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Argentina arrancó para una goleada y terminó en un empate ante Paraguay

El complemento dejó anonadado al mismo público que no entendía qué había pasado en el entretiempo. Del 2 a 0 inicial al 2 a 2 final algo ocurrió. Difícil de creer, no tan difícil de explicar.

Domingo 14 de Junio de 2015

De lujos y combinaciones a la confusión y el desorden. De la incipiente goleada al empate impensado. De una Argentina arrolladora que invitaba a imaginar la cantidad de goles que convertiría al padecimiento del final. Así fue el debut de la selección nacional en la Copa América. Con un primer tiempo que dejó pletóricos a todo el estadio La Portada a un complemento que dejó anonadados al mismo público que no entendía qué había pasado en el entretiempo. Del 2 a 0 inicial al 2 a 2 final algo ocurrió. Difícil de creer, no tan difícil de explicar.

   Paraguay entró con una postura expectante como aquel boxeador que tiene enfrente al mejor noqueador. Se protegía y no sacaba golpes. Y el equipo del Tata atacaba con todos sus recursos y jerarquía individual, a tal punto que el conjunto del Pelado Díaz sólo resistía y nada más.

   Trataban de controlar a Messi, apelando a infracciones sistemáticas. Hacían lo propio con Agüero. Y también Di María. Pero las jugadas nacían desde los pies de Banega y entonces Paraguay no encontraba la manera de amarrarlo. Era tal el aluvión albiceleste y la impotencia paraguaya que una desinteligencia en la salida guaraní le permitió al Kun anticiparse y festejar el primero.

   Como decían los viejos relatores de box: madura el nocaut. Y a los pocos minutos otra infracción (que ayudó Di María buscando engancharse con el rival), pero esta dentro del área, y Messi aseguró el penal para delirio de la mayoría argentina que copó el estadio.

   De ahí en más era esperar la sucesión de goles. Pero el arquero albirrojo dijo no una, dos y tres veces. Varios disparos francos de Messi y uno de Di María se desviaron al córner. Y así el descanso llegó con una Argentina que ya tenía el horizonte de campeón.

   Ramón Díaz, hostigado por los hinchas ante la precaria imagen que dio su selección en esos primeros 45 minutos, movió el banco, y con ellos modificó todo: actitud, juego y resultado. Un pleno. Claro que para que su acierto fuera tan contundente tuvo un aliado: el declive de Argentina.

   Paraguay metió contraataques que no terminaron en gol porque Romero lo evitó. Y eso reflejó que Argentina volvía mal, tan mal que quedaban dos contra cuatro. Sinónimo de desorden táctico. Algo comenzó a resquebrajarse. Banega ya no era el punto de partida y Mascherano quedaba descompensado porque los zagueros centrales iban al área rival a cabecear y su regreso era sin gloria.

   Haedo Valdez metió un zapatazo y la clavó en el ángulo y comenzó el temblor. Pero era de suponer que Messi y compañía iban a apuntalar el triunfo con alguna maniobra impensada. Lo tuvo. Pero siempre un rebote lo sacó del festejo.

   Los desacoples en el medio siguieron dejando al descubierto la vulnerabilidad argentina y llegó lo que nadie, ni el más optimista de los paraguayos imaginó: el empate de Lucas Barrios. La goleada que pudo ser terminó en igualdad.

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