Ovación

Arbitrajes en crisis

Determinados jueces y asistentes cometen graves errores técnicos y de concentración que perjudican al fútbol.

Jueves 08 de Noviembre de 2018

El fútbol argentino transita uno de los peores momentos del arbitraje, porque más allá de esos errores que todo ser humano puede cometer en el ejercicio de una actividad, los jueces hoy le agregan fecha tras fecha fallos que son fallas groseras, que evidencian una preocupante falta de preparación para ejercer tan trascendente rol.


Es que varias de esas decisiones ya no están sujetas a la interpretación por parte del árbitro y sus colaboradores, sino que sus determinaciones transgreden la letra explícita de un reglamento, incluso en los aspectos más elementales.

En la última jornada de la Superliga, uno de los jueces de línea del partido entre Racing y Newell's levantó su banderín para sancionar una posición adelantada de un futbolista rojinegro que recibió la pelota de un saque lateral. Y como si esto fuera poco, el árbitro principal Silvio Trucco convalidó el absurdo.

No conforme con eso, el mismo asistente y Trucco le anularon un gol a Racing por una posición adelantada inexistente de Cristaldo, ya que el jugador recibió la pelota antes de pasar la mitad de la cancha.

Muchas veces los árbitros aluden a problemas de ubicación para justificar sus malas decisiones, pero en los ejemplos precedentes no hay otra explicación que incomprensibles errores técnicos.

La situación de inequidad que están generando los árbitros con sus actuaciones en el fútbol argentino es muy riesgosa, porque ya no se trata de interpretaciones sino de mala preparación, ya que la debida aptitud no sólo implica el pormenorizado conocimiento de las normas sino también el adecuado nivel de concentración cuando dirigen.

Un cambio profundizó el caos

Este contexto sin dudas se agravó con los cambios que introdujeron Chiqui Tapia y compañía con la designación de Federico Beligoy en reemplazo de Horacio Elizondo como director nacional del arbitraje desde el pasado mes de julio, determinación que parece ser la madre de todos los males, no sólo en Superliga sino también en los torneos de ascenso, ya que le atribuyen al todavía presidente de la Asociación Argentina de Arbitros la falta de carácter para resistir las sugerencias de los hombres del poder afista.

Un abogado defensor del arbitraje puede argumentar con certeza que el fútbol es un deporte dinámico, de roce, y que en las últimas décadas fue atravesado por las simulaciones de los futbolistas para intentar sacar una ventaja, por más ínfima que sea. También puede señalarse como verdad que la sucesión de las maniobras engañosas se fueron mimetizando de tal manera con aquellas que realmente eran consecuencias de infracciones que pusieron en crisis la falibilidad de los árbitros, quienes vieron extendido su margen de error hasta límites indeseados.

Pero en el fútbol argentino esos límites hoy superan no sólo lo razonable sino también lo admisible, lo que representa una degradación en la calidad de los arbitrajes.

Las infracciones o manos causales de penales también forman parte del sainete que arman los árbitros a la hora de sancionar o no. Algunos empujones o sujeciones de similares características son penales para unos, y para otros no. Entonces la aplicación de las normas pasa a depender de quién dirija cada partido, por lo que un mismo reglamento adquiere tantas aplicaciones como jueces haya.

Rosario los padece

Sino que lo digan Central y Newell's, a quienes les han sancionado en su contra penales por manos o empujones que el domingo pasado Rapallini y Trucco no le cobraron cuando eran a su favor.

O el propio San Martín de San Juan, al que Julio Barraza perjudicó al sancionar un penal a favor del San Martín tucumano por una mano cuando el balón pegó en el pecho de Milo.

La mano dentro del área configura una prueba de fuego para los árbitros, razón por la cual es común que terminen quemados. Que intencional, que deliberada, que ocupa un mayor espacio al corporal, que interrumpe un remate de gol, que la distancia, que la postura. Un amplio abanico donde abrevan todas las opiniones que derivan en lo que creen, y así potencian la desconfianza en un arbitraje muy cuestionado por mérito propio.

"No son deshonestos, son malos", suele decir un ex árbitro rosarino para sintetizar la cuestión.

Pero esta degradación potencia las suspicacias que el negocio del fútbol genera, y que contaminan todos los rincones. Más cuando hay antecedentes que justifican esa cuota razonable de escepticismo de un público que fue testigo del mayor hecho de corrupción que haya vivido este deporte: el Fifagate.

Estos problemas que atentan contra la ecuanimidad indispensable en la aplicación de las normas, generó que la International Football Association Board (IFAB) haga en los últimos años varias modificaciones reglamentarias, como la de ampliar la cantidad de asistentes arbitrales en un partido o el uso de la tecnología.

En Argentina el uso de la tecnología está aún pendiente con fecha incierta de aplicación, en apariencia sólo por una cuestión de costos.

Beligoy cuando asumió dijo para justificar los yerros arbitrales que "hay periodistas que dicen una cosa y otros, algo distinto. Si la gente piensa que todos los árbitros pueden aunar criterios, estamos mal. Eso es imposible. Está comprobado científicamente. Sí se pueden unificar conceptos y procedimientos. Y en eso vamos a hacer hincapié".

Tiene razón Beligoy, pero no lo hizo. El problema es que no unifican conceptos ni procedimientos, y en ese amplio territorio de la vaguedad, lo injusto se hace habitual. Y así el fútbol está condenado al castigo de los ineptos.

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