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Central: Cuatro puntos diferencian a este arranque del de la temporada anterior

En el fragor de la lucha los sentimientos van de aquí para allá. En el fútbol, una derrota caldea los ánimos, socava aspiraciones. Un triunfo apuntala, vigoriza, renueva esperanzas. Más allá de...

Jueves 18 de Octubre de 2012

En el fragor de la lucha los sentimientos van de aquí para allá. En el fútbol, una derrota caldea los ánimos, socava aspiraciones. Un triunfo apuntala, vigoriza, renueva esperanzas. Más allá de eso hay momentos que resultan clave para entretejer análisis para arribar a conclusiones. Que sin dudas resultan parciales, pero que bien pueden entregar indicios sobre la faena hasta ahí realizada. Hoy, con un cuarto de campeonato disputado, el sentimiento en Central está más ligado a la desilusión que al optimismo. Y hay un punto de inflexión en el cual se sientan esas bases. Todavía está muy fresco el recuerdo de lo ocurrido en la temporada pasada, en la que el ascenso se olfateó durante un buen tiempo, pero que finalmente no pudo degustarse. Siempre teniendo en claro que las comparaciones suelen resultar odiosas, más en casos como este, donde hay un cuerpo técnico nuevo y un plantel que se renovó prácticamente en su totalidad. Ahora, ¿es muy grande la diferencia entre este equipo y aquel que comandaba Juan Antonio Pizzi, que desde el principio se intuyó que iba a estar en la pelea? Desde lo estrictamente lúdico, cada uno tendrá su punto de vista. Es todo muy subjetivo. Desde lo numérico, la distancia entre uno y otro no es grande ni mucho menos. La diferencia es prácticamente una victoria. Cuatro puntos más había sumado el Canalla en las diez primeras fechas en el anterior certamen que esta versión que comanda Miguel Russo. 16 puntos contra 12. Por supuesto con menos equipos en el medio, pero con seis unidades de distancia con el del líder (River) y a cinco del segundo puesto de ascenso (en poder de Instituto).

Quedarse en ese análisis frío de los números podría desembocar en un grueso error. De esa forma se estaría abonando, tal vez, un conformismo absurdo, que de hecho hoy está lejos de existir. La comparación sí sirve para fijar ideas. Que elevando el nivel de juego (eso incluye una mayor solvencia en defensa y, por supuesto, una clara mejoría en la definición) es una de ellas.

Aquel equipo tenía menos poder de gol. Había convertido ocho tantos (tres menos que este), con la particularidad de que contaba con un delantero que ya demostraba que andaba en racha. La referencia va para Gonzalo Castillejos (4), quien tenía (y tuvo a lo largo de todo el año) un escaso acompañamiento por parte de sus compañeros a la hora de marcar. La misma cantidad de goles había sufrido. Hoy la ecuación se mantiene. Este Central marcó 11 tantos y recibió el mismo número. Claro, los delanteros, por ahora, no pueden meterla ni con la mano (sólo Bracamonte pudo festejar, ante Atlético Tucumán), aunque sí está el soporte de los mediocampistas, hasta aquí autores de las otras diez conquistas. Un aspecto para resaltar. El tema es que eso no alcanza.

Esos cuatro puntos de diferencia lo marcan las derrotas. Se sabe que arriba no se llega por casualidad, que hay todo un trabajo que realizar y que tiene que ver no sólo con mostrar potencial en la definición, sino también solvencia a la hora de defender, aunque una cosa vaya de la mano de la otra. Lo concreto es que en esa ocasión cuatro derrotas parecen ser muchas, al menos para un equipo que, según su técnico, sus jugadores y su dirigencia, se armó para pelear en lo más alto.

La efectividad en cuanto a la localía no difiere demasiado (9 puntos contra 8), pero sí lo hecho fuera del Gigante (7 contra 4). Aquel equipo era menos goleador pero más efectivo y tenía otra manera de jugar, por ahí apostando más al desgaste físico del rival que ahora. Pero la sensación era otra. Seguramente el hecho de estar una temporada más en la B Nacional es lo que más irrita y lo que achica al mínimo el margen de tolerancia. Es impaciencia del lado de afuera y ataduras, muchas de ellas, emocionales, del lado de adentro. Todo eso cuenta y hace a la diferencia entre ambos procesos, más allá de que la misma, sobre todo por lo que aún resta por jugarse, sea escasa.

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