Lunes 19 de Mayo de 2008
Para Ricardo Caruso Lombardi, el partido del viernes ante Colón fue una bisagra. Hay un antes y un después en su proyecto luego del punto logrado en Santa Fe. Ese resultado devolvió la confianza en su trabajo y desactivó algunos cuestionamientos que sembraron las derrotas ante Independiente y Huracán. Nada hubiera sido igual para el entrenador si en Santa Fe coleccionaba otro traspié. Está claro que su relación con la gente no se hubiera deteriorado. Pero, pese a todo lo que logró desde que asumió el desafío de Newell’s, sí necesitaba dar señales de reacción. De demostrar que no había perdido la brújula del equipo ni el control de la situación.
Caruso salió nuevamente a flote en un contexto complicado. Es que debió reemplazar a piezas fundamentales justo cuando el equipo insinuaba con desinflarse. Y lo hizo con una inteligencia asombrosa. Porque a cada vacante, por más importantes que sean, la llenó de variantes imaginarias y dio en la tecla en el momento de las decisiones.
El resultado obtenido y el rendimiento mostrado del equipo les dieron holgadamente la razón. Caruso respondió con la instantaneidad de un entrenador que sabe lo que hace. Salió adelante de una parada bravísima, ideó un plan para aclarar el camino ante eventuales nubarrones y monitoreó con aciertos el rumbo de sus dirigidos.
Y, como si eso no fuera suficiente, pasó de romperse la cabeza para disimular al máximo las ausencias a reacomodar la estructura que pacientemente había edificado fecha atrás. También ahora tiene una formación bajo la suela para recibir el sábado a Olimpo. Todo gracias a la respuesta de algunos jugadores que no venían aprovechando sus oportunidades y otros los que directamente estaban colgados de una percha.
A la cabeza de esta realidad hay que ubicar a Héctor Gaitán. El defensor que cometió el garrafal error ante Olimpo en el Apertura pasado era, hasta la semana pasada, un firme candidato a dejar Newell’s a partir de junio. De hecho, antes de la nueva convocatoria, pasaba sus días en Bella Vista alternando entre la cuarta división y la reserva. Con su actuación ante Colón le dijo a Caruso que no era material descartable. De ahí que la idea del DT es darle otra oportunidad y probarlo como variable de ajuste, mientras espera las vueltas de Nicolás Spolli y, sobre todo, la de Rolando Schiavi. También Caruso puso la cara por Pérez, Fideleff y Aguilar, y los tres quebraron una lanza por él.
Si hay un atributo que vale apuntarle a Caruso Lombardi es que pocas veces pierde la vertical cuando debe tomar determinaciones. Nada de lo que hace es fruto de la improvisación. Todo pasa por el zarandeo del análisis. Mucho de eso hubo la semana pasada, cuando algunas voces se levantaron para cuestionarlo, y él les respondió en la cara como un gran piloto de tormentas. l