Viernes 19 de Agosto de 2022
La vida de Central se debate entre las pequeñas alegrías y también frustraciones, es un equipo que lejos está de consolidarse como tal y que va haciendo camino al andar, pero al menos en estos últimos días logró dar algunos pasos hacia adelante después de una enorme nebulosa que se había instalado en Arroyito, que parecía encender alarmas sobre el ciclo Tevez. Pero frente a la tormenta que pronosticaban aparecieron algunos signos de vitalidad, que acomodaron la estantería para que el entrenador trabaje con algo más de calma, lo mismo que sus jugadores. La prueba de fuego que tuvo el canalla en cancha de Boca fue superada ampliamente y fue ese un granito más de arena que se sumó a lo que había ocurrido algunos días antes, con la victoria ante Barracas Central. Central recobró la imagen de un equipo medianamente competitivo, lo que no es poco, y de ahora en más tendrá el desafío de potenciar el crecimiento.
El antecedente más inmediato, claro está, es lo que sucedió hace un puñado de horas en La Bombonera, donde se esperaba que Central estuviera a la altura y que no se cegara por el entorno, por la jerarquía del rival, pero sobre todo que no cayera en los pozos de amnesia futbolística en los que suele meter los pies de manera seguida. Y en esos 90 minutos demostró que si se lo propone y actúa en consecuencia puede darle pelea a cualquiera.
Es cierto, la descomposición futbolística por la que atraviesa Boca puede no resultar un verdadero parámetro para el rival de turno, en este caso Central, pero este equipo de Tevez ya dio sobradas muestras de que es proclive a bajar la guardia de un momento a otro y poner la mejilla para que lo golpeen.
Fue similar el escenario que vivió en el último triunfo, frente a Barracas Central, pero en esa ocasión hubo otros ingredientes insoslayables, que potenciaron la victoria. Porque hay que recordar que en un momento de mayor desconcierto futbolístico el equipo capeó el temporal jugando más de la mitad del partido con un jugador menos.
Si se destaca esta rachita de dos partidos es justamente por la ambivalencia que Central viene mostrando desde hace un largo tiempo, incluyendo el ciclo Tevez. Es así de simple la cosa hoy en Arroyito: el equipo desmejora, se cae y vuelve a recomponerse. Lo hizo ya en reiteradas ocasiones. Y ahora venía de un momento malo, con un par de derrotas (Central Córdoba y Tigre por la Liga Profesional) casi impiadosas y de la eliminación de Copa Argentina, ante Quilmes, de la que no es necesario aclarar absolutamente nada.
Tevez dijo confiar siempre en este plantel y en medio de esos partidos de tormento aparecieron un sinfín de cambios de un encuentro a otro, en paralelo con la aparición de varios chicos de divisiones inferiores, prácticamente sin recorrido en la máxima categoría. Y con ellos se le puso frenó a la caída. Algunos estuvieron contra Barracas y Boca (como el caso de Kevin Ortiz) y otros descansaron en este último encuentro (Fabricio Oviedo, Franco Frías -ambos ingresaron en el complemento- y Juan Cruz Cerrudo).
Pero Tevez entendió que también era momento para otros nombres, entregando señales respecto a que la decisión de cambiar varios jugadores de un partido a otro tiene que ver con el momento de sus futbolistas, además de la elección de los mismos en relación a la estrategia elegida. Por eso a la cancha la experiencia de Ignacio Malcorra y de Francis Mac Allister (es cierto que Mateo Tanlongo estaba suspendido) o las ganas de Ismael Cortez.
Por supuesto queda para el análisis más finito ese comportamiento diametralmente opuesto entre el primer tiempo y el segundo que mostró Central en La Bombonera, porque lo primero que hizo fue congruente con las palabras del Apache en la previa (“Si vamos a defendernos va a ser difícil ganarlo”, dijo), pero lo que vino después se apartó bastante de ese libreto. Posiblemente haya sido estrategia pura en esto de en un determinado momento empezar a jugar con la desesperación de Boca.
Lo cierto es que cuando las aguas parecían ponerse turbias, Central logró ponerse de pie nuevamente y mirar el futuro con una cuota mayor de optimismo. Lo que viene es empezar a caminar con pasos más firmes, pero al menos logró algo importante: detener la caída y sentir que tiene material para, al menos, mostrarse competitivo.