Jueves 28 de Junio de 2012
Boca pasó de un estado de nirvana a uno de alerta y preocupación. Parecía que tenía el partido ganado pero Corinthians puso las cosas 1-1 casi de manera agónica. Y ahora deberá definir la serie de visitante. Esa fue la lectura que dejó la primera final de la Libertadores.
El xeneize se puso en ventaja, a los 72' con gol de Roncaglia, pero a los 85' apareció Romarinho para el empate.
La primera media hora mostró a un Corinthians sólido en el fondo, con mucha presión y movilidad en mitad de cancha, pero sin profundidad.
A todo esto, Boca no hizo pie en el fondo, menos en el mediocampo y ni hablar en ataque. Sin dudas la presión que ejerció Corinthians sobre Riquelme nubló al equipo de Falcioni.
Pero así como el “10” no tuvo una noche inspirada, tampoco lo ayudaron Erviti por izquierda y Ledesma por derecha. Entonces, Boca no tuvo fútbol ni volumen de juego y sólo Silva complicó a una defensa que casi no tuvo fisuras.
De hecho, a los 33', el uruguayo sacó un remate que se desvió en Leandro Castán, en lo que fue la primera situación de riesgo para el local.
Pero tal vez esa jugada le sirvió como inyección anímica a Boca, porque en los diez minutos finales de la etapa inicial se adueñó de campo y pelota, aunque sin profundidad, y desestabilizó al fondo visitante.
Todo esto, a partir de un crecimiento en el juego de Riquelme y sus laderos.
Un párrafo para el árbitro chileno Ossés, quien se equivocó seguido. Le sacó ritmo a Boca al no sancionar varias faltas y luego perjudicó a Corinthians al no expulsar a Roncaglia.
En el complemento Boca mostró otra actitud y una mayor ambición. Así, a los 49' una buena jugada colectiva derivó en un remate de Riquelme que se fue apenas desviado.
Luego Corinthians logró salir del asedio. Recién a los 62' Mouche lo inquietó con un remate de adentro del área.
Pero Boca, producto de ese cambio de actitud, fue y fue y a los 27' llegó al gol luego de que Roncaglia apareciera para empujar la pelota luego de que el defensor Chicáo sacara con la mano sobre la línea (era penal y roja).
Pero la alegría xeneize tuvo punto final. Porque a los 85' llegó el empate. Romarinho (el hijo de Romario), quien definió exquisitamente ante la salida de Orion.
Pero sobre el final tuvo el triunfo en dos cabezazos, primero con Viatri y después con Cvitanich, quienes habían ingresado por Silva y Mouche, pero el travesaño y la falta de puntería les negaron el gol. Fue un final frío. Con sabor a poco.