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"Al principio me costaba mucho entender que ya no era saltador"

Javier Sotomayor luce impecable a los 45 años. Conserva un físico envidiable con su 1,95 metro de altura. Viste un saco y pantalón beige y la cordialidad típica de todo cubano.

Miércoles 21 de Noviembre de 2012

Javier Sotomayor luce impecable a los 45 años. Conserva un físico envidiable con su 1,95 metro de altura. Vestido con un saco y pantalón beige, zapatos al tono y una pulsera llamativa con sus iniciales, tiene la cordialidad característica de todo cubano. Durante la media hora de su breve estadía en Rosario, el mejor saltador en alto de la historia, actual mánager del equipo nacional de su país, compartió con Ovación su extraordinaria trayectoria y sus mayores satisfacciones, entre ellas el récord mundial que mantiene vigente desde hace 19 años. "Cada vez que saltaba, sentía que flotaba. Disfrutaba realmente del salto", rememoró Sotomayor sobre una etapa que ya quedó atrás, pero que recuerda con satisfacción.

Acompañado por el ex velocista argentino Carlos Gats, que lo trajo en su auto desde Buenos Aires, el cubano sorprendió al contar que al principio no le gustaba saltar. "El atletismo me cautivó desde edad temprana. Empecé a los 10 años, inspirado en corredores como Alberto Juantorena, Silvio Leonard y Alejandro Casañas. En ese entonces mi pasión era correr y no el salto. Le tenía miedo a la altura, a golpearme", contó el medallista de oro en los Juegos Olímpicos de Barcelona 1996 y plata en Sydney 2000.

"Por el sistema de enseñanza cubano, debíamos hacer altura por obligación, además de carreras, vallas y lanzamiento, hasta los 14 años. A partir de ahí es cuando te especializás en una disciplina. De a poco los resultados me fueron convenciendo y me incliné por el salto en alto", explicó.

Los comienzos fueron en el municipio de Limonar (Matanzas) donde nació. "Practicaba en mi escuela, en un área especial para el atletismo. En Cuba, o te gusta un deporte y te acercás a practicarlo o lo hacés porque un profesor de gimnasia de la escuela te ve condiciones", comentó el cubano, que a los 12 años era el mejor de su categoría en el país caribeño.

La charla da un salto tan alto como sucedía en su época de atleta, y entonces repasó las conquistas que aún hoy más valora. "Las más importantes fueron las medallas olímpicas, en especial la de Barcelona 92. También los récords mundiales, sobre todo la marca de 2,45 metros (conseguida en 1993 y que sigue vigente), y las medallas de los mundiales".

"Para mí fue muy especial el último Mundial que gané al aire libre, en Atenas 97. Venía de los Juegos Olímpicos de Atlanta 96 donde no anduve bien (fue 11º) debido a una lesión, y con muchas críticas de parte de los aficionados cubanos. Entonces planteé que me retiraba si no ganaba el oro en el Mundial. Por suerte lo hice y pude seguir unos años más", dijo con una sonrisa.

Sotomayor aseguró que casi no extraña su vida de atleta desde que decidió ponerle fin a su carrera en 2001. "Con el tiempo te acostumbrás. Al principio me costaba mucho entender que ya no era saltador. Extrañaba competir y la rutina de levantarme a una hora determinada y cumplir con los entrenamientos", sostuvo.

En la actualidad es el gerente del equipo cubano de atletismo, pero antes que nada un referente a imitar. "Cada uno de los atletas colabora como un líder deportivo, tanto cuando practica una disciplina como también cuando se retira. En nuestro país existe la Comisión de Atención de Atletas, en las que estamos involucrados casi todos los que nos retiramos, las glorias deportivas. Participamos en las competencias de los niños, concurrimos a escuelas, fábricas y a actividades culturales. Eso ayuda a motivar a los jóvenes, a que nos tomen como ejemplo. Nuestra presencia sirve para los que recién se inician y también para aquellos que se dedican a un deporte, para que continúen en la actividad y no bajen los brazos", dijo.

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