Copa Davis

Aquella serie de la barbarie

Argentina y Chile se enfrentarán tras 18 años luego de una eliminatoria en Santiago que terminó a los "sillazos", ya que el público tiró de todo

Martes 03 de Abril de 2018

Un enfrentamiento deportivo entre Argentina y Chile, en la disciplina que sea, siempre despierta interés. Tiene ese tono clásico, el que enfrenta a rivales que por nada del mundo quieren perder con el que tienen enfrente. Porque ese no es un adversario cualquiera, es uno con el que hay cierta "pica". Los clásicos tienen o no un tono más folclórico, según de quiénes se trate. A veces es estrictamente deportivo y, en otros, pasa que a veces se cuelan cuestiones extras. Cuando se enfrentan Argentina y Chile la sensación que queda flotando en el aire es que hay algo particular, que excede las meras emociones por el deporte. Y hasta vale decirlo, en más de uno aún perduran en la cabeza cuestiones históricas. Claro que una decisión política de un gobierno no habilita la generalidad, pero existe en la memoria. Es en ese racconto de enfrentamientos de argentinos y chilenos que no puede pasar inadvertido lo que pasó hace 18 años en la Copa Davis, cuando la serie que se disputaba en Santiago de Chile no pudo terminar porque la barbarie copó el tenis. Mucho menos se lo puede soslayar ahora, a pocos días de que vuelvan a enfrentarse ambos equipos. Paradójicamente no se volvieron a ver las caras tras esa eliminatoria. Entre viernes y sábado, Argentina y Chile disputarán la Zona Americana I, por un lugar en el repechaje para volver al Grupo Mundial, en San Juan, una ciudad que está a sólo 7 horas de viaje en auto de La Serena, por ejemplo. O a 8 de Santiago. Lo que habilita que el público pueda equilibrarse, entre locales y visitantes.

Aquella vez, la del 2000, cuando la violencia y el bochorno coparon el Parque O'Higgings de Santiago, Chile y Argentina se medían también por la Zona Americana. El conjunto local formaba con Marcelo Ríos (8º del mundo), Nicolás Massú (90º) y Fernando González (387º), bajo las órdenes del capitán Patricio Cornejo. Argentina hacía lo propio con Mariano Zabaleta (21º), Hernán Gumy (71º), Mariano Hood (61º en dobles) y Sebastián Prieto (79º en dobles), con Franco Davín en la capitanía, aunque el zurdo no pudo estar por un problema familiar y su lugar en el banco lo ocupó Alejandro Gattiker. Pero esa serie, que debía completarse entre el 7 y el 9 de abril, terminó mal. Muy mal. Fue una vergüenza.

¿Qué pasó? Días antes de la serie, por eliminatorias sudamericanas de fútbol, la selección de Marcelo Bielsa vapuleó a Chile en Buenos Aires por 4 a 1. Lo que ocurrió en el tenis días después tuvo bastante que ver con eso. En Chile, el enfrentamiento pasó a ser casi una "cuestión de Estado" y en los medios por aquellos días no dejaron de reflejarse las ideas de "venganza" al respecto y de "poner las cosas en su lugar". Los protagonistas locales no ayudaron con la previa. "A los argentinos les vamos a ganar porque están agrandados", dijo Nicolás Massú. "Argentina no tiene nada para ganar, no vamos a tener problemas", tiró el siempre provocador y polémico Marcelo Ríos, calentando más el ambiente. Por otro lado, sumaron condimentos que gravitaron: un estadio sin terminar, entradas a muy bajo costo para que se colmase de gente (14 mil espectadores), público que nada tenía que ver con el tenis y hasta barrabravas, según también se dijo por ahí. Ante tamaño escenario, lleno de puntos flacos y desidia, llegó la hecatombe.

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En el primer punto, el Chino Ríos venció a Gumy por 6/4, 6/3, 4/6 y 6/1. Y luego, en el segundo, se desató la furia. Zabaleta vencía a Massú por 7/5, 2/6, 7/6 (1), 3/1 y 15/0 cuando desde el público chileno empezaron a arrojar proyectiles contra hinchas argentinos. Instantes después esos mismos proyectiles empezaban a caer en la cancha. Primero una pila y se intentó poner calma a la gente. Los que tomaron la palabra fueron el capitán Cornejo y el propio Ríos, pero no resultó. Ante nuevas agresiones, el umpire brasileño Roberto Almeida sancionó en un par de ocasiones a Massú y la gente se terminó de volver loca. Cayó otro proyectil cerca de Zabaleta, un vidrio o un prendedor metálico (hubo ambas versiones) y cuando el morocho de Tandil quiso recogerlo para llevárselo a las autoridades, el alcanzapelotas le ganó de mano y lo arrojó de nuevo a la tribuna. Zabala, enojado, lo tomó de la ropa y siguió creciendo la efervescencia. La lluvia de proyectiles se convirtió en temporal. Según se detalla en el libro "Historia del tenis en la Argentina", de los periodistas Roberto Andersen y Eduardo Puppo, volaron frutas, botellas, monedas, vidrios, piedras, palos y... sillas. De ahí que la serie quedara bautizada como "la serie de los sillazos". Justamente una de ellas impactó en la cabeza de Carlos Zabaleta, el papá de Mariano, que terminó herido y con una docena de puntos.

En cuanto se desmadró todo, Zabala abandonó el partido y se escabulló al vestuario, con el resto del equipo argentino, custodiado por carabineros. Todavía se recuerda la imagen de Guillermo Coria y Juan Pablo Guzmán, entonces sparrings, saltando de un lado a otro para ponerse a salvo. "Hay un vuelo mañana y lo voy a tomar. Todos estamos de acuerdo en que acá no se puede seguir jugando. Corremos el riesgo de perder la vida, mañana puede entrar uno con un revólver y nos pega un tiro. No puede ser que por perder un partido los tipos se vuelvan tan locos", dijo Zabaleta, en la declaración que marcaría el futuro inmediato del equipo. Se volvía a Buenos Aires. Así y todo, por la noche, la Federación Internacional de Tenis (FIT) les comunicó que debían continuar el partido, con estadio vacío. Pero la decisión del equipo argentino estaba tomada, no se presentó y emprendió la vuelta al país, por lo que la serie se le dio ganada a Chile por 5 a 0.

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¿Qué vino después? Una primera resolución de la FIT habló de una pena en la localía para Chile y una sanción económica para ambos equipos, entre sus puntos salientes. Chile incluso podía seguir jugando la próxima instancia. Argentina intentó apelar, mostrar pruebas, pero todos los que participaron de esa instancia, periodistas y el presidente de la Asociación Argentina de Tenis, Enrique Morea, tuvieron en claro algo: no había intenciones de escuchar. O al menos escuchar y accionar en torno a eso. Argentina hizo su descargo. Chile el suyo y la polémica continuó (se juzgó en Inglaterra).

En un segundo fallo, algunas cosas cambiaron: finalmente a Chile se le impidió tener la chance de ascender y no pudo ser local por dos años. Argentina tuvo que jugar para no descender al Grupo II de la Zona Americana (perdió con Canadá). El episodio terminó siendo de los más bochornosos en la historia de la Copa Davis. Si bien existían antecedentes de comportamientos violentos en la competencia, ya sea por parte del público o de los jugadores, este se posicionó como una de las más grandes vergüenzas. Ni la prensa trasandina quiso ocultarlo: se refirió a ello con total sinceridad y con el correr de los años cada vez con menos justificaciones hacia lo acontecido.

Como si hubiese sido guionado, por alguna razón que parece tener que ver casi exclusivamente con el azar, argentinos y chilenos no volvieron a cruzarse en la competencia. Y lo harán este fin de semana, con este antecedente. "Somos rivales, no enemigos", pregonan en San Juan como lema para la eliminatoria que tendrá lugar en el estadio Aldo Cantoni (otra vez bajo techo, como en Santiago), sobre polvo de ladrillo. Argentina contará con Diego Schwartzman (16º), Guido Pella (61º), Nicolás Kicker (87º), Máximo González (82º en dobles) y Guillermo Durán (69º en dobles). Daniel Orsanic es el capitán. Chile contará con Nicolás Jarry (65º), Christian Garín (235º), Gonzalo Lama (397º), Tomás Barrios Vera (447º) y Hans Podlipnik-Castillo (46º en dobles). Nicolás Massú es, coincidentemente, el capitán del conjunto chileno, el único que repite presencia, junto a Mariano Hood (ayudante de Orsanic), tras aquella serie desaforada. Este contexto parece ser totalmente distinto, pero obliga igualmente a tener la mirada enfocada. Un Argentina-Chile demanda atención en lo que sea. Ni hablar si lo que está en juego es la posibilidad de ambos de tener chances de volver a la élite del tenis.

Sillazos en Chile


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