Ovación

Antes y después de Leo

Cuando Fernández asumió el equipo estaba último en la Superliga. En las seis fechas siguientes el canalla es uno de los que más sumó

Viernes 09 de Febrero de 2018

Viernes 10 de noviembre. Central caía en las semifinales de la Copa Argentina frente a Atlético Tucumán y esa misma noche, tras la renuncia de Paolo Montero, la dirigencia canalla se comunicaba desde la capital formoseña con Leonardo Fernández para que se hiciera cargo del primer equipo. Un nuevo interinato se ponía en marcha. El canalla no sólo acababa de quedarse afuera de una competencia en la que apostó mucho (por no decir todo) en los últimos años, sino que el equipo estaba hundido en la tabla de posiciones. Compartir la última colocación con 4 puntos, junto a Arsenal y Temperley, era algo así como una especie de denigración por la enorme inversión económica realizada en ese último libro de pases, con la llegada de nada menos que seis refuerzos (Fernando Tobio, Alfonso Parot, Marcelo Ortiz, Santiago Romero, Leonardo Gil y Fernando Zampedri). Y de allí en más un giro prácticamente inesperado. No porque la capacidad de Leo Fernández no invitara a la ilusión, sino porque la realidad del equipo se presentaba difícil de cambiar. Lo cierto es que desde ese momento fueron más las alegrías que los reveses y por eso la escalada. Pronunciada por cierto. A tal punto que si se toman esos seis partidos posteriores, el canalla está en el segundo escalón (junto a San Lorenzo e Independiente) entre los equipos que más puntos sumaron en el fútbol argentino. Fueron 13 unidades sobre 18 posibles. Sólo Belgrano (cosechó 14) supera a Central.

No existe margen para segundas lecturas respecto a que, al menos hasta ahora, hay un antes y un después de Leo Fernández. Con Paolo Montero fueron 4 puntos sobre 24 posibles. Con el actual entrenador 13 sobre 18. Una escalada que puso al equipo a tiro de la clasificación a la Copa Sudamericana 2019.

Poner en contexto la frialdad de los números, algo que nunca está de más, implica hablar de una campaña todavía pobre, que poco tiene que ver con aquellas expectativas que se habían generado, sobre todo puertas adentro, con la conformación del plantel. Pero las diferencias entre un proceso y otro son más que notorias.

En medio de todos los inconvenientes que tuvo Central para ganar partidos en ese segundo semestre de Montero al frente del equipo, lo que vino después fue toda una rareza. Es que, suele suceder, los interinatos sirven como punto de inflexión. Y en esta ocasión no sólo se cumplió con ese axioma, sino que las cosas salieron mucho mejor de lo pensado.

Aquel partido con Independiente que fue postergado porque el Rojo debía disputar la final de la Copa Sudamericana fue el único que no se jugó en el semestre pasado. Pero con el resto fue más que suficiente para poner blanco sobre negro entre un cuadro de situación y otro.

Lo de Talleres fue un inicio a todas luces. Quizá no desde el juego, pero sí en lo que tiene que ver con el resultado propiamente dicho. Allá en la Docta llegaba la primera victoria canalla en la Superliga, después de ocho fechas magras.

Y así llegó Boca, un líder indiscutido y sin ningún equipo que pudiera hacerle sombra. Ante ese temible puntero también el equipo obró en consecuencia. Y ni hablar de lo que vino después, tras una semana de descanso por lo de Independiente: el clásico frente a Newell's. Un nuevo triunfo y la suma de puntos que ascendía a 9 unidades y que emparentaba al canalla a una efectividad plena.

Algunas dudas aparecieron en el inicio de este nuevo semestre, con un volumen de juego bulímico, que se mostró en consonancia con la suma de puntos en los dos primeros partidos de este 2018 (uno sobre 6), hasta que llegó Unión, rival con el que la cosecha volvió a tomar rasgos positivos.

Quizá desde el juego los cambios fueron menos abruptos de lo que los números indican, pero parado en ese frío terreno numérico no se puede hacer otra cosa más que marcar la diferencia. Aquella tabla de las primeras 8 jornadas, y esta, un tanto más imaginaria, de 6 fechas, hablan de dos equipos con capacidades claramente diferenciadas. Sin que las formas tallen demasiado en el análisis, la distancia entre el equipo de Montero y este de Leo Fernández es enorme. Aquel, con 8 cotejos en el medio, estaba sumergido en la tabla de posiciones; éste, con 6, está entre los cuatro que más sumaron. Numéricamente, el antes y el después de Leo Fernández.

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