Clásico rosarino

Bauza movió mejor las fichas del pizarrón

Central neutralizó muy bien los circuitos de juego de Newell's y también acertó con los cambios.

Lunes 11 de Febrero de 2019

Fieles a su estilo. Uno con intenciones de tener la pelota, el otro de romperle el juego y aprovecharse de las malas. Newell's y Central, los técnicos Héctor Bidoglio y Edgardo Bauza tiraron a la cancha dos ideas claras y dibujaron un pizarrón que no salió de la lógica (4-2-3-1 y 4-4-2, respectivamente). Sin misterios. Sólo que en ese mano a mano ganó Bauza, cuyo equipo sacó el rédito del aplomo y hasta tuvo en el epílogo varias chances claras para llevarse el triunfo a Arroyito.
De nuevo Central lo ganó desde la táctica. Los jugadores se aferraron al libreto. Atados a él los resultados están a la vista. De atrás para adelante, apoyado en la seguridad de Jeremías Ledesma, el canalla comenzó a edificar un empate que, de no haber sido por las manos de Aguerre, terminaba en victoria. Los centrales Leandro Caruzzo y Miguel Barbieri neutralizaron a un tímido Luis Leal que todo lo mejor que hizo como centrodelantero fue un cabezazo que sacó Ledesma cuando se metía contra el palo, abajo. Por el lado de Gonzalo Bettini, Newell's no inquietó y Alfonso Parot fue una fiera en el lateral izquierdo. El chileno anuló a Figueroa en el primer tiempo, al punto que el Negro fue reemplazado en el entretiempo. En el complemento, amonestado y tocado físicamente (estuvo en duda toda la semana por una distensión), tuvo la misión de marcar a Cristian Insaurralde, al que volvió a neutralizar. También hizo lo mismo cuando rotaron en ataque los primos Maxi y Alexis Rodríguez. A ninguno les permitió prosperar. Incluso ya sobre el final del partido, Parot se animó desde afuera del área.
En el medio es el lugar en el que Bauza encontró el rédito. Por allí empezó a desactivar los circuitos de juego. Rinaudo se le pegó como estampilla a Mauro Formica, el encargado de la creación, por lo que los volantes y laterales leprosos debían buscar otras opciones. Con Maxi y Figueroa tapados, los creativos del Parque Independencia, los hombres de la experiencia, casi no aparecieron. No gravitaron. Braian Rivero, el encargado de distribuir para atrás y para adelante, fue asfixiado permanentemente por los centrodelanteros Claudio Riaño y Fernando Zampedri, quienes alternaron el ahogo sobre el mediocampista cuando intentaban buscar los del fondo, Fabricio Fontanini o Stefano Callegari. A ellos también forzaron toda la tarde, entre uno y otro.
Leonardo Gil fue de nuevo el más claro en el intento de aceleración canalla hacia el arco de enfrente. Lo de los laterales Agustín Allione y Washington Camacho estuvo aceptable, pero el Colo optó siempre por pedirla, bajarla y por socavar marcas en busca de sus centrodelanteros. A Newell's no le alcanzó con esos viejos conocidos de buen pie: ni Maxi, ni el Gato ni Figueroa. No encontró alternativa desde los laterales Facundo Nadalín y Mariano Bíttolo (también a cargo de las pelotas quietas) quedaron expuestos, sobre todo el primero. Jerónimo Cacciabue poco pudo ir hacia adelante como en los partidos anteriores. La neutralización a Rivero tuvo que ver con eso.
El local tuvo mejor porcentaje de tenencia en el partido pero eso no le garantizó profundidad. Fue una sombra de sí mismo y una idea de poco desarrollo. A Central le vino bárbaro darle la pelota. Se la dejó en los pies y lo esperó todo el primer tiempo detrás de la mitad de cancha, para salir a lastimar a partir de allí. Rompió el juego en la mayor parte del partido y cuando vio a su rival ya cansado, superado ante la impotencia de haber hecho el esfuerzo sin sacar réditos, fue a ganarlo. Con un Newell's casi quebrado entrelíneas, Central tuvo varias claras en los últimos minutos de partido, que hubiesen cambiado el marcador. En sucesivo Alan Aguerre les sacó pelotas de gol a Maxi Lovera, Germán Herrera y Pablo Becker. También acertó con los cambios Bauza: Lovera y Becker le dieron otra movilidad en ataque (por Riaño y Zampedri) y el Chaqueño punzó en cada pelota que tocó. Del otro lado, Insaurralde, Alexis y Joaquín Torres no pudieron torcer el destino de un Newell's aturdido por los clásicos esquivos y la pesadilla a la que invita la chance de perder.


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