Lunes 30 de Enero de 2012
Hoy hay diferencias. Uno es el campeón de primera división. El otro es el segundo en el torneo de la B Nacional. Y ese plus fue nuevamente aprovechado por Boca, ganador de la Copa Luis Nofal, que derrotó 1 a 0 a River en Mendoza sin esforzarse demasiado, mostrando madurez para ir por la diferencia y suficiencia para defenderla. Nada más que eso. O tanto como eso, ante la desesperación del equipo millonario que dispuso de chances para igualarlo pero nuevamente los nervios lo traicionaron, como si la lucha que lo envuelve tenga más que ver consigo mismo.
Bastó una gran proyección de Pablo Ledesma (un gran refuerzo que sin dudas trajo Julio Falcioni) para que la ventaja que existe entre los dos tuviera correlato en el resultado. Llegó con mucho esfuerzo a la pelota antes que transpusiera la línea y tuvo lucidez para ubicarla en la cabeza de Pablo Mouche, que fue a buscar la asistencia de su compañero al corazón del área chica. El gol fue un puñal para River, que sobre todo no tuvo serenidad para confiar en sus condiciones e ir a igualarlo.
Y eso que lo intentó. Que buscó. De hecho, Almeyda planteó este partido como la revancha de Chaco (0-2) y puso a mayoría de titulares, algo que también hizo Falcioni, aunque guardó a algunos. Y tuvo buenas ocasiones de gol, como la que se comió Fernando Cavenaghi al final del primer tiempo. Tras una gran asistencia de Carlos Sánchez por derecha, el goleador millonario la tomó como venía en la puerta del área chica y la tiró por arriba.
Esa situación fue el signo de la impotencia de River, que intentó varias veces en el segundo tiempo penetrar con claridad al área del buen arquero Sebastián Sosa (que igual no lo exigieron mucho) y falló siempre en la definición. Casi nunca la pelota terminó bajo los tres palos o donde estaba el uno xeneize.
Es más, River generó peligrosas faltas en la puerta del área rival, pero Cavenaghi desperdició una y otra vez los intentos de tiro libre, en una mala noche de los delanteros, incluyendo la lesión de David Trezeguet (ver aparte) y la poca participación de su reemplazante Rogelio Funes Mori, que sólo se hizo notar cuando le pegó a Schiavi y lo sacó de la cancha (traumatismo rodilla derecha).
Boca fue sólido. Jugó tranquilo. Pisó cuando quiso el acelerador y reguló mucho, aprovechando la impotencia rival. Partidos así tuvo varios el equipo de Falcioni, que ganó en aplomo y mostró, otra vez, ser el amo y señor de los superclásicos.