Ovación

Bien de familia

Luisina Giovannini, número 1 en el ránking nacional sub 12, es hija de un campeón mundial máster de ciclismo.

Sábado 24 de Febrero de 2018

El empezó con fútbol, pero terminó siendo ciclista: en 2011 llegó a lo alto del podio en 200 metros pista de la categoría master en el campeonato mundial de Ciclismo, en Manchester (Inglaterra). Ella empezó con patín y ahora juega al tenis: es número uno del ránking nacional sub 12. Son padre e hija. El es Edgardo Giovannini, de 47 años, y ella, Luisina, de 11. Ambos nacidos y criados en la pequeña localidad de Coronel Moldes, al sudoeste de la provincia de Córdoba, donde uno de sus personajes ilustres es el fallecido sindicalista Agustín Tosco. Una ciudad separada de Rosario por 483 kilómetros, una distancia que empezaron a hacer la pequeña tenista y sus padres para que la nena, que promete, entrene en el club del country de Palos Verdes, a cargo del también moldense Saúl Erlicher. Una distancia que tal vez se haga más habitual. Una historia de herencias: biológicas, pero también de legado de sacrificio, cualidades deportivas y reconocimientos alejados, más que en la propia tierra.

Ovación habló con ambos deportistas porque son una muestra de que aún con muy poco se puede llegar lejos. "Estamos haciendo muchos esfuerzos porque a Luisina le gusta jugar y lo hace bien. Vendí tres bicicletas que tenía y me compré un auto para poder llevarla y traerla a entrenar y jugar. Y estoy hasta el cuello en lo económico, pero bueno, estamos viviendo un sueño, y no la obligamos a nada: si ella quiere seguimos, si no nos volvemos a casa", dijo el papá, quien durante catorce años de pedaleo fue campeón interprovincial, cuatro veces campeón argentino y tres veces campeón panamericano antes del título mundial. Un ídolo, sin placa ni monumento en una localidad de 10 mil habitantes. "Y encima cuando llegué de Manchester me quedé sin recibimiento porque no andaba el camión de bomberos", se rió.

Luisina es más lo que escucha y observa que lo que habla. Sólo se vuelve locuaz con la raqueta y la pelota. Así lo demostró cuando peloteó para las fotos de esta nota en una de las canchas del predio de Fisherton, donde no le preocupó quedarse sin vacaciones para hacer su primera pretemporada. Ni le molestó dejar el pan o empezar a comer un sólo helado los domingos, según confesó. Entrenó unas cinco horas por día, de martes a sábado, durante ocho semanas (dirigida por el equipo French Clay conformado por Erlicher, Renzo Rovetto y el deportólogo Nelio Bazán). Sin embargo dice no estar cansada, sólo "contenta".

En todo ese tiempo sus padres, un comerciante y una ama de casa, se hospedaron en un pequeño hotel céntrico rosarino y viajaron cada día 30 kilómetros "por Luisina".

El esfuerzo parece haber dado sus frutos. La nena, representando a la Federación Santafesina de Tenis, le ganó la final del Abierto del Jockey Club de Rosario a la segunda tenista del país en su categoría por 6/0, 6/0 y también se quedó con el Regional de Tigre, por 6/2, 6/0, tras vencer a la tercera en el ránking.

"Lo mejor que tengo es el revés y lo que tengo que trabajar mucho más es el saque", dice al autoevaluarse la admiradora de Serena Williams, María Sharapova y Roger Federer.

Tanto ella como su papá son hinchas de Boca y del Toro Club Social, uno de los tres del pueblo que formaron la Alianza Moldense, junto a Everton y Atlético Belgrano, en 2014/15. La unión logró formar el primer equipo de la Liga de Río Cuarto en alcanzar la fase final de Copa Argentina (cayó por penales al empatar 1 a 1 contra Independiente). Allí, en Toro empezó la vida deportiva para Luisina y su papá.

"Patinaba y me gustaba pero veía cerca mío cómo jugaban al tenis y me pasé. Mi primer entrenador fue Sergio Juve y empecé con una raqueta que me prestó mi hermana María Victoria: ella dejó, yo seguí", contó la nena. Y su papá, que también dio en Toro sus primeros pasos, dijo que jugaba al fútbol, que también probó con el tenis (su primer profesor fue casualmente Erlicher, quien ahora entrena a Luisina), "pero un día apareció mi viejo con una bicicleta de carrera y allí me quedé", dice el hombre a cargo de un taller de bicicletas, quien tuvo tres hijos con Stella Maris también ciclista, y quien comparte con su hija Luisina la manía de acumular trofeos por toda la casa.

El entrenador de Luisina asegura que tiene desde hace años contactos deportivos en Francia y dice eufórico que la nena es "una matadora", que "es todo un diamante para pulir", que le ve pasta de "campeona", que es una "pequeña Serena" y arriesga que llegará a competir en un Orange Bowl.

Adelanta que Luisina tendrá en breve sponsors franceses, algo que le daría un respiro a la familia que cuenta sólo con apoyos de dos sindicatos de su provincia al momento de alojarse.

La nena, que escucha y observa, dice que sueña con jugar alguna vez en el exterior, pero quiere terminar la primaria en la escuela de su pueblo (la Nicolás Avellaneda) y hacer el viaje de estudios con los compañeros a Carlos Paz.

"¿Y, qué querrías estudiar al terminar el colegio?", preguntó este diario. "Ummm por ahora pienso en jugar al tenis. Ojalá me pueda dedicar a jugar", dijo ella. Y el papá agregó: "Y, en mi familia se respira deporte". Bien de familia.

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