Martes 16 de Noviembre de 2010
Cuenta que no le gusta que sus rivales se demoren pensando demasiado, entonces se levanta, deja el tablero y camina hasta que le toca el turno de mover. En esos momentos Benjamín Falcón es inquieto, tanto como la facilidad que tiene para jugar al ajedrez. Con apenas 8 años fue el único rosarino que jugó el Mundial de Porto Carras, en la región griega de Halkidiki, no sin múltiples contratiempos que sólo la obstinación de sus padres permitió superar.
Junto al tablero que le regaló papá Alejandro, responsable de enseñarle los conceptos básicos del juego ciencia, Benjamín dice que en el Mundial terminó en el 79º lugar en la categoría Sub 8, después de 11 partidas en las que ganó 5 y perdió las restantes.
La foto con el Partenón de fondo es uno de los grandes recuerdos que vivió en Grecia este joven, cuyos inicios como federado fueron hace un año en el Centro Progresista y que continúa actualmente en la Familia Piamontesa, con los entrenadores Fernando Martínez Dorr y Cristian Sanhueza.
En ese corto lapso ocupó la tercera posición en el campeonato rosarino del año pasado, el primer puesto en la etapa de semifinales del Argentino 2010 y el título en la final de ese campeonato, jugada en Villa Carlos Paz.
La computadora y los entrenamientos una vez por semana resultan suficientes para Benjamín, alumno del Normal Nº 3 y que también practica judo en Caova.
Tan cómodo se siente jugando como díficiles fueron los inconvenientes para ir al Mundial.
La Federación Argentina de Ajedrez no envió el mail a los organizadores del Mundial para confirmar la participación de Benjamín. Entonces, tanto su papá como mamá Fabiana hicieron todo lo que tenían a su alcance para que lo anotaran, pese a que ya había cerrado la fecha de inscripción.
El Ministerio de Exteriores y de la Secretaría de Cultura de la Nación lograron lo que a esa altura parecía imposible. Y la Municipalidad de Rosario aportó el dinero (20 mil pesos) para todos los gastos. Mientras que la Federación de Ajedrez, que debía abonar la inscripción al campeonato y la estadía en el hotel del Mundial, miró para otro lado, sembrando dudas sobre aquel olvido mencionado.
Casi sin tiempo, Benjamín y su mamá viajaron a Grecia. Allí durmieron en un departamento que les alquiló una argentina, y no en el hotel del Mundial como los demás jugadores, y el chico llegó 15 minutos antes de su primera partida contra un ruso al que le ganó.
Las ganas de Benjamín y su familia hicieron realidad su participación en el Mundial.