Domingo 27 de Febrero de 2022
Cuatro fechas y apenas cuatro puntos parece poco para un equipo como Central, con aspiraciones en un torneo particular, pero sobre todo corto, donde frente a determinadas deudas no habrá lugar ni tiempo para refinanciaciones. Es decir, todos los problemas que se sucedan partido a partido serán cada vez más difíciles de resolver. Y este Central del Kily González ya contrajo la deuda y empezó a meterse en varios problemas. Por supuesto los puntos son el principal inconveniente, porque ya en el amanecer del campeonato hay una carrera que corre desde atrás y con varios puestos por escalar, pero hay otros componentes que también generan incertidumbre y también malestar. Hoy Central se menea entre el equipo agresivo como lo es de a ratos y el que pierde las riendas, comete errores y sufre. Es el Central de las dos caras, el que por momento entusiasma y el que preocupa otro tanto.
El Kily dijo una frase después de la derrota contra Godoy Cruz que no deja margen para la duda. “Las formas de este equipo están muy claras. Tiene una forma y va a seguir por esa línea, por eso a mí me deja conforme”. Tiene razón el entrenador sobre cuáles es el ADN de Central a la hora de encarar cada partido y tiene que ver con que el protagonismo no lo negocia. El tema es esa falta de equilibrio que hace que el equipo entre en baches pronunciados de los que les cueste salir. Sin dudas es un punto a corregir.
Si Central se hubiese ido al descanso contra Godoy Cruz un par de goles encima hubiese estado bien, pero claro, la falta de definición hizo que el resultado siguiera abierto para cualquiera de los dos. Y lo dicho, en el complemento la fisonomía futbolística fue otra, más liviana, ya sin tanta agresividad, con menos creatividad y, encima, con errores más pronunciados.
Todo eso es lo que hace de este Central un equipo sin la solidez necesaria como para haber sumado en estas primeras cuatro fechas en la medida de lo que el grupo deseaba. Y cuando las cosas no salen, como también dijo el Kily, todo se hace “cuesta arriba”. Y hoy Central ya no está transitando sobre la llanura, sino que se encuentra en medio de una pendiente que lo obliga a acelerar para escalar, intentando que el retroceso no se potencie.
Hay un detalle importante en medio de esta historia y tiene que ver con que más allá de las condiciones que pueda imponer en medio de un partido, aun generando una buena cantidad de situaciones de gol, la gestación del juego no termina de solidificarse. Quizá el ejemplo más acabado de esto sea el bajo nivel que está mostrando Emiliano Vecchio, de quien se espera mucho más porque ya demostró que puede hacerlo.
Pero los vaivenes futbolísticos de Central son notorios dentro de un mismo partido y eso es, posiblemente, lo que más preocupaciones genera. Sería más “entendible” que pasara de un partido aceptable o bueno a uno regular o malo, pero no deja de llamar la atención los cambios de postura con espacio de algunos pocos minutos.
El último ejemplo es el que más claro y ejemplificador. Después de un primer tiempo en el que sin ser una máquina ni mucho menos logró generar unas cuantas situaciones de gol, de manejar el partido y de prácticamente reducir al rival a su mínima expresión, pasó a no generar nada y a ser sometido cada vez que el Toma se lo propuso. No obstante, entre ese primer tiempo “bueno” y ese segundo tiempo para el olvido, Godoy Cruz puso no menos de cinco o seis veces un jugar cara a cara con el arquero Gaspar Servio.
¿Y un poco más atrás en el tiempo? El partido contra Boca. Otra vez un arranque consistente, compacto, con visos de seriedad, y un complemento en el que borró con el codo todo lo que había escrito con la mano, más allá de no haber podido sacar diferencias primero por ese penal malogrado por Vecchio, lo que es lisa y llanamente, una situación típica de juego.
El único partido en el que Central logró mantener una fisonomía confiable fue con Vélez, al que sí jamás dejó jugar y al que le marcó la cancha de principio a fin. Antes de eso, había sido parejo el rendimiento contra Arsenal, pero siempre en un nivel de regular para abajo.
Central pasó de lo apenas discreto con Arsenal a las buenas sensaciones con Vélez y de ahí un viaje sin escalas a los vaivenes futbolísticos dentro de un mismo partido contra Boca y Godoy Cruz. Pero lo peor es que también afloraron errores del pasado, producto de esos retrocesos largos que resultan impiadosos. Y con el equipo lanzado en ofensiva por esa puesta en escena agresiva de la que habló el Kily y que, para él, es parte de la identidad del equipo, los dolores de cabeza no tardaron en aparecer.
Central tiene muy en claro a lo que intenta jugar, pero todavía no encuentra respaldo en ese equilibrio que le ofrezca una buena red de contención. Mientras se mueva de una banquina a otra, del protagonismo absoluto a la exposición plena, abrirá un ancho callejón en el medio que indudablemente le generará riesgos.