El plantel de Boca ya está en la Argentina. Luego de un viaje agotador que comenzó el lunes en
Tokio, jugadores, cuerpo técnico y dirigentes regresaron al país tras haber perdido el domingo la
final del Mundial de Clubes contra Milan por 4 a 2.
El ambiente en Ezeiza no era el que, tanto jugadores como hinchas,
habían soñado antes de partir hacia el continente asiático para enfrentar primero a Etoile de Túnez
y después al campeón de la Champions League, que había derrotado al Urawa Red Diamonds de Japón.
Doscientos hinchas. Si bien había unos 200 hinchas en el aeropuerto, que brindaron
palabras y cantitos de apoyo con banderas, Boca no pudo repetir los festejos por toda la ciudad tal
como lo había hecho en 2000 y 2003 después de haber ganado la Copa Intercontinental en la
definición por penales al equipo italiano. En 2000, Boca había derrotado 2 a 1 a Real Madrid,
aunque un año más tarde sucumbió frente a Bayern Munich de Alemania por 1 a 0 en tiempo
suplementario.
El tema que acapara la atención de todos, incluidos los dirigentes, es
saber si Miguel Russo continuará siendo o no el técnico de Boca, que comenzará la pretemporada el
próximo 7 de enero en La Posada de los Pájaros de Tandil.
En su arribo, el entrenador se mostró exhausto tras más de 40 horas de
viaje y sólo alcanzó a decir: “Las expectativas de seguir uno las tiene, pero habrá que
ponerse de acuerdo en todo. Me quiero sentar a ver lo que pretende Boca, y que escuchen lo que yo
pretendo, porque esto es una negociación” (ver aparte).
La delegación xeneize partió el lunes ayer al mediodía desde el
aeropuerto de Narita, en Tokio, con destino a París, una de las dos escalas previas al regreso a
Buenos Aires.
Seis horas en París. Permaneció seis horas en la capital francesa, y luego
emprendió viaje hacia Santiago de Chile, donde arribó ayer a la mañana. De ahí, tras una espera de
alrededor de dos horas, al aeropuerto de Ezeiza, para volver a pisar tierras argentinas. Aunque el
sabor amargo por la final perdida en Japón todavía sigue sintiéndose en La Boca. Ahora la obsesión
arrancará con el torneo local y continuará, una vez más, con la Copa Libertadores.






























