Argentina en la Bombonera: es la bandera, de la patria mía
Los colores albicelestes se unieron nuevamente con la selección de Messi y Scaloni, a tres días del balotaje que definirá el destino de la Argentina toda.

Jueves 16 de Noviembre de 2023

Argentina y el fútbol, una simbiosis perfecta. Dos actores que caminaron históricamente de la mano con la pasión como bandera. Hoy Argentina es más bandera que nunca, es la casa de una selección campeona del mundo que disfruta de mostrarse frente a sus hinchas y viceversa. Es la bandera quien peina canas desde hace un buen tiempo y del chiquito que recuerda lo que pasó en Qatar hace un año y no mucho más, al que el tiempo lo irá nutriendo de tantísimas cosas que pasaron hace mucho tiempo, en el fútbol y en Argentina como país. Hoy Argentina es esa bandera que flamea a tres días de un acto eleccionario que no es uno más, sino en el que se ponen en juego infinidad de cosas que forman parte del pasado, presente y futuro.

Argentina tiene el tremendo honor de mostrarle al mundo a un Lionel Messi, ese fuera de serie que parió esta tierra, vistiendo los bastones celestes y blancos, en el momento que sea y en el escenario que sea. En este caso fue en La Bombonera.

Ese casi extraterrestre sigue siendo el imán perfecto para un pueblo argentino todavía encantado por el logro en Qatar, que no hace otra cosa que agotar de inmediato las entradas para ver a la selección.

Y si hay un partido de selección en el medio cómo no va a estar la bandera argentina presente. Por eso el barrio de La Boca se transformó durante algunas horas en la cuna perfecta para esa alegría que tiene una raíz marcada: el agradecimiento.

Pero fue realmente impactante ver no sólo el durante (los 90 minutos de juego frente a Uruguay), sino el antes, con ese andar de la mamá o el papá caminando de la mano con el hijo. o del abuelo con el nieto.

Porque Argentina no es sólo el hoy, el equipo campeón del mundo. Argentina es el pasado también, el que tuvo a ese otro extraterrestre llamado Diego Armando Maradona viviendo el partido frente a Inglaterra en México 86 como una final del mundo, aunque no lo fuera. Es que sentimentalmente así lo vivía Diego y también el pueblo argentino.

Tantas camisetas y tantas banderas argentinas moviéndose en La Bombonera en una situación que sucede a menudo, pero en días de tanta virulencia discursiva y con tantos valores en juego sin dudas movilizó fibras.

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Argentina por supuesto tampoco es un partido de la selección, es muchísimo más que eso. Es un Estado como articulador social cuestionado como nunca tanto, pero que bajo ningún punto de vista puede permitirse dar un paso atrás en sus funciones esenciales, en materias tan sensibles como educación y salud públicas por ejemplo, y justicia social.

Es cierto, para algunos un partido de fútbol lo es todo. De hecho hubo quien puso a la misma altura la Guerra de Malvinas con 90 minutos de fútbol. Pero esa mamá, ese papá o ese abuelo ya tendrán tiempo de explicarle al niño el horror que significó ese 1982 trágico. "El que no salta es un inglés" de los minutos previos, cantado por todo el estadio. O las banderas del cántico emblema del Mundial de Qatar, "por los pibes de Malvinas que jamás olvidaré", facilitarían esas explicaciones.

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La mamá y su hijo, al que alguna vez le explicará lo que fue la Guerra de Malvinas.

La misma tragedia que gambeteó, algunos años antes, cuando la bandera fue utilizada como escudo protector, para intentar cubrir el momento más oscuro de la Argentina, del que no sólo hay reivindicaciones, sino signos elocuentes que apuntan a un despertar de ese accionar deleznable.

Argentina vive al ritmo del fútbol porque es un país que respira fútbol. Por eso la gratitud hacia una selección campeona del mundo, que bien merecido tiene ese reconocimiento. Y para Messi, para Di María, para Dibu Martínez, para Lionel Scaloni (todos surgidos en clubes de barrio con claros fines sociales que tan lejos están de pensarse en sociedades anónimas) no debe haber nada más emocionante que aquellos que algunas vez sintieron como enemigos (cuando las finales se perdían a granel), hoy pretendan abrazarlos con ganas y envolverlos con esa bandera con la que caminaron por las calles de La Boca e inundaron La Bombonera.

La mamá, el papá o el abuelo habrán sentido lo mismo cuando levantaron e hicieron flamear la celeste y banca. La bandera, de la patria mía.