Ovación

Argentina sacó adelante la serie ante Chile en el último punto

Sin embargo, en varios momentos del fin de semana estuvo contra las cuerdas.

Domingo 08 de Abril de 2018

Sin dramatismo no hay Davis. Y últimamente Argentina se acostumbró a sufrir. En las buenas y en las malas. Por eso, la imagen final de la serie ante Chile, con Guido Pella con los brazos abiertos en señal de liberación no puede menos que simbolizar la alegría por la victoria, pero también ser el signo inequívoco del padecimiento que significaron los cinco puntos y las dos jornadas "infartantes" desde las emociones. Finalmente, en San Juan, Argentina se llevó la victoria global sobre la roja por 3 a 2, luego de la victoria de Pella sobre Christian Garín y se ganó el derecho a jugar en septiembre por el repechaje para volver al Grupo Mundial del que cayó el año pasado. Estuvo contra las cuerdas en buena parte del fin de semana, llegó a estar más cerca de un repechaje para no seguir descendiendo en la Zona Americana que de la élite, pero se recompuso con lo justo. Le ganó a un rival clásico con el que no se veía desde hacía mucho, que con un equipo muy joven y de poca experiencia lo tuvo a maltraer. Esto es Argentina hoy, un equipo que no gana sin sufrir, porque no le sobra nada. Y que por eso celebró envuelta en nubes de papelitos celestes y blancos, bailando al ritmo de Daddy Yankee varios minutos después de obtener el triunfo como si fuera carnaval. Porque lo que cuesta se celebra el doble. Y porque, a veces, primero hay que saber sufrir.

   En un sábado hiperintenso y larguísimo para cada una de las cinco mil almas que coparon el impecable estadio Aldo Cantoni, Argentina cumplió el objetivo a partir de las dos victorias en singles: Diego Schwartzman sobre Nicolás Jarry por 6/4 y 6/4 y Guido Pella ante Christian Garín por 6/3 y 7/6 (3). El día lo había comenzado con el pie izquierdo, ya que cayó en el dobles de Máximo González y Guido Pella ante Nicolás Jarry y Hans Podlipnik por 6/7 (7), 7/5 y 6/3. La serie había quedado 1 a 1 el primer día, el viernes, por las victorias de Schwartzman y Jarry sobre Garín y Nicolás Kicker, respectivamente.

   Argentina ganó, celebró pero no le sobró absolutamente nada. Cada serie, en los últimos años e incluso la que la coronó campeona en Zagreb, Croacia, envuelve un drama que no exime temas. Y este fin de semana el drama radicó en vencer a un Chile que crece de la mano del capitán Nicolás Massú y del enorme talento de Nicolás Jarry, al que no le tiembla el pulso en este contexto. Con mucho más para ganar que para perder, los trasandinos pelearon cada punto hasta el último suspiro.

   Lejos de los tiempos de abundancia, sin una raqueta que pueda garantizarle nada, Argentina apeló más al corazón y al espíritu de supervivencia que a otra cosa. Peque Schwartzman, el as de espadas hoy, no tuvo las mejores presentaciones pese a ganar y él mismo reconoció haberle puesto "más huevos" que tenis a la eliminatoria. Pella, alegremente para el equipo albiceleste, pudo pasar de una versión demasiado deslucida en la mañana para reconvertirse en la tarde y llevarse el quinto punto. Pella es una montaña rusa, en el ánimo y en el rendimiento por Copa Davis, pero también es una muestra de cuánto se padece la presión y qué carácter se tiene para jugar un certamen como este.

   Hace un año y medio Argentina era campeona del mundo, hoy está lejos de aquello y debe ponerse el overol ante cualquier rival. Quedó demostrado ante Chile. Ya no es la misma sin Juan Martín Del Potro y algunas compañías (todos campeones 2016), lo siente y debe reconvertirse con lo que tiene. Aunque lo que tiene, hoy no sea demasiado. Vino a San Juan a buscar aire nuevo (algo encontró), con este equipo que también es nuevo, que necesita tomar confianza, asumir responsabilidades y devolverla al Grupo Mundial. Lo siente así, lo manda su historia.

   La agonía con la que Pella se impuso a Garín se disfrazó en los números finales. Pero el bahiense debió sacar su mejor versión para ponerlo de rodillas. Se amparó en el saque, en el drive y tomó decisiones de manera más inteligente que en el dobles. Se apoyó en el marco, en Orsanic sobre todo y creció en el propio entendimiento de saber que podía ganar. Lo consiguió pero no sin trabajo. Su partido fue un reflejo de la serie. Del sacrificio y del corazón que salvan cuando las piernas, los brazos o la mente no responden.

   No puede olvidar Pella cuánto le costó este tramo del camino. Tampoco el equipo argentino, que espera conocer en unos días a su rival para el repechaje y la oportunidad de volver a la élite, de la que cayó tras conocer la gloria a fines de 2016, cuando ganó la primera y única Ensaladera que tiene en la vitrina. Sufrió Argentina de nuevo, ante Chile, pero se fue con la mejor imagen final. Quizás porque primero, antes que nada, se insiste, hay que saber sufrir.

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