Ovación

Ahora, arriba los de abajo

La defensa, cuestionada hasta hace poco, se presenta como la línea más establecida en los dos partidos jugados con Montero como DT.

Miércoles 22 de Marzo de 2017

Dos fechas parece poco para entender si la mano del entrenador sirvió para darle un vuelco radical al equipo desde lo futbolístico, si se rompió con todo aquello que se venía haciendo o si se mantuvieron más cosas de las que se dejaron de lado. Igual, hay no sólo un trabajo de más de dos meses de pretemporada que sirven como sostén, pero también 180 minutos en los que algunas cosas bien pudieron haber quedado ya expuestas, atendiendo a supuestas mejoras o retrocesos en lo que al juego se refiere. Paolo Montero y sus colaboradores ya cuentan con esos dos antecedentes para ver en qué dirección está yendo su trabajo. Los jugadores pueden hacer su análisis (estaría mal que no lo hicieran), al igual que los dirigentes y hasta los propios hinchas. De allí la intención de ver qué sucedió con el equipo bajo la tutela del uruguayo en su corto período como DT canalla, pero esencialmente en lo referido al comportamiento de cada una de las líneas del equipo, porque parece haber una que, al menos hasta hoy, podría sacar algunos cuerpos de ventaja.

En defensa propia. Hay que mirar de dónde se venía para darse cuenta de dónde se está. En tal sentido puede sonar contradictorio y hasta raro pensar en un Central en el que hasta hace pocos días apuntaban a la defensa, más específicamente a la zaga central, como la madre de todos los problemas. Que lo digan sino algunos de los jugadores, a los que les tocó vivir en carne propia el desencanto de muchos. Paradójicamente, la defensa hoy se presenta, en relación al mediocampo y la delantera, como la de mejor progresión desde que Montero tomó el equipo. Seguramente debe haber habido un trabajo especial para corregir viejos males. Pero lo que esencialmente hubo fue un cambio de nombres. Nadie puede asegurar que ese sea el eje de la mejora, pero es un dato tan real como objetivo. Con Víctor Salazar y Cristián Villagra como laderos que siempre están, José Leguizamón y Javier Pinola son los nuevos actores de la película. En el paraguayo hubo una confianza ciega por parte del técnico y por eso se lo fue a buscar, mientras que lo del ex Nüremberg fue algo así como un bálsamo para el cuerpo técnico. Rendimientos más altos o más bajos en un partido u otro, Central parece haber ganado en confianza. Es que para Leguizamón no hay mejor compañero para ir adquiriendo confianza que el aporte que le puede dar Pinola, quien fue justamente el jugador destacado en la derrota contra Godoy Cruz. Desde afuera, la sensación es que los errores van a seguir existiendo, pero que algo cambió, para bien, en cuanto a la seguridad y a la confianza que esa supuestamente mayor solvencia vaya entregando.

En medio de la liviandad. A Central le faltó juego en los dos partidos disputados. Con esa frase como disparador son muchísimas las conjeturas que pueden tejerse. Y la cosa quizá no pasa por una cuestión de intérpretes, algo que sin dudas tiene injerencia, sino que las razones deben ser analizadas desde lo que es el comportamiento futbolístico como conjunto. Suena tedioso repetirlo, pero ya sin Montoya ni Lo Celso el equipo se ve obligado a hacer otra cosa, a buscar caminos alternativos para que la generación de fútbol no quede reducida al arresto individual de alguno de los protagonistas, que también puede resultar valedero. Con el esquema 4-4-2, el desequilibrio se torna una materia más compleja si no existe un acompañamiento adecuado de la presión, más allá de que el intento de asfixia permanente no siempre desemboque en la claridad buscada. Se puede ejercer esa presión y recuperar la pelota rápidamente, pero el tema es ver qué se está capacitado para hacer con el balón en los pies. Hasta aquí no hubo avasallamiento por parte de Central hacia sus rivales por las bandas y por el callejón del centro al equipo también le costó, con un Martínez que está siendo expuesto en una función que seguramente no es la que más siente. En lo que a contención se refiere se cumplen con los principales requisitos. Es la mirada hacia adelante la que luce nublada.

Ofensiva inofensiva. Lo primero que hay que destacar en este punto es que si el equipo no hace goles no es exclusiva responsabilidad de los delanteros, aunque generalmente son los principales apuntados. Lo que ocurre con este Central es que no genera demasiado. Y a partir de ahí es donde empieza a pagar las consecuencias. Hace falta un grado de efectividad altísimo para convertir y ganar cuando las chances de gol escasean. Y que el equipo no genere en la medida de lo esperado no es otra cosa que las secuelas de una escasa generación. Meses atrás posiblemente Marco Ruben se encontraba en otro momento desde lo individual, generándose muchas veces sus propias situaciones, haciendo de una pelota de 10 centavos una jugada millonaria. Hoy eso no ocurre y el equipo tampoco colabora. Cuando Teo Gutiérrez llegó a Central no faltaron las voces que auguraron que el canalla iba a tener una de las mejores delanteras del fútbol argentino. Es lo que todavía se sostiene. Pero el capitán bajó su efectividad y el colombiano apenas marcó un tanto (el año pasado, contra Boca). Ni siquiera vale la pena detenerse en lo que fue la salida de Teo tras la discusión con Ruben, ya que Herrera tampoco pudo aportar desequilibrio. En este marco, Central está un paso por detrás de aquel equipo voraz que supo ser. No generar tanto lo limita y si esto se mantiene la efectividad deberá crecer. En caso contrario, la ofensiva seguirá siendo inofensiva.

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