Ovación

Abanderados de la pasión y la alegría en un Gigante de Arroyito que explotó de alegría

Los auriazules desbordaron el Gigante en una misa reservada sólo para los que comulgan la fe canalla. Vivieron el derby a corazón abierto y terminaron desatando un auténtico carnaval azul y amarillo.

Lunes 20 de Octubre de 2014

El Día de la Madre es como que pasó por un par de horas a segundo plano en estos pagos. El clásico se robó toda la atención. En las tribunas del Gigante los guerreros pasionales libraron su propia batalla: la folclórica. El estadio volvió a desbordar en una misa reservada sólo para los que comulgan la religión canalla. Y la fiesta terminó tiñendo cada rincón de auriazul en la ciudad más frenética del país en torno al mundo de la redonda.
  Ellos, los que darían todo por jugarlo, defendieron la bandera de su patria futbolera con altura. Los gladiadores de cada bando escribieron una nueva página de los derbys en Arroyito. Claro que los anfitriones lo hicieron con la tinta del sudor. Y quedó demostrado porque fueron a cada pelota con alma y vida. Los hinchas notaron desde temprano que ninguno de sus jugadores estaba dispuesto a claudicar ante el eterno rival. Por eso las alabanzas eran incesantes.
  El estadio mundialista fue recibiendo a sus parroquianos desde cerca del mediodía. En fila india y con un celoso cacheo policial, las miles de almas canallas comenzaron a poblar el cemento, plateas y palcos privados con la ilusión a flor de piel. La previa, el durante y después del encuentro se vivió desde la línea de cal hacia afuera con mucha adrenalina y marcada expectativa. Todos querían ganar el partido más importante del torneo local de este semestre.
  Las decenas de trapos colgaban como ramas en primavera en cada uno de los cuatro puntos cardinales del estadio. Algunos tenían leyendas y otros simplemente decían todo en dos colores: azul y amarillo. Una lluvia de papelitos le dio la recepción al equipo anfitrión, acompañado por un estruendoso momento. Alta fiesta se vivía a la vera del Paraná.
  En medio del partido hubo instantes en los que los nervios jugaron su propio partido en las almas canallas. El común denominador de todos era ganar. Por un lado, los dueños de casa querían romper la racha de tres partidos poniendo la mejilla de manera seguida. Como también seguir con la racha triunfal ante el eterno rival. Y del otro, el de Ñuls, además de que también venía torcido cargaba con una pesada mochila de que había perdido los dos últimos clásicos en serie. Quería salir de pobre. No pudo. Hizo poco y nada en realidad.
  El gol de cabeza del Enano Niell alimentó el sueño local temprano. Y el bombazo de Nery Domínguez terminó haciendo añicos el deseo ajeno en el primer tiempo. Todo era felicidad en Arroyito. La gente acompañaba sus movimientos con cánticos constantes. Incluso un coro de “ole, ole, ole” en varios pasajes del complemento terminaba de decorar el marco impotente. El pitazo del árbitro Patricio Loustau sentenció la realidad deportiva. Y desató un gran carnaval con eje en Arroyito, pero que se propagó por la ciudad y la región con una fuerza arrolladora y duradera reservada una vez más para canallas.

Un instante para la oración en plena cancha

Segundos antes de que comenzara a escribirse una nueva historia en los clásicos, Horacio Orzán se tomó su tiempo para abrir las manos y rezar en silencio en el templo de Arroyito. El mediocampista leproso cerró los ojos, se olvidó del infierno que se vivía en las tribunas, e hizo una plegaria desde el corazón ante el asombro de varios hinchas canallas. Luego se metió en el encuentro, aunque su rendimiento distó de lo que merecía la ocasión. En realidad, estuvo a la floja altura de sus compañeros, pese a que en ciertos pasajes del derby demostró un poco más de actitud.

Nery Domínguez y Musto, dos leones en el medio

Finalmente la determinación de Miguel Angel Russo de incluir el tádem Nery Domínguez-Damián Musto en la mitad de la cancha para tapar a los volantes adversarios, como Orzán y Bernardi, dio sus frutos. Los dos fueron leones en cada pelota dividida y coparon la zona media. Ahí comenzó la victoria canalla.

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