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Central anotó pocos goles pero tampoco genera demasiado juego

Un equipo con poca capacidad goleadora tiene muchas menos chances de tener un andar seguro. Salvo que supla esa falencia con otros argumentos, como por ejemplo una solidez defensiva mayúscula. Central...

Jueves 13 de Octubre de 2011

Un equipo con poca capacidad goleadora tiene muchas menos chances de tener un andar seguro. Salvo que supla esa falencia con otros argumentos, como por ejemplo una solidez defensiva mayúscula. Central la tuvo en las primeras fechas y por eso la falta de gol no resultó un inconveniente insalvable. Pero ahora la cosa no es tan así. A un equipo que le convierten con mayor asiduidad, la escasez de goles comienza a pasarle factura. Y una cosa lleva a la otra. Por eso el cambio de sistema en el último partido, donde Juan Antonio Pizzi buscó un estilo de funcionamiento que allane el camino al arco rival. Además, desde estas páginas ya se dio cuenta de que las mayores responsabilidades a la hora de convertir recaen sobre el lomo de Gonzalo Castillejos y que detrás de él no hay un equipo que colabore en ese rubro.

Hablar de los ocho goles que hoy tiene Central en los diez partidos disputados alcanza para tomar real dimensión del problema. Por la sencilla razón de que se está hablando de menos de un gol por partido de promedio (de ellos tres fueron convertidos en condición de visitante los otros cinco de local). Y porque sólo cinco equipos (Ferro, Almirante Brown, Deportivo Merlo, Atlanta y Chacarita) están por debajo de esa línea.

Pero en la vida las cosas, generalmente, suelen tener un porqué. La poca consistencia en lo que al juego se refiere es lo que hoy más atenta contra esa falta de gol. Después, la alta efectividad puede resultar, como ocurrió en las primeras fechas, una ayuda vital, clave. Lo concreto es que esa certeza en la definición hoy no es tal.

Por todo esto es que Pizzi se vio obligado, más después de lo ocurrido contra Almirante Brown e Independiente Rivadavia de Mendoza, a romper el molde táctico que venía utilizando y jugársela con otro esquema (el 4-2-3-1 expuesto contra Quilmes), que entregó una mínima cuota de claridad.

Hoy los problemas para desequilibrar en los últimos metros siguen estando, por ende las chances para convertir no aparecen y, como obvia consecuencia, tampoco los goles.

Que en el último partido a Gonzalo Castillejos no le haya quedado una sola pelota clara de gol es un claro llamado de atención. ¿Por qué? Porque el delantero, que marcó cuatro de los ocho goles, sigue siendo el único jugador capaz de convertir. En este rubro el resto sólo acompaña y poco aporta en esto de formatear un equipo con alternativas potables.

Claro, hoy la necesidad de una victoria está por encima de todo, pero para alcanzarla es necesario cumplir con ciertos requisitos. Y hay uno que es inevitable. Así, cuando Central mejore decididamente su funcionamiento y calibre la mira en la definición, los caminos se allanarán por decantación.

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