Central tras el título: el pie que se equivocó de pedal y en lugar de acelerar, frenó

El envión anímico no sólo no funcionó, sino que el Canalla mostró un bajón colectivo. El empate en Banfield lo obliga resetear su fútbol

06:00 hs - Jueves 08 de Octubre de 2026

A contramano de lo que se esperaba, Central mostró una de sus peores caras futbolísticas en este ciclo de Jorge Almirón, justo en el partido en el que debía dar un salto de calidad o, cuanto menos, mantener el nivel que había exhibido en el partido ante Estudiantes por la Supercopa Internacional. El choque ante Banfield era una de las últimas posibilidades para pelear hasta el final por el primer puesto en la tabla anual y si bien todavía tiene chances, el paso que dio no fue el esperado.

La previa invitaba a pensar algo distinto, por ese enorme envión anímico con el que arribó a ese partido contra Banfield. Pero lo sucedido no estuvo ni cerca de ese imaginario.

Lo primero que debe marcarse, y sin temor a equivocaciones, es que el bajón no fue de uno o dos futbolistas en particular, sino que desde lo colectivo el Canalla no estuvo a la altura de las circunstancias.

Siempre caminó por la cornisa

Vale una aclaración: en medio de ese desconcierto y de un partido con trámite adverso, en el que siempre estuvo al filo de la derrota, encontró un punto en el final, con esa definición certera del juvenil Giovanni Cantizano. Casi que fue un premio para los méritos que hizo. Y el haber sumado le dio un empujón, por mínimo que haya sido, para sentir que todavía puede ir por ese premio mayor.

El gol de Cantizano le dio a Central la posibilidad de sumar un punto en un partido en el que no estuvo a la altura.

Pero más allá de eso, lo llamativo fue la puesta en escena futbolística que tuvo el equipo. Porque si es cierto eso de que el fútbol es un estado de ánimo, Central actuó en sentido inverso.

Decir que los días previos al partido fueron difíciles para el plantel resulta un contrasentido, porque lo que se vivió fue toda euforia. Sí fueron horas que no encuadraron en la normalidad. No es cosa de todos los días que un equipo salga campeón y cuando eso sucede el foco siempre se pone en el partido siguiente, para ver cómo responde.

El gran festejo canalla

Este grupo vivió un martes particular con lo que fue el gran festejo en el Monumento Nacional a la Bandera, donde el pueblo canalla se volcó de manera masiva. Se hace difícil pensar que esa hora de alegría extrema lo haya desenfocado por completo, sin poder meterse en sintonía en los cinco días de entrenamientos que vinieron después.

Central festejó en el Monumento. Después de eso tuvo cinco entrenamientos para bajar las revoluciones.

Ahora, si de fuera de foco se trata, este Central que jugó en el Florencio Sola lució de esa forma. Las explicaciones acerca el por qué sucedió eso es lo que todos en Arroyito intentan hallar. A eso no escapan ni los jugadores ni el cuerpo técnico.

Porque lo dicho, el Canalla jugó muy por debajo de su nivel, al menos del que había mostrado en el Madre de Ciudades de Santiago del Estero. Y no se trató de un par de piezas que no funcionaron y que eso haya resentido en parte la estructura, sino que fue algo más profundo.

Un bajón colectivo

A excepción de algunas intervenciones certeras de Jeremías Ledesma (un poco nervioso en el inicio) y de esa aparición goleadora de Cantizano a diez minutos del final, al resto le falló la sintonía. Ignacio Ovando, que venía siendo uno de los mejores desde hace varios partidos, tuvo sus problemas; Gastón Ávila volvió cometer algunos errores en la salida; Franco Ibarra estuvo lejos de ser el patrón de estancia en el medio; Federico Navarro tuvo más errores que aciertos; Di María nunca pudo hacer pesar su jerarquía; Copetti, otra vez sin gol, ni siquiera pesó jugando de espaldas al arco. Los que ingresaron lejos estuvieron de cambiar algo.

Di María ejecuta el penal ante Estudiantes y marca el segundo tanto canalla, que lo puso arriba en el marcador.

Y todo esto ocurrió en un momento clave, en el que el equipo tenía muy en claro que no podía fallar teniendo en cuenta algunos resultados que se habían dado en la previa en relación a esa pelea por la tabla anual. El triunfo lo ponía en una situación mucho más favorable, con una diferencia de tres puntos respecto a Independiente Rivadavia, el rival el próximo domingo en el Gigante de Arroyito.

Un poco más difícil

Ahora todo es un poco más difícil. Nada que resulte imposible, pero debe ganar prácticamente todo lo que le resta, además de esperar por los resultados de los demás equipos que pugnan por el mismo objetivo.

Para Central llegó el título en la Supercopa Internacional y con él, la euforia lógica, de la que no pudo sacar provecho en el partido en el que, emocionalmente, estaba en condiciones inmejorables. Esta vez el fútbol lo dejó huérfano, algo que no le puede ocurrir el domingo, el día en el que seguramente habrá también festejos en la previa del choque contra el líder de esa acumulada con la que todavía se ilusiona.