Ovación

Araujo, la historia

Nada se descubre diciendo que la Copa Libertadores de América es una de las mayores vidrieras del fútbol. Ni hablar si el tránsito por el prestigioso torneo desemboca en un título. Allí no sólo las cualidades se potencian, sino que la gran mayoría de los nombres adquieren un relieve del que hasta allí tal vez no gozaban. Cuando Liga Deportiva Universitaria...

Jueves 17 de Julio de 2008

Nada se descubre diciendo que la Copa Libertadores de América es una de las mayores vidrieras del fútbol. Ni hablar si el tránsito por el prestigioso torneo desemboca en un título. Allí no sólo las cualidades se potencian, sino que la gran mayoría de los nombres adquieren un relieve del que hasta allí tal vez no gozaban. Cuando Liga Deportiva Universitaria de Quito se perfiló como uno de los candidatos, no muchos sabían de la historia de varios de sus futbolistas, en especial de Norberto Araujo, un rosarino que logró lo más importante en su carrera deportiva lejos del fútbol en el que nunca logró hacerse un lugar. Es más, difícilmente se lo pueda ver de este lado de las fronteras. Los tres años de contrato que le quedan con el club ecuatoriano pretende cumplirlos y el retorno a la Argentina sólo será para "estar tranquilo con mi familia", según le confió el defensor a Ovación.

  Hoy todo es satisfacción para Araujo. Pero esa alegría que supo conseguir no lo hace olvidar de lo que fueron sus inicios en Renato Cesarini, "en la escuela del Indio Solari", recuerda. Cómo tendrá fresco en la memoria aquellos momentos que no olvidó "un torneo en Holanda que fui a jugar cuando tenía 19 años". Pero no fueron las únicas imágenes que sacó del arcón de los recuerdos. Mencionó los meses que estuvo a prueba en Fiorentina y en Pachuca de México y por supuesto el momento en el que comenzó a intentar ganarse un lugar en el fútbol local.

  Aldosivi de Mar del Plata fue donde tiró sus primeros cartuchos. Allí estuvo un año (1998/99), hasta que de Tiro Federal, en ese entonces disputando el torneo Argentino A bajo la conducción de Salvador Ragussa, fueron en busca de sus servicios. Con la casa de los Tigres jugó 13 partidos (el primero fue el 9 de enero de 2000), todos de titular.

  En ese recorrido por los clubes argentinos nunca logró sortear la barrera del ascenso. El Arsenal de Sarandí dirigido por José María Bianco (2000/01) y Racing de Córdoba (2001), de donde se tuvo que ir "por falta de pago" fueron los últimos equipos en los que jugó. Es que a partir de ese momento decidió probar suerte más allá de la frontera. "Acá me sentía rezagado", menciona.

  Y mal no le fue. Su paso por Sports Boys (2002/03) le valió para que el cuerpo técnico de Sporting Cristal le echara el ojo y lo contratara. Allí conoció nada menos que a Edgardo Bauza, a quien convenció con su juego. A tal punto que cuando el Patón desembarcó en Colón intentó convencer a la dirigencia sabalera para traerlo, cosa que no sucedió "porque no nos pusimos de acuerdo en el tema económico".

  "En Perú estaba muy cómodo, pero cuando me llamaron de Liga no lo dudé. Me la jugué a hacerme conocido en esta ciudad y en este país y por suerte se me dio", declaró el defensor.

  En todo este raconto de sensaciones, la única "espina clavada" que le quedó fue "no haber salido de un club como Central o Newell’s, que tienen buenas inferiores y donde sabés que siempre te están mirando de arriba. Lamentablemente me tocó ir por el camino más largo".

  Cuando Liga avanzó a los cuartos de final "aparecieron algunas ofertas de Argentina y la verdad que ahí sí lamenté que no hayan llegado antes". Pese a ello no reniega de su pasado, por más que le hubiera "encantado triunfar y hacerme conocido en mi país". l

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