Domingo 14 de Septiembre de 2008
Hay momentos en que las circunstancias y el contexto ponen a prueba a los equipos. Argentino ayer se sometió a una prueba muy importante: saber cómo reaccionaría el equipo luego del duro traspié sufrido en Bolívar. Y el saldo fue altamente positivo. Un triunfo (1 a 0) ante Villa Dálmine que lo devolvió a la senda del triunfo y que le otorgó la derecha en esto de sentirse capaz no sólo de pelear por sumar en los promedios, sino para animarse a un poco más. Tal vez no mereció sufrir tanto por la exigua diferencia (jugó más de un tiempo con un hombre de más), pero esa es harina de otro costal, aunque se trate de un ítem que deberá ser corregido.
Sólo los primeros 20 minutos, en los que Villa Dálmine manejó mejor la pelota, aunque sin generar peligro, Argentino se mostró perdido. Es que la pelota no salía limpia desde la mitad de la cancha y eso hacía que a Fermín Salinas se le hiciera demasiado difícil entrar en el circuito futbolístico. De todas formas, el paraguayo fue uno de los principales artífices de la levantada salaíta.
A esa altura Arriola ya había empezado a poner la bocha bajo la suela y, cuando el campo de juego se lo permitía, a llevar a Argentino contra el arco visitante. El propio Tom fue quien la punteó con mucha lucidez para que Salinas quedara cara a cara con el arquero Borgnia y la tocara al gol con mucha justeza.
Iban apenas 23’ pero ese gol marcó un antes y un después. ¿Por qué? Porque toda la tranquilidad que ganó Argentino fue la que perdió Dálmine, que comenzó a hacer del partido una especie de guerra. En ese contexto fue meritorio lo del salaíto de no entrar en ese juego y responder con fútbol.
Allí fue donde creció la figura de Salinas y también la de Arriola. El Paraguayo encaró cada vez que pudo y contó con un par de chances muy claras. Casi la misma cantidad que las que dispuso el Tom en un segundo tiempo en el que la única cuenta pendiente fue la de no poder hacer circular el balón con mayor fluidez (hubo un solo sofocón sobre los 40’ tras un quedo de Celebroni) en pos del hombre de más que tenía el albo por la expulsión de Bertoldi a los 37’ del primer tiempo.
El resto, sobriedad y mucha contracción al trabajo. El penal que Ledo no cobró de Bargas sobre Salinas pudo haber simplificado mucho más las cosas, pero lo hecho hasta allí le alcanzó al salaíto para meterle justicia al resultado en un partido en el que el triunfo se tornaba necesario. l