Ovación

Años con movimiento y sin dolor

Tienen entre 70 y 96 años y conforman una población de 250 deportistas del gimnasio de la Universidad Nacional de Rosario.

Miércoles 09 de Octubre de 2019

Arrancan a las 8 y eso los convierte en los más tempraneros del gimnasio, prácticamente no faltan a las clases; nadan en la pileta de 25 metros un promedio de 700 metros en una hora, dos veces por semana o hacen gimnasia en el agua y fuera de ella. Y eso sí: después de la actividad deportiva se toman un café en grupo en el bar de la esquina y, una vez por semana, los varones suelen comer juntos. Son los adultos mayores del gimnasio de la UNR (Moreno al 400), son parte de una población de 5 mil personas de toda edad. Pero estos hombres y mujeres son unos 250 atletas de entre 70 y 96 años que asegurarn que tienen muchos años "pero en movimiento y sin dolor". Como prueba de ello, la mayoría confesó que no toma medicamentos (a excepción de alguno para la presión) a pesar de haber tenido achaques de sobra. A todos se los ve caminar envidiablemente erguidos, tienen buen humor y proyectos. Quien los tilde de "viejos" se equivoca.

Tras una clase, Ovación se reunió con nueve de ellos: un total de 729 años, se comentó y ellos se rieron. Todos son alumnos de Edit Caserio, quien enseña natación desde hace 30 años y en este gimnasio lo hace desde que se habilitó la pileta hace 19 años.

El grupo de los varones estuvo representado para esta nota por Carlos Saltzmann (87 años). "Me gusta verme bien y sentirme bien y acá lo logro", dijo y realmente es así como se lo ve a este ex profesor de filosofía e inglés con aires de "gentleman". Junto a él Osvaldo Camargo (82 años), ex profesor de educación física, inmenso como un rugbier, quien rescató la fiesta de fin de año organizada por todos que contó con una asistencia de 60 compañeros del gimnasio.

Mario Ciliberto (73 años), otro de ellos ex abogado y profesor, no se cansó de valorar la sociabilización que encuentran en la UNR. "Además de la paciencia y buena enseñanza de los docentes", agregó. Amílcar Sorbara (82 años), ex empleado de Gas del Estado, contó que llegó hace años sin saber flotar y logró cruzar el río a nado dos veces. Carlos Porgiri (71 años), ex panadero en la localidad de Alcorta, comentó junto al resto que esta ciudad "tiene buenos espacios para los chicos, pero faltan lugares públicos, con parrilleros, buena sombra y comodidades para que nos juntemos los mayores". Y Raúl Amico (79 años), ex profesor de educación física, es el único que comparte las clases con su mujer, Maria Delia Patumsis (77 años), ex docente, ambos de Acebal.

Se sumaron dos mujeres más. Graciela Jou (82 años), que llegó a la clase arrastrando una valija con rueditas. "Acá traigo la ropa y todo para bañarme. Evito hacer fuerza innecesaria", explicó la ex docente de primaria. Y también estuvo la mayor del gimnasio: Teresa Herrero (96 años), con una flexibilidad que deja con la boca abierta a más de uno. Lejos de lo que se puede suponer, Tere no era deportista en su juventud, sino panadera y modista, una actividad sedentaria si las hay.

Los que llegaron sin saber nadar o sin siquiera haber metido la cabeza adentro del agua alguna vez, sostuvieron que "en las clases se pierde el miedo y nos relajamos". Si eso no fuera ya demasiado, agregaron que con las clases de movilidad articular en el agua y aquagym (que dicta Tatiana Osuna) y las de gimnasia fuera del agua se levantan y agachan mejor y hasta se ven mejor con la malla.

"Los ocho meses que cerró la pileta (por problemas con el gas) sentí que perdí flexibilidad y masa muscular, quería retomar", dijo Saltzmann y el comentario fue compartido por todos.

Caserio, "la profe", explicó cómo trabaja con estos "expertos" del crol, espalda y pecho.

"Acá se tiene en cuenta el interés particular de cada uno. Si quieren aprender estilo, nos enfocamos en eso, pero si sólo quieren hacer movimientos en el agua, algo que mejora mucho las articulaciones, empiezan por allí y luego se va avanzando, si así lo quieren. También se les enseña a permanecer en lo profundo sin asustarse y se les da herramientas para solución de problemas en el agua. Algunos pocos llegan a nadar hasta 1.000 metros promedio, si no hablan mucho, claro", dijo mientras se rió con ellos. "También unos pocos se tiran de cabeza y todos usan las escaleras sin dificultad", agregó.

La docente también contó la importancia de la escucha en este espacio deportivo. "Muchos vienen acá con alguna historia importante que compartir y la idea es que encuentren recepción. Entre ellos se acompañan mucho, en las pérdidas o enfermedades. Son buenos compañeros", dijo Casera.

Practican natación martes y jueves, de 8 a 9 y de 9 a 10. Y gimnasia fuera del agua los miércoles y viernes. Los precios del gimnasio para jubilados son accesibles y también comparten viajes grupales. Todos alientan a "moverse" y animarse a los que creen que en la adultez no se puede aprender a nadar.

"Acá vimos nadar a jóvenes ciegos y hasta sin piernas, ¿cómo no nos vamos a animar nosotros?", preguntó Jou, la de la valija con rueditas, hablando por todos.

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