Ovación

Batman y el Guasón

Alguna vez Fontanarrosa recurrió al cómic para representar cuánto se precisan canallas y leprosos. Emparejar para abajo genera un conformismo que atenta contra el crecimiento. El fútbol rosarino necesita que Central salga campeón

Martes 14 de Noviembre de 2017

Lo que sigue requiere un ejercicio imprescindible: sacarse la camiseta de Central y Newell's, sobre todo la rojinegra, hacer revisión histórica o preguntar a los veteranos de la familia y pensar.

   Alguna vez, el genial Negro Fontanarrosa dejó en una entrevista con este diario una frase para la posteridad: "Newell's es para Central como el Guasón para Batman: malo, pero imprescindible".

   El fútbol rosarino necesita un título de Central. Para volver a crecer y dejar de emparejar para abajo es imprescindible que los dos equipos sean competitivos, sean protagonistas, den vueltas olímpicas, se mezclen en competencias internacionales, recompongan las inferiores de otros tiempos, conformen planteles de jerarquía y tengan dirigentes que, justamente, dirijan, conduzcan, gestionen y no se sometan tibiamente al veredicto de las redes sociales o los humores bipolares de los resultados.

   Un ejemplo en escala. Fue necesario que Newell's ganara un clásico para cortar la hegemonía de Central desde que volvió a primera. Para que el clásico vuelva a ser competitivo y a la altura de las pasiones que separan a la ciudad. Como fue muy importante que se cortaran de cuajo los tibios, casi pusilánimes, empates 0 a 0 de otros tiempos.

   Otro ejemplo pero actual. A Newell's le cayó como anillo al dedo la eliminación canalla de la Copa Argentina el viernes. Mientras Central estuvo en competencia, los graves conflictos internos de los rojinegros se mantuvieron a la luz. Ahora, la transición hacia 2018 será mucho más tranquila y sin tanta exposición. Pero eso no es lo que necesita Newell's para volver a ser: precisa un sacudón para recuperar la institución que fue. Haciendo la plancha no se crece.

   Mientras Central estuvo en la B Nacional no hubo equivalencias y eso no es bueno para dos instituciones espejo que se retroalimentan de sus triunfos y fracasos.

   Sacarse la camiseta es un esfuerzo bastante grande, pero vale la pena hacerlo.

   En los 70 dieron el salto, crecieron juntos. Primero fue Central el que marcó una gran diferencia con dos títulos (1971 y 1973) a los que Newell's les respondió saliendo campeón en Arroyito (1974) ni más ni menos.

   Incluida la vuelta olímpica del 2 de mayo de 1987, la supremacía auriazul fue ostensible a pesar del descenso de 1984. Pero los rojinegros, subcampeones en el 87, fueron campeones en el 88 y llegaron a la final de la Copa Libertadores de América.

   A partir de allí Newell's no sólo compensó las diferencias, sino que superó el palmarés canalla en la primera división de AFA con los títulos de Marcelo Bielsa de 1991 y 1992, otra final de Copa Libertadores, la vuelta olímpica del equipo de Gallego en 2004 y la de Martino y su plantel en 2013.

   Es obvio que este sprint leproso es lo mejor que le pudo pasar al club del Parque. Tal envión supone que el crecimiento institucional profundizaría las diferencias entre leprosos y canallas que padecieron tres años consecutivos en la B Nacional. Pero no, todo lo contrario. Es que el amesetamiento es el principal enemigo de Newell's y Central. El tentador, cómodo y otra vez tibio conformismo se hace viral en Rosario cuando uno de los dos baja la guardia o está en la mala.

   Los dos grandes de esta ciudad se hicieron enormes y protagonistas creciendo juntos, emparejando hacia arriba. Aunque el folclore marque que las desgracias de uno son las alegrías del otro, sólo la alta exigencia los devolverá a los primeros planos.

   Aquí no se trata de poner a ninguno sobre nadie, sino de marcar cómo el mal andar de uno le permite al otro entrar en un estado de sopor que lo termina perjudicando.

   Y ahora con la Superliga en plena gestación, el abroquelamiento institucional de Newell's y Central debería ser una política innegociable para robustecer los cimientos. Y que todo lo demás quede para el folclore de las tribunas. Las dirigencias no deben responder a esos estímulos. En realidad no deberían, aunque todos sucumben a la tentación del tablón por impericia en sus conducciones.

   Hace muy poquito fue el Día de la Tradición. Esta cuestión es tan sencilla como aquella sentencia de José Hernández: "Los hermanos sean unidos, porque esa es la ley primera. Tengan unión verdadera en cualquier tiempo que sea, porque si entre ellos pelean los devoran los de afuera".

   Las diferencias deben ser dirimidas dentro del campo de juego, pero de la línea de cal hacia afuera deben conformar un bloque impenetrable. Alguna vez lo entenderán.

   Para que a Newell's no le resbale la espantosa crisis institucional que padece ni lo incomode políticamente necesita un Central protagonista que lo exija.

   Para que el error de contratar a Paolo Montero, gastar mucha plata en incorporaciones, jugar muy mal durante meses y estar último en las posiciones no quede en una anécdota, Central necesita a un Newell's protagonista y ganador que le exija permanentemente estar a la altura de las circunstancias.

   Para volver a crecer, para reeditar las dos fábricas sin chimeneas que históricamente fueron las inferiores canallas y leprosas, el fútbol rosarino necesita dos equipos en un rol estelar en todo momento.

   Para volver a crecer el fútbol de esta ciudad precisa imperiosamente que Central salga campeón.

   Folcloristas abstenerse. Se trata del fútbol rosarino, de los dos.

   Como dijo el inolvidable Negro Fontanarrosa: "Newell's es para Central como el Guasón para Batman: malo, pero imprescindible".

   O acaso no es lo mismo si se invierten los personajes: "Central es para Newell's como el Guasón para Batman: malo, pero imprescindible".

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