Los abrazos del final en la cancha de Lanús delataban las auténticas sensaciones
de los jugadores de Central. El empate ante los granates fue muy productivo. Los gestos tras el
pitazo de Pompei confirmaban esa lectura. La igualdad formalizó la salvación del descenso directo.
También sirvió a Central para cambiar el paso de visitante, para mantener a raya a Racing a tres
jornadas del cierre del torneo y para brindarle nuevos bríos al sueño de salvarse de todo, el
viernes en el Gigante.
Los hinchas auriazules ya lo están imaginando. Se palpó en
cada conversación, en cada canto que brotó del codo que les destinaron ayer a los visitantes en el
sur del Gran Buenos Aires. Si bien Central hace rato que abandonó la zona roja de la promoción, la
calculadora sigue siendo una perversa consejera y no deja de alimentar mil y una especulaciones. Si
el conjunto de Madelón vence a Tigre en Arroyito en la próxima fecha y Racing no supera a
Independiente en el clásico de Avellaneda, la armada canalla quedaría afuera de todo. Alcanzaría la
salvación dos fechas antes, podría sacarse la demoníaca soga del cuello de una vez por todas y
finalizaría el campeonato caminando con más tranquilidad.
Eso que hasta hace muy poco parecía una corajuda ilusión,
hoy está muy cerca. Más si se tiene en cuenta el pobre andar de Racing, que arrastra su alma en el
tramo final del campeonato y en cada fecha recibe una nueva cachetada. El equipo de Juan Manuel
Llop (que no contará en el clásico ante Independiente con su estratega, Maxi Moralez) se hunde cada
vez más y pinta como posible las licencias matemáticas que disfrutan los simpatizantes
auriazules.
La unidad que sumó Central vale, y mucho. Le permitió
vencer una barrera muy temida que en determinados momentos se acercó peligrosamente y generó dudas.
El descenso directo era un riesgo que regó de angustia toda la excursión en el Clausura. Pero ahora
esa posibilidad pasó al olvido. Con la recompensa de ayer Gimnasia de Jujuy quedó a diez puntos y
San Martín de San Juan no tiene chances de llegar a la plataforma canalla, ni siquiera ganando todo
lo que le resta. Eso genera alivio y confianza para encarar la última parte de la misión que
todavía persiguen Madelón y compañía.
Central intuye que la resolución de su ansiada permanencia
está a la vuelta de la esquina. Pero también es consciente de que en este punto no puede fallar y
que debe mantener su ritmo de producción, sobre todo en el Gigante de Arroyito donde cada vez se
siente más cómodo y a cada pleito lo transforma en puntos.
Para eso no tiene que nublarse con los comentarios de posibles transferencias de
jugadores, con los rumores de incorporaciones ni con las negociaciones de la gran cantidad de
contratos que se están resolviendo en el plantel superior. Si pasa esa prueba, logrará su anhelado
objetivo.
Así está Central. El empate lo dejó entonado, conforme, motivado por las claves
que arroja el tablero de definición del Clausura. En la parte más caliente de la lucha ya despejó
su mirada, infló su espíritu guerrero y respira cada vez más liviano para encarar el tramo final.
También mira de reojo, pero ya sin culpas, la salvación. Sabe que estar muy cerca de la meta es muy
bueno. l