Racismo

#BlackLivesMatter, esa fuerza que no para y también reclama al olimpismo

Thierry Henry se manifestó contra el racismo en la MSL y permaneció hincado el mismo tiempo que tardó el policía yanqui en matar al afroamericano Floyd. El Movimiento Olímpico pide que los atletas puedan expresarse.

Domingo 12 de Julio de 2020

Ocho minutos y 46 segundos fue el tiempo que tardó el policía Derek Chauvin en asesinar al afroamericano George Floyd el 25 de mayo en Minneapolis luego de que éste le pidiera más de 20 veces que se detuviera porque lo iba a matar, asfixiándolo con la rodilla en el cuello, en otro caso de abuso de autoridad. 8 minutos y 46 segundos estuvo arrodillado, cabeza gacha, con la mano derecha en alto y puño cerrado el francés Thierry Henry, entrenador del Montreal Impact en la Major League Soccer (MLS). Tití hizo el gesto del Black Power apenas ingresado al campo de juego para enfrentar a New England Revolution en el regreso a la actividad en Orlando. Fue un homenaje a Floyd y su raza pero sobre todo una demostración más, de las tantas que se multiplican en el mundo, de que el movimiento Black Lives Matter (Las vidas negras también valen) está más vivo que nunca. A un año de los Juegos Olímpicos de Tokio 2020 (serán en 2021 por la pandemia), este tema también reaviva los pedidos sobre las prohibiciones que tienen los atletas de expresar sus posturas políticas en este tipo de competencias.

Nada es casualidad. Henry conmovió con el tiempo que prolongó el gesto, mientras el partido estaba jugándose. Y lo hizo en EEUU, justamente, donde ocurrió el hecho y donde las cuestiones de racismo parecen no cesar. Más: el gesto del Black Power fue inmortalizado por dos norteamericanos en los Juegos Olímpicos de México 1968. Black Power fue un movimiento en sí, pero también un ícono de los Juegos. Tenía una variable, la de estar de pie. El agregado de Tití, hincado, tiene que ver con la popularidad que tomó el mismo reclamo de los jugadores del fútbol americano en el momento en el que sonaba el himno estadounidense. El francés, que en sus momento se expresó fuertemente sobre las dificultades con las que deben convivir las personas de raza negra, también llevaba puesta una remera con la inscripción Black Lives Matter.

El movimiento, incluso la denominación como un uso de hashtag (etiqueta y el # antecediendo al nombre) surgió en 2013 luego de la liberación del vigilador de Florida George Zimmerman, acusado de matar sin motivos y por la espalda a un joven afroamericano de 17 años.

El asesinato de Floyd y estas manifestaciones constantes, sobre todo en figuras de relevancia como el propio Henry en lo que respecta al deporte, reavivan cuestiones surgidas en las últimas semanas, con otras estrellas mundiales que le solicitaron al Comité Olímpico Internacional (COI) que derogue la vieja normativa que prohíbe cualquier tipo de manifestación política en los Juegos. Ante los oídos sordos, uno de los últimos reclamos surgió ni más ni menos que de un protagonista exclusivísimo de esta historia: John Carlos, ícono del Movimiento Olímpico.

Carlos y su compañero Tommie Smith ganaron medallas en los 200 metros llanos y subieron al podio descalzos y vestidos totalmente de negro. Tras recibirlas levantaron puños con guantes y agacharon la mirada. El Black Power había surgido en EEUU como símbolo de unidad en defensa de los derechos de la población negra y tras el asesinato de Martin Luther King, líder del Movimiento por los Derechos Civiles. Aquel episodio les valió ser expulsados de los Juegos Olímpicos. Para cuando los dos atletas dejaron la capital azteca, el mensaje ya estaba diseminado por todo el mundo.

“Ya estamos cansados de ser vistos y tratados por los blancos como animales, No somos ratones ni cucarachas. Estamos cansados de ser caballos de exhibición. Como ahora hemos ganado dirán que han triunfado unos norteamericanos. Si hubiéramos hecho algo malo hubieran dicho «lo hizo un negro». Somos atletas. Hemos ganado medallas para hacerle ver al mundo nuestra actitud y nuestras razones. El Comité Olímpico de EEUU es enemigo declarado de los atletas negros”, dijo Carlos antes de dejar los Juegos. Paradójicamente, los guantes para el podio les fueron provistos por el australiano Peter Norman, ganador de la medalla de plata en esa prueba, porque Carlos olvidó los suyos y es por eso que uno levantó la mano derecha y el otro la izquierda.

Hoy, ese mismo Carlos le reclama al COI que quite lo que se conoce como la “ley mordaza”, que es una regla en la Carta Olímpica que prohíbe a los atletas expresar sus ideas.

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El Black Power fue uno de los dos hechos más significativos en la historia del olimpismo y las luchas raciales. El que lo precedió tuvo lugar en Berlín 1936 (vaya paradoja, a los atletas se los saludaba con el gesto del Führer): Jesse Owens, descendiente de esclavos africanos pero nacido en Alabama y quien trabajaba como maletero en un lujoso hotel, consiguió el récord histórico de ganar cuatro medallas de oro: en 100 y 200 llanos, en la posta y en salto en largo, con Adolf Hitler en la primera fila de las gradas. Nadie sabe muy bien cuánto hubo de verdad y cuánto de mito, pero hay un relato contundente que dice que una vez que abandonó la pista, debajo del estadio, Owens le negó el saludo a Hitler. Algo así como una buena cachetada al gran líder del nazismo en su propia casa.

De George Floyd a tantos otros. De Thierry Henry a los cientos de deportistas que en el mundo le dicen que no al racismo y a los abusos. De Jesse Owens a John Carlos, Tommie Smith y el Black Power. El mundo implora por ser un nuevo mundo, mejor. Ese reclamo atraviesa todo, también al olimpismo que, acartonado y resistente, ya dio cierto mensaje: les pidió a los atletas que prioricen sus carreras por sobre sus ideologías. Entonces, la eliminación de la regla polémica en la Carta Olímpica parece lejana. Aunque para Tokio falta.

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