Ovación

Central agravó su situación con otra derrota por errores propios, esta vez ante Huracán

La presión de lo que está en juego le volvió a jugar una mala pasada a Central. No porque falte hombría ni no se deje el alma, sino por los errores infantiles que lo exponen a la condena. La derrota de anoche ante el candidato Huracán en el Gigante no sólo se explica por la indudable jerarquía del rival del medio hacia adelante...

Domingo 24 de Mayo de 2009

La presión de lo que está en juego le volvió a jugar una mala pasada a Central. No porque falte hombría ni no se deje el alma, sino por los errores infantiles que lo exponen a la condena. La derrota de anoche ante el candidato Huracán en el Gigante no sólo se explica por la indudable jerarquía del rival del medio hacia adelante, sino ante todo por los obsequios que a esta altura de la temporada y con el fantasma del promedio ya envolviéndolo persistentemente, se pagan muy caros.

Fue una incomprensible mala salida de Borzani la que lo privó a Central de un resultado favorable ante el líder Lanús en la fecha pasada. Fue un error de parecida concepción en el gol del Globo, pero mucho más la correcta expulsión de Burdisso (ver página 3) con menos de 10 minutos en juego lo que volvió a ponerlo de rodillas. Un panorama de difícil resolución por lo poco que queda en juego y porque la lucha de Central es, en definitiva, consigo mismo.

Y pierde. Anoche jugó 10 contra 11 y, amén del dato objetivo, fue el mejor símbolo de lo que enfrenta este equipo, más allá del esfuerzo de sus hinchas para emparejar las cosas con un apoyo incondicional en un momento que pone los pelos de punta a cualquiera.

Ante un rival muy bien de la cabeza y de los pies como Huracán, entrar perdiendo tanto en el resultado como en el número de jugadores es un cóctel explosivo. Y más si enfrente hay jugadores inspiradísimos como De Federico y, sobre todo, Pastore, muy bien catalogado como la joya de este campeonato. Por eso, ante el panorama que se planteó desde el minuto 9, el partido ya no fue el que pensó Russo de entrada. Ya no pudo discutirle la posesión de pelota al Globo de igual a igual. Y en la situación menos deseada, apenas si le quedó margen de reacción para suplantar a los dos laterales por zagueros, lo cual le permitió pertrecharse mejor y evitar que el trámite se definiera rápidamente.

Fue un dique de contención táctico que le permitió al menos seguir con vida hasta que otra vez Pastore definiera promediando el complemento, tras otra buena asistencia de De Federico. Y luego también, cuando Brazenas le dio una chance a Central con un penal a Franzoia que Moreno transformó en el descuento.

Para que la esperanza siguiera encendida mucho tuvo que ver Broun, que abortó muchos intentos de Huracán y fue el punto más alto de un equipo partido en el juego por las circunstancias previas y del momento, que arrimó a los ponchazos casi siempre y con mucho corazón. Como cuando entre Vizcarra y el Equi armaron el último borbollón en el área del Globo y casi lo empatan cerca del final.

Entre un equipo que sabía lo que hacía y otro que hacía lo que podía, el resultado se terminó abrazando a la lógica. Por eso uno lucha por el título y el otro por evitar el abismo. Nada parece consolar a este equipo que anoche dejó en casa una porción de sus chances de evitar la promoción, aunque no todo está perdido. Pese a la tremenda amargura, a la conciencia de lo que una derrota así significa a esta altura, la masa canalla despidió a los jugadores con aplausos. Si ese aval sirve para maniatar los nervios que lo traicionaron, acaso todavía no habrá que perder la fe.

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