Lunes 21 de Febrero de 2022
Tuvo una noche torcida. Hizo un partido que perdurará en la retina como uno de los más flojos de su carrera. Iván Arboleda tuvo incidencia directa en los dos goles que anotó River en el abarrotado Coloso. El arquero leproso no la pasó nada bien en su casa. Sobre todo en los minutos finales como consecuencia de que recibió un coro silbidos y murmullos cuando tocó la pelota o intentó frenar un avance millonario.
Pensar que a los 66’ fue determinante para dejar las cosas como al inicio del encuentro. Arboleda evitó con sus manos el festejo del campeón ante una fuerte arremetida. Parecía que estaba firme. Seguro, pero no.
Cinco minutos después pifió feo en un cierre y todo se derrumbó. El colombiano intentó despejar una pelota envenenada aunque se la dejó servida en bandeja a Juanfer Quintero, quien definió con la zurda desde afuera del área para abrir la cuenta en el parque ante la impotencia de la masa rojinegra.
Esa acción costó carísima. River demostró que le saca jugo a los yerros ajenos mediante la jerarquía que lo caracteriza por naturaleza. Newell’s sintió el impacto, pese a que durante varios pasajes del aguerrido encuentro se las rebuscó para no poner la mejilla ante el vigente campeón.
Parecía que todo había quedado ahí, es decir, con ese error. A los 75’ fue otra vez protagonista de un gol millonario. El paraguayo Robert Rojas sacó un buen remate que parecía que iba a ser controlado por Arboleda. No fue así. La pelota venció las tibias manos del guardameta y colaboró de manera directa para que River decretara el 2 a 0.
Fue entonces que desde las tribunas no dejaron pasar por alto los desaciertos. La impotencia aumentó como la misma adrenalina y muchos no dudaron en silbar al colombiano o murmurar las restantes veces que debió intervenir en el partido, en una noche que fue oscura para el propio colombiano.