Ovación

¿A qué juegan Central y Newell's?

Mucho se polemiza sobre el clásico por la Copa Argentina, pero el mayor problema futbolístico que tiene Rosario son los paupérrimos funcionamientos de los dos equipos.

Jueves 11 de Octubre de 2018

Cuando tanto se discute cuándo y dónde se concretará el clásico rosarino por la Copa Argentina, el ingenio popular se pregunta el ¿para qué? Y es allí donde en los diferentes ámbitos de la ciudad interactúan los hinchas pensando hipótesis a manera de chiste. Como ese canalla que le grita a su amigo leproso desde un camión de reparto: "Que hagan un sorteo por la clasificación y listo". Y el otro le responde: "O que vayan a los penales directamente". Dejando en claro que por el presente futbolístico de ambos, se convertiría en un verdadero suplicio transitar los noventa minutos.

El problema de fondo no es ese clásico pendiente, sino el paupérrimo rendimiento que muestran los equipos. Un aspecto que se profundizó mucho más con el devenir de los días tras la octava fecha de la Superliga. Razón por la cual en la calle, además de hablar de los precios, las tarifas y el dólar, uno de los temas más recurrentes es lo mal que juegan Central y Newell's. Utilizando el término "juegan" casi como metáfora, porque si hay algo que no hacen es justamente eso.

¿A qué juega Newell's? ¿A qué juega Central? El orden de las preguntas no altera el producto. Porque ambos equipos por sus rendimientos arrojan un resultado emparentado con la incertidumbre y el disgusto. Sensaciones que comienzan fusionarse en el hartazgo.

Porque no sólo se trata de los escasos puntos que ambos obtuvieron, que sumados apenas alcanzan las 15 unidades que ya tienen Aldosivi, Atlético de Tucumán o Unión. Sino también de la complejidad que presenta intentar descifrar cuál es la búsqueda de los funcionamientos pretendidos por sus respectivos entrenadores. Los que a esta altura es más que evidente que no los encuentran.

De lo que no se puede dudar es de la convicción que exhiben los técnicos. Porque hay una marcada perseverancia. Aunque cada vez más próximo a la obstinación, porque los nombres rotan pero nada cambia. O sí. Es peor.

Sería una irreverencia periodística para con Omar De Felippe o Edgardo Bauza cuestionar su profesionalismo como así su pensamiento futbolístico, más allá de las preferencias que pueda tener cada comentarista. Porque el análisis siempre debe enfocarse en el funcionamiento del equipo según la idea que tenga el propio director técnico. Y es justamente en ese terreno donde la realidad no se corresponde con el intento o la teoría.

No hacen pie

Cuando oportunamente se puso en valor la búsqueda del orden en ambos casos durante los inicios de cada ciclo (siempre según el pensamiento pregonado por los experimentados técnicos), se suponía que desde ese cimiento se edificaría el resto de un equipo equilibrado y efectivo.

Pero no. Don Omar en este torneo repite la falta de certidumbre que tuvo el andamiaje de su conjunto desde la Superliga anterior y el Patón tampoco lo logra luego de un inicio más contundente que eficiente.

Cuando se producen estas situaciones donde los malos funcionamientos concluyen en resultados adversos, es natural que se haga foco en los rendimientos individuales de los futbolistas, pero cuando son tantos los jugadores improductivos, es lógico que se abran interrogantes en los sistemas utilizados.

Por eso se lo consulta a Bauza sobre la conveniencia del 4-4-2 cuando los laterales y los volantes externos no se proyectan con determinación para abastecer de juego a los dos centrodelanteros que dispone.

Y también se le pregunta el porqué no se incorporó un volante central dinámico y de marca para que Néstor Ortigoza pueda gravitar más en el armado del juego. Inquietud que creció luego de ver a Diego Arismendi, quien supuestamente fue contratado para tal fin pero que evidencia una alarmante lentitud.

Por lo mismo se le pregunta sistemáticamente a De Felippe sobre la rentabilidad del doble cinco, y no disponer en cambio de otro plan que pueda suplir la carencia de delanteros, lo que condiciona el armado ofensivo.

La falta de profundidad es la razón por la que se busca una explicación a la presencia del joven Lisandro Cabrera y no de Alfio Oviedo, a quien hipotéticamente se lo incorporó como alternativa de Leal.

Tanto De Felippe como Bauza han ratificado sus convicciones sobre los esquemas tácticos en las sucesivas respuestas que brindaron en las conferencias de prensa. Claro que esas expresiones no colmaron las expectativas de aquellos que preguntaron como las de quienes escucharon. No obstante sabido es que en el fútbol las explicaciones de un mal funcionamiento son ignoradas cuando se gana pero acentúan el enojo cuando se pierde. Por lo que la mejor respuesta a todo es en los hechos, en la cancha.

Tiempo de soluciones

Don Omar luego de perder con Colón dijo que el problema no es el esquema sino que el equipo no lee correctamente los momentos del partido. Por ende la solución puede ser mucho más compleja aún.

El Patón reconoció tras sufrir la goleada frente a Unión que jugaron mal. Y si bien defendió el esquema, y destacó a Ortigoza, admitió su bronca. En sintonía algunos jugadores fueron autocríticos por la falta de reacción. La incógnita a develar ahora es si esa reunión entre el DT y referentes permitirá resolver todo.

Más allá de esquemas y jugadores, otros equipos con menores recursos económicos y futbolísticos compiten con mejores dividendos que Central y Newell's, y esto por contraste deja más en evidencia que la productividad es ostensiblemente menor a la prevista.

Y si bien es verdad que las políticas deportivas de ambas instituciones fueron desacertadas, como ya fue debidamente escrito, hoy la responsabilidad de pasar el temblor es de los cuerpos técnicos y jugadores.

Algo deben hacer para que Rosario deje de preguntarse a qué juegan Central y Newell's. Porque la respuesta hasta ahora es: a nada.

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