Batista es más de lo mismo
Se avecinan dos partidos que son clave para conocer el futuro de la selección. De la selección, no del seleccionador. En el reparto de críticas, si bien Basile viene ganando por escándalo, a esta altura algunos jugadores ya cosecharon varios puntos. El Coco, un hombre de códigos, fue muy claro desde el inicio. Dijo que Riquelme sería su pieza principal...

Domingo 14 de Septiembre de 2008

Se avecinan dos partidos que son clave para conocer el futuro de la selección. De la selección, no del seleccionador. En el reparto de críticas, si bien Basile viene ganando por escándalo, a esta altura algunos jugadores ya cosecharon varios puntos. El Coco, un hombre de códigos, fue muy claro desde el inicio. Dijo que Riquelme sería su pieza principal, que Messi lo acompañaría para herir al rival y que Mascherano sería un titular indiscutido.

  Es decir, de arranque jugó sin esconder nada. Hasta el planteo estaba claro. Jugaría con enganche y a partir del 10 de Boca, la selección manejaría la pelota pensando en el arco de enfrente. ¿Se podía discutir esto? Además, jugar con enganche significaba que se intentaría entrarle al adversario por abajo y era lo correcto de acuerdo a las estaturas y al manejo de Messi, Tevez y Agüero.

  Hasta ahí todo bien. Para afuera del equipo todo claro. Pero la situación no es la misma de la línea de cal para adentro y ¿qué se puede discutir? ¿Es casualidad o causalidad que a Brasil y Argentina les esté pasando lo mismo? En el fútbol, cuando se quiere, se sabe todo. El primer gran fracaso de una selección se produce en 1958 en el Mundial de Suecia, cuando Argentina fue a jugar con un gran desconocimiento del fútbol europeo. No había participado en los del 50 y 54, y muchos creyeron que se harían un picnic, sobre todo después de ganar el Sudamericano del 57. Los jugadores llegaron a Ezeiza y fueron recibidos con insultos de los hinchas y durante mucho tiempo recibieron agravios en las canchas.

  En Suecia, como hoy, se hablaba de camarillas. Esas versiones se llevaron puesto al DT, Guillermo Stábile. Hoy, si es cierto que los jugadores están divididos, ¿se llevarán puesto a Basile? No todos los cachetazos deben ser para él. No debe ser fácil dirigir a jugadores que ganan millones por año, sin hambre de gloria y con un futuro consolidado. Muchos aseguran que Batista es número puesto. ¿En qué cambian las cosas? El Checho también tiene códigos, ¿y si no llega alguien al que los jugadores respeten para qué cambiar? Llegó la hora de abrir la puerta de la concentración para que cada uno diga lo que tenga que decir y el que asuma el compromiso de ponerse la camiseta argentina lo haga como si fuera la última pelota de su vida. Basta con los códigos barriales y que se termine de una vez eso de que el jugador elija con quién quiere jugar en lugar de con quién debe jugar. l