Domingo 06 de Febrero de 2022
Mabel Cecilia Borga es licenciada en historia, pero su pasión por el canotaje la llevó a tomar otros rumbos para estar más cerca de lo que ama. “El camino de mi vida me llevaba al deporte e hice el profesorado de Educación Física para legalizar la situación”, cuenta la protagonista que es entrenadora-docente desde hace más de dos décadas y es la responsable directa de la performance que han tenido palistas como Facundo Pagiola, Pamela Basualdo, Sofía Marano o Chiara Gutiérrez, por ejemplo, nombres que dejaron bien alto el canotaje de la región a nivel nacional e internacional, participando de Suramericanos, Panamericanos y Mundiales. Tanto en Baigorria como en la Escuela Municipal de Canotaje de Puerto San Martín (donde está al frente desde hace 22 años), la mayoría de los chicos y los entrenadores de las distintas escuelas fueron alumnos de Borga. La gran mayoría, por no decir todos, en algún momento pasaron por “la escuela de Mabel”. En el plano personal, si se escribiera la historia del canotaje en la provincia, ella figuraría como la primera santafesina en participar de campeonatos nacionales e internacionales ya que antes en la actividad no había mujeres, estaba reservada solamente a los hombres. Fue medallista suramericana y panamericana. Borga es de las que piensa que con el esfuerzo y el trabajo se pueden lograr los objetivos. Su vida lo demuestra, por eso su palabra es más que autorizada para hablar del tema.
La casa en Granadero Baigorria donde nació estaba separada por algunos metros de la barranca del Paraná. Por ese entonces, hace cincuenta años atrás, en esa zona no había nada y el río se mostraba en su modo más natural. Su familia siempre estuvo vinculada al río al punto que sus padres fueron los fundadores de la Asociación Náutica Reserva Natural, con el objetivo de mantener en ese espacio para los vecinos de la zona y alguna actividad náutica deportiva.
“Empezamos con una piragua, que en aquellos años eran de madera”, recordó Borga sobre su primera embarcación, la que generalmente descansaba en la arena hasta que decidían cruzar a la isla. En ese ambiente, Mabel empezó a nadar, un poco por la necesidad de tener una herramienta de subsistencia.
“En la década de los 80 empiezo a remar y a participar de competencias que se hacían en ese momento, todas muy improvisadas, como podría ser la bajada del Río Carcarañá, por ejemplo”, continuó Borga para contar sus comienzos en el canotaje. “Tenía alrededor de 10 años y es ahí cuando me empiezo a interesar del canotaje como deporte de competencia, algo que en la provincia no existía. Por esa razón me fui a Buenos Aires a aprender a remar los botes de carrera”, prosiguió.
Casi sin querer se arrimó a la docencia desde chica. “Con mi familia, teníamos la costumbre de que muchas veces nos íbamos remando a la isla y volvíamos nadando. Eso hizo que muchos vecinos me empiezan a pedir que le enseñe a nadar o a remar a sus hijos. Lo mío era una cuestión totalmente intuitiva, porque con apenas 16 años tenía chicos a los que les enseñaba a remar y/o a nadar. Todos mis días en las vacaciones los pasaba en el río, con los pibes del barrio hasta que formamos la escuela de canotaje”, reveló Borga quien empezaba a escribir con trazos más gruesos su historia en el deporte.
¿Qué pasó después?
Empecé a meterme en lo que era la competencia, a aprender un poco de técnica de entrenamiento y demás en el Club Canottieri Italiani de Tigre, que fue el primer club donde empecé a descubrir el canotaje de velocidad y más tarde en la selección argentina de canotaje. En mi último año de competencia, empiezo a abocarme a la actividad acá, en todo lo que es entrenamiento y a darle la impronta del canotaje de velocidad y competencia a toda la zona. Así se generó la escuela de la Reserva, y después se agrega el club Náutico Sportivo Avellaneda, el club El Quillá de Santa Fe y la Escuela Municipal de Puerto San Martín que son los que actualmente practican el canotaje de competencia en la provincia de Santa Fe.
¿Cómo fue tu relación con el seleccionado argentino?
Competí con el seleccionado nacional hasta el año 1997/1998. El canotaje tiene distintas especialidades y yo empecé en el equipo de maratón. Dentro de lo que es bote olímpico de carrera se corre la maratón, que son alrededor de 30 kilómetros, y la velocidad, que son regatas de 200, 500, 1000 y 5000 metros. Yo engancho en el equipo de maratón que era lo que más se adaptaba a las características de navegación en nuestro río Paraná. Acá no hay pistas. Participé de algunos Sudamericanos y después entré en el equipo de velocidad, donde participo también en Sudamericanos y Panamericanos. También corrí la Regata Internacional de Río Negro.
¿Cómo fue tu inserción en el staff de entrenadores del seleccionado argentino?
En este deporte hay gente que es autodidacta y otra que tiene una formación muy buena, que son generalmente ex atletas olímpicos que se hicieron entrenadores haciendo cursos en el exterior. Lo que yo hice fue acercarme a gente como esa, como Miguel Sánchez, un entrenador cubano que fue el gran maestro del canotaje para la Argentina. Vino para los Juegos Odesur de Mar del Plata en 1995 y fue el que impulso todo el sistema de entrenamiento que aún hoy se usa. Después me empiezo a meter como ayudante de otros entrenadores, como Luis Merlo, hasta que en un momento Osvaldo Mazzoli me convoca a ser parte del staff de entrenadores. Para mí fue un orgullo enorme. Empecé y tuve la oportunidad por ser mujer de que me becaran para hacer cursos afuera del país donde participaban entrenadores varones. En México me pasó que iba a entrar al curso y muy amablemente me piden que “espere afuera”, pensando que era la mujer de alguno de los entrenadores. Cuando le respondí que era asistente al curso, no lo podía entender. Originalmente era un ambiente de hombres, ya no. A nivel nacional, arranque con un equipo de varones en canoas y cuando se habilitó la disciplina para mujeres empecé con ellas. Después me pasaron al equipo de kajak de damas. Así estuve hasta el año pasado que estuve con el equipo Junior y el Sub 21 que participó de los Juegos Panamericanos de Cali 2021. Ahora se cerró el ciclo olímpico y se redistribuyen los cargos y actualmente soy la Directora Técnica Nacional de las Escuelas de Tecnificación Deportiva de la Federación Argentina de Canoas.
¿Qué tiene de particular el canotaje?
Comparados con otros deportes,te diría la soledad, porque si bien es un deporte de equipo, estás solo en el bote; y es sufrido, porque es en invierno. Todos nuestros ciclos de competencia arrancan en marzo o sea que entrenás y competís durante todo el invierno.
Parece el cuento del revés: en verano descansan y en invierno compiten
Nuestra realidad es que nos manejamos por el calendario europeo: nuestras competencias principales son los mundiales, los suramericanos, los panamericanos y todas están regidas por el calendario europeo. Vas a tener un Mundial en agosto, porque es en el verano europeo. Cuando hay recursos económicos podés ir a entrenar afuera, por el calor, y cuando no la hay entrenás en el frío y te vas unos días antes de la competencia. Entrenaste con 4º acá y llegaste a Portugal, por ejemplo, con 38º.
¿En cuánto influye?
Influye un montón en la parte física, te desfavorece. A nosotros nos pasó el año pasado. Preparamos el equipo júnior para el Mundial que se hizo en Portugal. Viajamos cinco días antes, entrenamos acá con 4º en pleno junio, haciendo trabajos cortos, tiradas de cancha de 200 metros y donde necesitás descansar 15 o 20 minutos, congelado arriba del bote. Después hacés otra tirada y lo mismo, pero ya no sentís ni las manos ni los pies del frío. Es muy duro, y les cuesta más a las nuevas generaciones que son, en cierto sentido, más light.
¿Por que crees que al canotaje se lo asocia más a un pasatiempo que a un deporte de alta competencia?
Porque lamentablemente acá no hay cultura del deporte. Este es un deporte europeo, de Europa del Este, y acá se toma como un medio para ir a la isla a tomar mates o hacerse un asadito. Siempre lo comparo con el ciclismo de pista o el mountain bike con la bicicleta playera. El que agarra una bici playera para ir al laburo o visitar un amigo no es ciclista; como el que agarra un kajak para ir a la isla a tomar mate no es un palista. Es su medio de transporte. Creo que esa es la principal diferencia. El canotaje tiene una técnica del gesto deportivo, una metodología de enseñanza y de entrenamiento y un reglamento, por eso es un deporte.
¿Cómo ves el deporte en nuestra zona?
Acá generalmente durante la mayor parte del año, por la mañana ves la lancha de los clubes con la gente que entrena, reman a la mañana y a la tarde van al gimnasio y trotan. No vas a ver otra gente que no sea esa entrenando. Son grupos reducidos en proporción a la cantidad de gente que concurre al río en verano o los fines de semana.
¿Hay chicos de alta competencia en esos grupos?
Sí, muchísimos. En nuestra zona hay campeones argentinos, sudamericanos, panamericanos y finalistas en mundiales. Tenemos un alto nivel deportivo.
¿Y que diferencia tienen en el entrenamiento?
El equipo que tengo a cargo, que es Junior, está remando 100 kilómetros semanales. Tienen 17 horas de entrenamiento en la semana. Estamos hablando de chicos de 16 años. Además corren una hora, una hora veinte y a veces además tienen una hora de gimnasio de complemento. No se cómo serán las cargas en los otros deportes. En los clubes el trabajo es similar, participan de las concentraciones con los equipos nacionales viajando al lugar donde se realice. Además van a la escuela o a la Facultad como los demás chicos.
¿Cuánta gente practica el canotaje en nuestra zona?
En nuestro club, en temporada llegamos a tener 100 chicos en escuelita, en lo que es iniciación. Después en el equipo de competencia serán unos treinta palistas. Calculo que en Náutico los números son parecidos y son 15 de competencia en Puerto San Martín y en la Escuelita más cantidad porque es gratuita. Después pará de contar. Para la competencia no es un deporte masivo.
¿Qué le falta para que lo sea? Es un deporte poco conocido, como la esgrima.
Tiene esta paradoja. En los Juegos Panamericanos de Cali 2021 fue el deporte que más medallas sacó. Junto con Vela fueron los dos únicos que ganaron en su especialidad, fue el deporte que más medallas de oro le aportó, más que cualquier otro, y sin embargo es uno de los que menos difusión y apoyo tiene. En Cali Argentina sacó 19 medallas de oro. El Canotaje sacó 8 en total de las cuales 5 fueron de oro. Creo que hace falta difusión, visibilidad. En una ciudad rivereña saber nadar y remar debería ser una materia en la currícula de las escuelas. Nosotros trabajamos con algunas escuelas de Granadero Baigorria, los alumnos vienen con sus profes de educación física a aprender a remar.
¿Por qué crees que no tienen ese apoyo que les falta?
Es algo cultural. No vende. Fuimos a Colombia, un país que no pelea el medallero con nosotros porque les ganamos cómodamente. El club de Cali donde nosotros nos alojamos, tenía un flota de botes mayor que toda la selección Argentina junta. Un club. Cuando miraba la botera no lo podía creer. Acá para comprar un bote tenés que ir mendigando. Es más, teníamos un centro de entrenamiento en Puerto Roldán que ahora, con los recortes que hubo, lo cerraron y trasladaron todo a Buenos Aires. Ese centro de entrenamiento fue el que le dio todas las medallas. De Cali, con el equipo de Velocidad Sub 21 se esperaban 4 medallas de oro y nosotros sacamos 5, sin contar las otras (1 de plata y 2 de bronce) que no estaban ni en los planes. Superamos las expectativas y sin embargo al centro lo cerraron por una cuestión económica. Ellos (los dirigentes) saben que de alguna manera, la gente del canotaje, resuelve los problemas, tiene un cuerpo de entrenadores que hace todo.
¿Eso no hace que muchos sean tentados para irse?
Sí y ya hay muchos entrenadores se están yendo al exterior. Afuera llama la atención que con “dos botes” saquemos tantas medallas de oro. Piensan que somos tarados mentales por la pasión que le ponemos y así nos están empezando a seducir, y la gente se empieza a ir, además porque ganamos una miseria. El entrenador de Uruguay es argentino y el de Ecuador también. Ahí te das una idea. Es una fuga de talento en el canotaje. Uno está acá porque quiere. Yo pasó mucho tiempo con esto porque me apasiona, pero si tengo que vivir de esto no lo puedo hacer. Es como un club de barrio, que se sostiene por el esfuerzo de algunos. El canotaje es como un club de barrio pero que tiene un nivel internacional, que llegó por distintas circunstancias allí. Acá, en Baigorria, tenemos un botera chiquita y nada más. No tenemos ni un techito, ni un baño y de acá es uno de los chicos (Benjamín Cardozo) que fue a Cali. Con nada esta gente saca resultados. Son muchas horas de trabajo y eso no se ve. Nosotros estamos solos. Somos entrenadores, preparadores físicos, no tenemos ayudantes, somos nosotros solos que hacemos todo, hasta cocinar. El estado contempla el mantenimiento del equipo absoluto, senior, pero las demás categorías se sostienen con los clubes, los padres y los entrenadores, le sale 0 peso.
¿Por que te volcaste a la docencia?
Yo no quise ser docente, de hecho nunca trabajé en la escuela como profesora de educación física. Me aboque al profesorado para tener un título que avale mis conocimientos, mi trabajo. Uno es docente desde el momento que entrena a los chicos, pero no me gusta la formalidad de la escuela. El ambiente cerrado de una escuela no es lo mío. Yo creo que lo más importante de transmitir a la hora de enseñar son los valores que enseña el deporte, la disciplina, el respeto por las reglas y por lo compañeros, la constancia.
Cómo entrenadora y como docente, ¿Cuándo te sentiste realizada? Vos decías que muchos pasaron por la escuela de Mabel ¿En qué momento sentiste que todo el esfuerzo que hiciste y hacés tuvo un correlato?
No tanto con los resultados deportivos porque esto es formar gente, pasa más por el lado humano... Cuando nos echaron de la Asociación Náutica Reserva Natural y toda gente se vino para acá, para formar un nuevo club. Todos se vinieron a la nada, porque no teníamos ni un bote. Empezamos con lo que pudimos rejuntar. Hubo muchísima gente que vino a ofrecerme su bote personal para que pueda empezar a dar clases para que tenga elementos la escuela. Fueron 30 años que sembré buena onda con la gente y hubo un ida y vuelta, porque en el momento en el que yo necesité, esta gente respondió. Ahí sentí que lo que había hecho no cayó en un saco roto. Hoy el nuevo club se llama Asociación Civil de Canotaje La Reserva.
Una familia que la rema
Mabel tiene tres hijos. Pilar, de 22 años, Julia, de 19 y Pedro de 17. “Todos dijeron que nunca iban a remar y de hecho hicieron vóley, gimnasia deportiva y rugby. Aprendieron a remar y nadar por un legado familiar, porque estando al lado del río tenían que aprender sí o sí, hasta que un día les picó el bichito. Mi marido viene del rugby, Hugo Cabral, jugaba en Logaritmo. Tuvo una lesión que le impidió jugar, empezó a remar y de ahí en más se metió en el canotaje de lleno y hoy es dirigente”, destacó Borga.