Cuando ya no tenía margen de error, el Canalla se aferró a los resultados. De los últimos siete, ganó seis y empató uno, con triunfo en la Supercopa incluido
06:00 hs - Miércoles 28 de Octubre de 2026
El fútbol es un terreno en el que actuar bajo presión suele ser una constante, sobre todo cuando hay un protagonismo que lo exige. Este andar firme y con el traje de candidato al título de Liga pone a Central arriba de ese escenario en el que las licencias no están permitidas. Y este equipo de Jorge Almirón se acostumbró a codearse con esa exigencia, pero lo que es mejor, es algo que viene piloteando de manera satisfactoria. Cuando las papas empezaron a quemar, se vio la mejor versión de este Central protagonista.
Hay dos finales más que tiene Central por delante que no escapan en absoluto a ese encuadramiento de obligaciones. Si no valida ese paso en los encuentros contra Sarmiento de Junín y Estudiantes de Río Cuarto, todo eso que hizo en esta recta final del torneo quedará en la nada frente a la ilusión del bicampeonato. Sí habría de igual forma una valoración de lo actuado.
Entre la espada y la pared
Más allá de eso, el tema en cuestión es ver cómo actuó este Central cuando la pelea por la tabla anual empezó a ponerlo entre la espada y la pared, frente a partidos en los que un resbalón podía conducirlo directamente a una caída.
Antes de cualquier análisis detallado, un número que oficia de fotografía, que muestra a las claras cómo se desenvolvió el equipo frente a situaciones extremas. De los últimos siete encuentros, el Canalla ganó seis y empató el restante. En esa lista se incluye, por ejemplo, una final en la que había un título en el medio, algo que refuerza aún más esta idea de que la presión no lo está afectando.
>>Leer más: A Central nadie le quita el sueño: gran triunfo para esa loca ilusión de ser campeón
Después de aquella victoria como visitante ante Barracas Central, el Canalla afrontó una seguidilla de partidos con resultados lejos de lo esperado, incluso con la eliminación de la Copa Libertadores. El empate ante Talleres no fue suficiente, la derrota contra Gimnasia resultó un golpe duro y el empate en el clásico un trago amargo. ¿De ahí en más qué? Una aceleración que se tornaba imprescindible.
Relegado en la tabla anual
La cuestión es clara: después de esos dos puntos que se escaparon en el final en el clásico, Central quedó a seis puntos del líder en la tabla anual (Argentinos Juniors) y con seis equipos por encima (además del Bicho, Independiente Rivadavia, Vélez, Boca y Gimnasia). Por eso la visita a Tigre ya tuvo ribetes de “todo o nada”. Pero claro, de nada hubiese valido el triunfo en Victoria si después no repetía en el Gigante contra Argentinos Juniors, a todas luces un rival directo, aunque ya a cuatro puntos y en la segunda colocación. Otra prueba superada.
Fue la mejor combustión para ir por otro partido en el que no había puntos en juego, sino un título. Esto es, mayor presión. Está fresco todavía el recuerdo de esa final en Santiago del Estero frente a Estudiantes con vuelta olímpica incluida en lo que ya era el tercer triunfo de manera consecutiva.
Una semana particular, distinta a todas, con varios días por delante para trabajar el próximo partido, pero con un gran festejo que, al menos por un par de días, desenfocó. Coincidencia o no, el rendimiento en cancha de Banfield fue de lo peor que mostró el equipo de Almirón en este tramo al que se hace referencia. Y con ese pálido empate sobre el lomo, otra vez la necesidad y la presión. En esta ocasión magnificada porque el rival no era otro que el por entonces líder de la tabla anual: Independiente Rivadavia. Patinar era caerse al precipicio. Con el agua al cuello, Central metió su mejor actuación en estos últimos tiempos con goleada incluida. Ya la diferencia con el puntero (Independiente Rivadavia) era de apenas dos puntos.
>>Leer más: Di María: "El objetivo es pelear absolutamente todo, volver a jugar la Copa Libertadores"
Una nueva exigencia
Pero lo mismo de siempre. De nada servía eso si no estaba a la altura frente al desafío de nuevo triunfo en el viaje a Tucumán. Lo logró. Quizá sufriendo más de la cuenta por cómo se dio el arranque del partido, pero fue con el único resultado que prácticamente lo mantenía en carrera. Ya la distancia de los líderes Boca y Argentinos Juniors era de un punto.
¿Más presión? Sí. De local, contra un rival incomodísimo como Huracán, al que las últimas cuatro veces que lo había enfrentado le había ganado. Es que resignar puntos podía tener secuelas difíciles de subsanar. Ahí la presión fue la de siempre, pero también con la posibilidad de trasladarla a sus rivales directos.
>>Leer más: Central: el gol de Emanuel Coronel que le pone fin a las "cargadas" de sus compañeros
Lo que viene para Central
Lo que viene no alterará nada. Es que Central está metido en una conversación subida de tono, en la que cada interlocutor pretende gritar más fuerte que el resto. Y esas mismas exigencias que vive el Canalla es la que enfrenta el resto. Pero por el lado de Arroyito está claramente expuesta la certeza de que la presión no es algo que haya provocado temor o, en todo, caso generado insolvencia.
Después de esa única seguidilla en el torneo de dos partidos como local en la que los resultados estuvieron lejos del ideal, el “a todo o nada” al que empezó a hacerle frente lo sobrellevó con altura. Siete partidos con seis triunfos, un empate y un título en el medio. Cuando la presión llegó para quedarse y lo abrazó, Central no sólo no entró en pánico, sino que aprendió a convivir con ella.
