Jueves 29 de Julio de 2010
Si los amistosos hay que tomarlos simplemente como un banco de prueba, el de ayer mucho más. Especialmente del lado de Rosario Central, que realizó su primer ensayo futbolístico en serio. Por eso los análisis pueden no abordar la realidad concreta acerca de dónde está parado el equipo de cara al inicio del campeonato. Pero sí hay algo que no puede ser pasado por alto, amén del amanecer futbolístico de los canallas: el equipo de Mostaza Merlo tuvo en varios pasajes mayor y mejor dominio del balón que Tiro Federal, pero fue el conjunto de Diego Osella el que pisó (apenas un par de veces) el área contraria con real peligro.
Es cierto que el equipo que paró ayer el DT auriazul poco tendrá que ver con el que debutará contra San Martín de San Juan. Al menos la mitad de los nombres serán distintos, con algunos futbolistas que ya están en el club (que ayer no actuaron) y otros que seguramente llegarán. Pero cuando la pelota se echa a rodar el ojo clínico actúa sobre lo que hay y la manera en la que funciona. En ese sentido, las deudas fueron grandes. Tal vez no para preocuparse, pero sí para tomar la debida nota.
La falta de ritmo se notó en la mayoría de los jugadores. Y eso hizo que el equipo transitara el partido por el carril de la lentitud y la previsibilidad. Sólo cuando la pelota caía en los pies de Jonatan Gómez se producía el cambio de ritmo. Igual eso no alcanzó para que los canallas lograran inquietar a la defensa tirolense. Es que en el primer tiempo sólo hubo un remate de Lucho Figueroa que se fue por encima del travesaño. Lo del segundo tiempo fue apenas superior. Porque se llegó con más asiduidad (siempre con Gomito como abanderado) pero con idéntica falta de profundidad.
Tiro tomó nota de esa parsimonia con la que se movía Central y sin un juego demasiado pulido se las ingenió para provocarle algunas preocupaciones, como lo fueron el cabezazo del Bicho Rossi (débil, a las manos de Broun) y el zurdazo de Charles Pérez (jugada de pelota parada) que Figueroa salvó prácticamente en la línea.
Después, nada más. De un lado y del otro. Porque Tiro privilegió el orden por sobre todas las cosas, pero careció de fluidez en el juego. Del lado auriazul hubo más ítems en el debe, aunque, por tratarse del primer amistoso, fue saludable la intención de hacer flexible el esquema (defendió por momentos con cuatro y en varios pasajes con tres). Lo mismo corre para el atrevimiento de Gómez y las solvencia de Sergio Rodríguez (ver aparte), una de las incorporaciones que concretó la dirigencia.
El camino que queda por recorrer hasta el inicio del torneo tendrá varios ingredientes, como los nombres que llegarán y que deberán mejorar lo hecho ayer en el Gigante. Al menos la maquinaria se puso en movimiento.