Viernes 05 de Noviembre de 2021
Ya está, no quedan dudas, lo que le hace falta a Central de aquí al final del torneo es un golpe de timón que modifique lo que el equipo está entregando futbolísticamente, que es poco por cierto. Porque ahora sí, a cinco fechas del final, al escenario donde el canalla intenta dar pelea de a poco se le van apagando las luces y esa oscuridad no hace otra cosa que enceguecerlo y, en consecuencia, complicarle la vida cada vez más. Incluso al propio Kily González, a quien cada derrota le dinamitará un poco más su propio trabajo, dentro de un grupo que viene atravesando, además de los futbolísticos, algunos otros problemas. Es que el Kily está sin dudas en una de las posiciones más incómodas de su ciclo, aunque se siente fuerte para seguir, como lo dijo en conferencia. ¿Del equipo qué? Arrancó la fecha a dos puntos de la copa y la termina por lo menos a cuatro. Así como están dadas las cosas, al canalla le será muy difícil lograr ese sueño de copa internacional. La derrota frente a Defensa fue otro golpe de consideración, que le esmeriló gran parte de la ilusión. No pareció alterarle la existencia al Kily, pero sí lo puso un poco más contra las cuerdas.
La consideración más fuerte que el técnico hizo antes del partido fue que a Central le llegaban mucho y con demasiada facilidad, por eso la puesta en práctica de la línea de tres defensores, para superpoblar el medio y para que Broun tuviera, a priori, mayor protección. Lo que quedó en claro en los primeros 15 minutos, en los que Defensa sacó la gran ventaja, fue que a ese plan original le hizo falta algo fundamental: interpretación.
A este Central lo que le cuesta es entender dónde están sus grandes deficiencias y, por supuesto, actuar en consecuencia. Porque sufre con línea de cuatro, de tres o con el esquema que sea. Y a esta altura el remedio debe llegar, pero cuanto antes, porque el tiempo se agota.
El tropezón en Florencio Varela le echó una palada de tierra encima a este equipo de Central que viene afrontando situaciones en las que debe mostrar la chapa de equipo creíble, pero que se desvanece en cada una de ellas. Pasó con Platense hace algunas fechas, después frente a Unión y ahora contra Defensa. Allá lejos quedó la guapeada aislada contra Racing.
Había que ver la imagen de Sangiovani discutiendo con Zabala en la mitad de la cancha y de Almada recriminándole al Fosa Ferreyra y viceversa unos metros más atrás, mientras el juego estaba detenido por la lesión de un jugador del Halcón. Un rato antes, en ese inicio de pálida tras pálida, el Kily se daba vuelta y miraba a su cuerpo técnico en cada yerro. Era la muestra de la desorientación absoluta en un partido que por momentos dominaba, pero que perdía por dos goles.
El cambio de fisonomía (el Kily rompió la línea de tres en el entretiempo) no dio sus frutos y la problemática se agudizó. Es que todo lo que entregó el partido fue más de lo mismo. Ahora, detenerse sólo en este encuentro es abordar una pequeña parte del problema. Las deficiencias de Central hoy van más allá de un simple partido. También lo son los inconvenientes que se vieron con Vecchio y hasta las filtraciones sobre el futuro cuerpo técnico.
Central está en pleno proceso de degradación y ahí es donde los resultados se presentan como rúbricas. En la fecha pasada tuvo la posibilidad de ganar y meterse en zona de copa, pero falló. Ahora la obligación era no alejarse y el resultado fue el mismo.
Las agujas del reloj le están girando a una velocidad increíble y las soluciones brillan por su ausencia. El tiempo ya es cada vez menos, apenas cinco fechas para ir, por cómo está jugando el equipo, por la heroica en esto de la copa.
El presente le está jugando una mala pasada y la sensación de que las soluciones no están al alcance de la mano es lo que más debe preocupar el Kily, a sus jugadores y a todos en el mundo Central. Hay cinco partidos por delante que pueden determinar unas cuantas cosas, entre ellas lo que será del canalla el año que viene. Ya le será difícil traspasar fronteras y profundiza el malestar.