse de la liviandad que arrastra este Banfield que por el torneo lleva ocho partidos sin victorias (4 empates y 4 derrotas) de la mano de Claudio Vivas. Claro, concretar sería ni más ni menos que una muestra de carácter y dar el paso al frente que en este caso se le está exigiendo al canalla.
Después de la buena puesta en escena en cancha de Boca, pese al empate, Central tiene en cierta forma el camino allanado como para dar ese salto que, aunque por ahora no pelee por nada importante, necesita como el agua.