Sábado 23 de Agosto de 2008
Volvió a sellar el certificado de irregularidad. Lo hizo ante los ojos de la precariedad de Brown, que venía de porrazo en porrazo. Central Córdoba sigue sin encontrar ese rumbo que necesita para llegar al destino anunciado con muchas luces. Hasta ahora el charrúa es, más que una versión innovadora que ya salió al ruedo, un mero prototipo. Transmite la sensación de que carece de una consigna clara más allá del esfuerzo que hacen los ejecutores para vivir otro presente. Los de Tablada se volvieron con una derrota de Adrogué, un traspié que es la resultante de una pobre actuación.
Tal vez sea hora de acentuar con énfasis algunos detalles para no continuar pecando de inocente. Córdoba tiene algunos valores interesantes como para ejecutar otro plan. Es que la línea de tres volvió a tener otro uso horario con respecto a los intermitentes volantes. Los puntas luchaban pero se topaban con el escudo humano implementado por los necesitados tricolores. Encima, la cancha de Brown se caracteriza por sus cortas dimensiones, lo que obliga al visitante a ejecutar una estrategia acorde a las circunstancias. Y en ese aspecto Carrario falló. Su equipo no encontró variantes cuando el rival le propuso un juego sucio, sobre todo en mitad de cancha.
Más allá de las falencias reiteradas del charrúa, a los 16’ Pierani aprovechó un rebote y llevó paz al banco charrúa.
Pero el tricolor se levantó del inesperado sopapo y empezó a complicar. Tan es así que antes del cierre del primer acto, Romero primereó a Leguizamón y puso la casa en orden.
Córdoba lidiaba con la impotencia de querer y no poder porque no tenía un plan trasparente con qué llevarlo a cabo. Esa falencia lo metió por momentos contra su territorio y lo dejaba preso de su irregularidad.
Si bien Bangert tuvo que intervenir con autoridad dos veces, también hay que destacar que Brown realizó un par de contraofensivas que no terminaron destruyendo el objetivo por fallos en la logística cuando los de arriba se encargaban de poner en aprietos a la delgada línea defensiva rosarina.
Los de Tablada iban a los ponchazos. Trataban de infiltrarse en el área rival, pero la mayoría de sus intentos no podían terminar lo que tanto les costaba generar.
Mientras que el tricolor, empujado por las necesidades propias de llegar con tres derrotas al hilo, no se quedó conforme con el empate y empezó a meterse en el campo de la ambición. Y cuando la realidad marcaba que el empate era una fija, apareció el ex charrúa José Luis Pelanda para alegría de su gente.
Córdoba se lanzó desenfrenadamente al ataque, pero no tomó los recaudos suficientes en la retaguardia. Y por eso no extrañó que Villamayor marcara el 3 a 1 final.
Cayó Córdoba y esto lo obligará a futuro cercano a replantearse algunas pautas, porque está a la vista que aún tiene mucho por hacer y mejorar.