Ovación

Bandera rosarina en camino al TC

Pedrito Boero vivió siempre rodeado de autos de carrera pero recién a los 16 se subió a uno. A punto de recibirse de ingeniero mecánico, sueña con que la ciudad tenga de nuevo un piloto en la máxima categoría, algo que pasó muy poco en la historia

Lunes 09 de Marzo de 2020

El 26 de octubre de 2019 Pedro Boero se subía a los más alto del podio en La Plata. Por supuesto, celebraba por la alegría de su primer triunfo en el TC Mouras, la estructura a la que decidió sumarse por el sueño de llegar a la máxima categoría del automovilismo nacional, dejando el TN donde su papá Ignacio dejó su huella y venía creciendo a pasos agigantados. Pero sin saberlo, ese día marcaba un mojón que espera agrandar. Fue la primera victoria de un piloto rosarino en la ACTC después de 20 años. Es que el aporte de la ciudad a la octogenaria categoría siempre fue raquítico y por eso quedaba tan lejana aquella celebración de José Luis Ricciardi en la Rotonda de Mar de Ajó, en el TC Pista del 99. Y este rosarino de pura cepa, que vivió siempre rodeado de autos de carreras pero recién a los 16 empezó a correr, al que sólo le falta la tesis para recibirse de ingeniero mecánico, en la UNR por supuesto, tiene la ilusión de cerrar esa brecha e instalar la bandera de la cuidad en el Turismo Carretera.

Boero creció dentro de la empresa familiar dedicada a ejes y suspensiones para camiones que empezó su abuelo (“Don Carlos, que me sigue a todos lados”) y siguió siempre a su papá, Ignacio Boero, por los circuitos del país. Pero no fue “hasta los 16 años que corrí por primera vez en karting de tierra”. De ahí lo esperaron los autos a cielo abierto de la Fórmula Renault Plus cordobesa. Luego saltó al nivel nacional en la Clase 2 y más tarde fue protagonista en la Clase 3, la mayor. Siempre pasó dos años en cada actividad. Ahí se consolidaba, pero apostó por quedar “a un pasito del TC”.

Pedro es el segundo de cuatro hermanos y el que más abrazó la pasión fierrera familiar. “Ahora el mayor, Carlos, está probando en la Fórmula Metropolitana”, dice, pero “sí, soy el más apasionado”.

“Toda la vida me la pasé con los fierros”, afirma. Y como ejemplo basta decir que con 15 años “fui uno de los mecánicos de Ardusso, cuando el Facu corría en el TN con uno de los autos de nuestro equipo”, el Citroen del Boero Carrera Pro hace una década. Y de hecho, “por eso elegí la carrera de ingeniería mecánica, aunque no tiene tanto que ver con los autos, sino que está enfocada más a la industria. Igual, las dos materias electivas las elegí en relación al automovilismo: motores y dinámica del automotor”. Con 24 años, le falta sólo la tesis, que “estoy terminando con un amigo. Esperamos presentarla pronto y recibirme”. Por supuesto, será en la UNR, donde fue distinguido (ver aparte), porque Boero es “de pura cepa rosarina. Soy bien de acá”. Vive en la ciudad, hizo la primaria en la escuela San Bartolomé y la secundaria en el Politécnico, “la mejor escuela de Rosario”, aclara.

Y después, “pasillo de por medio empecé la facultad”. Entre estudios y las carreras, su rutina diaria se llena con el trabajo en la empresa familiar donde sueña con llevar a Rosario a la categoría máxima, algo que hace mucho no pasa. “Creo que es el momento, con todo lo que se hizo en el autódromo, más allá de que lamentablemente no se correrá este año. Hay que aprovecharlo, estar ahí y disfrutarlo. Ojalá pueda ser yo el que represente a la ciudad y le dé buenos resultados”.

Por eso dio el salto. “Creo que era el momento de cambiar. Fue clave para empezar la escalera de la ACTC, porque tengo al menos dos años para llegar al TC. Desde ya el TN se me complicaba por el tema presupuestario y este proyecto salió justo. Ya estoy en el TC Pista y estoy a un pasito del Turismo Carretera”, explicó.

En su primer año en la ACTC en 2019, Boero peleó el título del TCM hasta la última fecha y ahora, en el reforzado equipo Rus Med Team también, sabe que la cuestión será mucho más difícil. “En la clasificación del viernes por ejemplo me compliqué solo, me fui de pista, rompí la trompa y en esta categoría no tenés tiempo de recuperarte. Fallás y perdés”. Además, “hay pilotos de mucho más experiencia”, porque a diferencia del TCM, donde suben de categoría los cinco primeros, del TCP al TC pasan sólo el campeón y el subcampeón. “Ojalá pueda dar el salto en el primer año pero sé que es muy difícil. El objetivo ahora es dar todas las vueltas y seguir aprendiendo. Todo es muy competitivo y hay que ir de menos a más. Y si Dios quiere llegar al play off, para que se defina todo en la última carrera”. Ayer cumplió esa meta.

El último rosarino en correr en el TC Pista fue Alejandro González, pero siempre lo hizo viviendo en Buenos Aires. En el TC el privilegio lo tiene aún José Luis Ricciardi, hace una década y media, después de competir en TCP. También incursionó brevemente en el 89 Ariel Bakst, el piloto de la ciudad que más lejos llegó en el mundo, ya que compitió a fines de los 70 en la F-2 Europea, la antesala a la Fórmula 1 adonde brillaba el Lole Reutemann, junto a Miguel Angel Guerra y Juan María Traverso. Y Ricardo Bonanno, aquel que se animó a correr con un híbrido entre un Ford (motor) y un Chevrolet (carrocería), al punto que las crónicas de la época lo identificaban con una u otra marca, ganó su única carrera de TC justamente en la Vuelta Ciudad de Rosario, de 1967. Alguno más se puede escapar, pero ahora es Boero es el que iza la bandera rosarina, en un equipo rosarino. La ciudad fierrera espera que pueda trascender.

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