Ovación

Automovilismo: Subirse a un auto de carreras y bajarse... para poder contarlo

"Dale a fondo nomás", dijo envalentonado el cronista apenas el motor de 300 caballos empezó a corcovear saliendo de boxes. En realidad, ya estaba totalmente jugado. Abrochado por el cinturón...

Jueves 27 de Junio de 2013

"Dale a fondo nomás", dijo envalentonado el cronista apenas el motor de 300 caballos empezó a corcovear saliendo de boxes. En realidad, ya estaba totalmente jugado. Abrochado por el cinturón de seguridad que imposibilitaba movimientos, cerrar los ojos parecía ser la mejor opción. Pero entonces, ¿qué hubiera podido escribir? Pese al temor (no se dice cag..o por no menoscabar el lenguaje) primó la obligación laboral y la experiencia se vivió como se debía. Bah! quizás agarrado a la jaula antivuelco con una mano y a la butaca con la otra, no era lo que correspondía, pero al menos así pudo salir este relato de subirse a un auto de carreras y bajarse para contarlo. Así fue la experiencia de quien escribe a bordo del Mercedes de Violeta Pernice, la piloto de Armstrong que hizo vivir a muchos la incomparable sensación de casi dos vueltas lanzadas en el autódromo Juan Manuel Fangio.

La invitación fue de la piloto que corre desde los 6 años y hoy se destaca en el Top Race Series con sus 21 años recién cumplidos. Dentro de la denominación "Sponsor Drive", Pernice invitó el viernes último al Fangio a patrocinadores y periodistas, y giró desde las 10 hasta las 16 casi sin parar. Salida a pista, acelerador a fondo ya en la zambullida del primer curvón, final de vuelta a toda velocidad por la recta, nueva escalofriante zambullida en el curvón rodeado por paredones que enseguida salen de la vista y otro giro incompleto para volver al pit, cuando las revoluciones del motor bajan al unísono a las del corazón del principiante que lo clamaba a gritos.

Ese curvón peraltado eriza la piel desde una tribuna, ni qué hablar adentro del habitáculo. Además, Violeta realmente no perdonó. Su mejor vuelta de clasificación fue cuando el TR estuvo en Rosario (en febrero) y rondó 1m 01 segundo, y el viernes giraba en 1m 04s. En automovilismo, 03s pueden ser una eternidad, pero Pernice no hubiera podido girar más rápido por dos razones: la categoría cuida que estos ensayos no se usen para probar elementos y por eso le puso un chip al motor, que lo limitó en mil vueltas. Y el Mercedes número 15 calzó gomas del TR Junior (desde Chaco desaparecerá) que son brasileñas, a diferencia de la turcas del Series, y más angostas.

Así que la piloto zonal anduvo realmente rápido. Y no sólo en el curvón, sino al final de la recta en que desemboca, donde se baja de 6ª a 1ª y el sacudón impacta. Bienvenidos los cinturones. Después vienen las curvas de 2ª y 3ª velocidad, y recién antes de la última del Fangio se llega a colocar 4ª para hacer la horquilla del fondo en 2ª o 1ª. Y se sabe que tras el ingreso a la recta llega la adrenalina mayor. Todos cambios ascendentes, velocidad en aumento hasta llegar a lo máximo (210, 220 kph, da igual) al entrar al curvón y de nuevo lo descripto, que a esa altura genera una lucha interna: que termine pronto la vuelta o seguir y seguir hasta que ese cosquilleo único se convierta en disfrute pleno. Fue la primera opción.

Poner un pie en el pavimento fue pisar tierra firme. Y sobre todo, valorar aún más al piloto. Pensar que esa simple vuelta se repite una y otra vez en una carrera con otros autos alrededor que pugnan por lo mismo, es dimensionar en un punto más justo lo que cada uno de ellos pone en juego cuando el semáforo se pone en verde. Y ponen en otro plano las valoraciones que se vuelcan luego en una opinión. En este caso, la invitación de Violeta Pernice lo hizo posible.

¿Te gustó la nota?

Dejá tu comentario