Ovación

Al límite de las exigencias ante Atlético Tucumán

Todas las veces que Montero caminó por la cornisa el equipo supo respaldarlo por Copa Argentina, el torneo por el que el DT uruguayo aún se mantiene en el cargo

Jueves 09 de Noviembre de 2017

Una vida a los revolcones. Eso es lo que está transitando Central en los últimos meses, en realidad desde que arrancó un semestre en el que las expectativas volaron alto para la raquítica realidad que entrega el equipo. Por el momento, la millonaria inversión sólo encuentra algunos muros de contención y no se hunden en el fango por la vida que el equipo mantiene en la Copa Argentina, que podría terminar incluso con el título tan añorado en Arroyito.

Pero la realidad va un poco más allá de algunos análisis de ocasión. Porque desconocer la forma en la que el canalla está transitando esta parte del año es parte de una mala lectura. Esa realidad es la que saca a la luz ese mundo de sensaciones, claramente encontradas por cierto, que bailotea entre la opacidad de la Superliga y la esperanza de la Copa. En el medio, un recorrido de letargos y aceleraciones propios de una montaña rusa.
Esto es Central hoy: un equipo martirizado cuando la pendiente es pronunciada y aliviado cuando la cosa se calma y aparecen algunas que otras sensaciones placenteras, en la que se permite ciertos goces. Y ese tránsito rápido entre un extremo y otro es lo que hasta aquí impidió la toma de decisión de algunas de las partes involucradas: de Montero de dar un paso al costado y de parte de la dirigencia de cortar por lo sano con un proyecto que sólo se sustenta por esa concreta chance de lograr el pasaporte a la próxima Libertadores primero y lograr un título después. Dentro de ese confuso panorama, la acción y reacción de un plantel que jamás entregó señales confiables, pero que al menos en situaciones límites obtuvo lo que en el fútbol de hoy suele presentarse como algo más que un paliativo: un triunfo.

La derrota del pasado domingo en el Gigante contra Atlético Tucumán se trató de una lesión más. No fue ni más pronunciada ni más suave que las anteriores. Porque dejó al equipo en medio de un escenario al que se lo podrá mantener con el telón abierto o al que le moverán las piolas para cubrirlo definitivamente. Será un nuevo capítulo a todo o nada, un "partido seco", como a Montero le gusta llamar a estas instancias de eliminación directa. Ahora, si hay alguien que confía en el Central de instancias decisivas es el propio entrenador, justamente el actor que más arriesga y que, por obvias razones, más tiene para perder. Más allá de eso, la confianza tiene algunos puntos de apoyo. Porque no será la primera vez que el puesto del técnico quede a expensas de un resultado. Ya pasó en un par de ocasiones antes y los resultados están a la vista: hubo reacción de parte del grupo y por eso el uruguayo hoy sigue trabajando en el club.
Acción y reacción

Por la cuarta fecha de la Superliga, y con un invicto que se sostenía sólo por tres empates de baja resolución, Central se vio las caras con Banfield. Era la antesala del choque por Copa Argentina nada menos que frente a Boca. A excepción de Marco Ruben (lesión en la parrilla intercostal), Paolo Montero puso en cancha lo mejor que tenía, pero con esa artillería pesada el equipo comenzó a entregar una versión futbolística endeble.
Aparecieron los primeros y grandes síntomas de debilidad. La contundente derrota por cuatro goles (0-4) hizo que ya en la conferencia de prensa del entrenador uruguayo apareciera la primera señal de debilitamiento. "Estoy ante una situación límite", descerrajó Paolo, quien expuso sus sensaciones y dejó en claro que gran parte de su futuro dependía de lo que arrojaran los 90 minutos frente al poderoso equipo del Mellizo Barros Schelotto que, por ese entonces, traía un ritmo arrollador en el torneo local. Y allá fue Central, a Mendoza, con una fe enorme pero con la indisimulable sensación de que el cartel que tenía colgado decía "punto" y no "banca".

Lejos de hallar el volumen de juego que supo demostrar en el semestre anterior, el canalla se aferró a un libreto mucho más básico, pero no menos pragmático. Jugó más a no jugar, a trabarle el trámite a Boca y a partir de ahí buscar su negocio. El resultado fue lo que en Arroyito soñaban: un batacazo. Más que nunca, y sin que ello haya resultado un atajo hacia la recuperación, el resultado estaba por encima de todo. Fue ese 1-0 (gol de Mauricio Martínez) lo que sostuvo a Montero en su cargo y evitó que la dirigencia tuviera que salir en busca de algún nombre después de algunas averiguaciones y sondeos lógicos que ya habían sido realizados. "Ojalá este partido haya servido para hacer el clic", declaró Paolo un par de días después, mientras el equipo trabajaba aún en tierras mendocinas, con mucha más calma, a la espera del encuentro ante San Martín de San Juan, en el que se esperaba dar el salto de calidad. Nada más lejos de la realidad. El equipo a sus estándares normales y volvió a perder.

Acción y reacción II
Parate por las eliminatorias de por medio, Central tuvo una nueva chance de enderezar el rumbo en la Superliga. El modesto Argentinos Juniors parecía el rival ideal para empezar a archivar esos vaivenes que el equipo venía mostrando. Otra especulación que cayó en saco roto. Otra vez los mejores nombres disponibles a la cancha. Otra vez un cachetazo de proporciones. Otra vez el sobrevuelo de una sensación de final de ciclo. Pero Montero nuevamente se sentó frente a los micrófonos y antes de entablar cualquier tipo de diálogo con los dirigentes, algunos de los cuales sentían que era el momento indicado de meter un golpe de timón, puso por delante el foco en el próximo partido de Copa Argentina que el análisis del urticante 1-3 contra el Bicho. "Para el cuerpo técnico la Copa es determinante", reflexionó.
La reacción tuvo ribetes heroicos por las formas. Después, cada uno fue libre de pensar si se trató de una tremenda arremetida de Central o si eso se dio por la liviandad de un Godoy Cruz que en un puñado de minutos pareció ser el verdugo del canalla. Lo cierto es que la roja a Tobio a los 10 segundos, el gol tempranero del Tomba, el penal errado por Ruben, la segunda conquista del conjunto mendocino y el viaje a los vestuarios en medio de un panorama que se presumía "irremontable" parecieron el principio del fin. En esos 15 minutos de descanso se especulaba más de las decisiones que fuera a tomar el interino Leonardo Fernández que los detalles finos de la despedida de Montero. Pero nuevamente Central puso blanco sobre negro y se aferró a ese feeling que, sin dudas, tiene con esta compinche pero esquiva Copa Argentina. La apatía, la fragilidad y esa imagen de equipo de mandíbula frágil del torneo trocaba, una vez más, por rebeldía. El final es de público conocimiento y se trató de un bonus track que obtuvo Paolo.
Acción y?
"Qué querés que te diga. El del viernes es una final para nosotros". Así se expresó Montero tras una nueva derrota en la Superliga, con la que la racha sin victorias se extendió a 13 partidos. Todo un número. Demasiado claro el panorama como para ahondar en detalles ni en preguntas sobre qué significado podía tener el choque frente a Atlético Tucumán de cara a su futuro. Paolo siempre fue lo suficientemente claro y frontal como para andar coqueteando con las dobles lecturas. En ese momento sabía, otra vez, que su continuidad quedaba a expensas de la suerte que corra el equipo por la Copa. Tan claro tuvo siempre eso Montero que en ese primer cruce con el Decano se la jugó con un equipo alternativo intentando no correr ni el más mínimo riesgo de cara al viaje a Formosa. Puede haber una casi segura clasificación a la Copa Libertadores 2018 (para ello también River debiera superar a Deportivo Morón), puede haber final de Copa Argentina con todo lo que ello significa. Puede haber también un antes y un después en este semestre irregular, de vaivenes pronunciados cual mejor y electrizante montaña rusa. Todo dependerá de qué tipo de reacción tenga este Central para este nuevo desafío.

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