Mañana cumple apenas 20 años y ayer se recibió de veterano de la Copa Davis, un
título reservado para muy pocos. Juan Martín Del Potro se colgó una mención de honor a la que no
pudieron acceder, por ejemplo, tenistas de la talla de Guillermo Coria, Franco Davin, Guillermo
Pérez Roldán, Gastón Gaudio. El solo se cargó al equipo argentino al hombro y lo sacó de un brete
muy complicado. El tandilense, destruyó las ilusiones rusas depositadas en Igor Andreev e instaló a
Argentina en la final de la Copa Davis, que por primera vez se disputará en el país. Tras la casi
cantada derrota de David Nalbandian frente a Nikolay Davydenko (ver aparte), Delpo, como ya lo
bautizó la gente, salió a jugar el partido más importante de su corta carrera. Se recibió de
jugador de Copa Davis en un curso acelerado de tres días. Argentina le ganó a Rusia 3 a 2 (parecía
el resultado más lógico antes de comenzar la serie) y enfrentará a España como local en la final
entre el 21 y el 23 de noviembre.
El gigante de 1,98 metro destruyó a Davydenko el primer día (6/1, 6/4 y 6/2) y
ayer hizo lo mismo con Andreev y con los mismos parciales, pero en distinto orden (6/4, 6/2 y 6/1).
Impactante, tremendo, sorprendente.
Del Potro solucionó los problemas que armaron los grandes. Juan Martín maquilló
la pésima decisión de hacer jugar los tres días a Nalbandian con una victoria que ni siquiera tuvo
el porcentaje tradicional de suspenso que genera un quinto punto.
Sometió a Andreev desde el fondo, a partir del saque, en la red y con las
devoluciones. La mezcla de potencia y precisión generaron un teorema indescifrable para un jugador
de los quilates de Andreev, acostumbrado a este tipo de batallas.
El primer set duró casi una hora (51') y Delpo lo ganó por 6/4, el segundo
demandó 47 minutos (6/2) y el tercero apenas media hora (6/1).
Dos horas y ocho minutos fueron suficientes para que el suspenso que había
invadido el parque Roca tras la derrota de Nalbandian se disipara y le diera paso al festejo loco
con una alta dosis de catarsis y descarga de nervios contenidos durante horas en el gigante de
Villa Soldati.
Del Potro consiguió que la serie que terminó ayer fuera la antesala de la
historia. La próxima cita, esa con la historia, será ante España y constituye la primera final por
la Ensaladera de Plata (la tercera en total) que Argentina disputará como local. Desde hoy mismo
comenzará la disputa entre Córdoba y Buenos Aires (ver La pelea por...) para quedarse con la sede
de la final, pero ese será el primer capítulo de la final que se jugará dentro de dos meses.
Lo que todavía debe retumbar en la cabeza de los encargados de tomar las
decisiones es lo que pasó en el dobles. No se trata de echarle agua a una verdadera fiesta que
realmente vivió ayer el tenis argentino, sino de limar aquellas puntadas de soldadura que le
quitaron prolijidad estratégica al triunfo del equipo dirigido por Mancini.
Por aquello de que este deporte está conformado por unos cuantos compartimentos
estancos y sólo se consolida con el último punto, es imprescindible que en lo más profundo del
equipo haya un mea culpa de lo que sucedió ante Rusia. Sin eufemismos: una decisión exitista puso
en riesgo una victoria casi segura.
Es casi imposible imaginar hoy, con la euforia brotando por los poros, un
escenario sin Argentina en la final. Pero pudo pasar tranquilamente.
Esa opción mal tomada se llevó puesto, entre otras cosas, el invicto de
Nalbandian en Argentina. En dobles y en singles. David nunca había perdido como local y tras esta
serie se llevó dos derrotas consecutivas. Algo pasó. Algo se hizo mal.
En medio de los festejos, es imprescindible que exista la autocrítica. Una
situación similar frente a España, seguramente se pagará con derrota. Y a la final de la Davis no
se llega todos los días.
Justamente porque este grupo que encabeza Mancini se lo ganó con esfuerzo, con
la unión de todos tirando para el mismo lado (inédito para los particulares humores de los tenistas
argentinos), con la priorización del juego en equipo.
Para que ellos no se queden sin lo que verdaderamente merecen: la tan ansiada Copa Davis. l